16/5/17

Gramsci y la revolución rusa

Antonio Gramsci
✆ Jesús Barraza 
Luis Thielemann

Hace 80 años, un 27 de abril en Roma, murió Antonio Gramsci. Seis días antes había adquirido la libertad, o lo que significaba eso en la Italia de Mussolini. Gramsci moría lejos de la política. Sus escritos de la prisión denotan la densidad de la reflexión sopesada y calma, de la derrota, y si se han hecho clásicos precisamente por la obligada carencia de contingencia a la que se vio sometido por el régimen de prisión política que duró casi once años. Esa herencia, polémica y voluble a la ambigüedad y contradicción por su propia genética, se inscribió tanto en una tradición de la teoría política propiamente peninsular (con Maquiavelo como fundador) como en la tradición de la política marxista (con Lenin al centro).

Esta producción del comunista sardo, la de los Cuadernos de la Cárcel, opaca al Gramsci más contingente, el que no tenía calma para pensar sino el apuro del líder de acción de un partido comunista y bolchevique. El Gramsci que va desde sus columnas Sotto la Mole del Avanti! en Torino hasta Las tesis de Lyon de 1925-26, su último texto antes de ser encarcelado, es uno prisionero de la contingencia. Como él mismo pregonaba, era un intelectual orgánico de la clase obrera, cuyo trabajo no era representar el malestar de los trabajadores ante otros representantes de otras clases, sino organizar ese malestar, hacer puente entre su rabia y la esperanza y organizar un camino posible para vencer y terminar con el capitalismo que consumía humanos vivos. Si bien no es posible pensar en dos Gramsci, si es posible observar en su obra que lo que antes de 1923 está dominado por el entusiasmo y la reflexión sobre cómo se produce la victoria, desde 1926 se ve determinado por cómo evitar derrotas, como tomar sopesados y largos caminos de lucha, que requieren una elevada conciencia histórica sobre el proceso que se protagoniza.

Una mirada sobre otra: el Gramsci que conoció Mariátegui

Fernanda Beigel

Nuestra ponencia recorre el itinerario de José Carlos Mariátegui (1894-1930) en Italia, entre 1919 y 1922, y pretende dilucidar el impacto que la experiencia ordinovista tuvo en la formación del marxista peruano. Es el resultado de una residencia de investigación doctoral realizada en Italia, principalmente en el Centro Studi Piero Gobetti y los Istituto Gramsci de Roma y Turín. Exponemos los resultados del seguimiento pormenorizado que hicimos del recorrido y  las lecturas del Amauta durante su estadía italiana y analizamos los vínculos de esta experiencia con la praxis editorialista que ejecutó a su regreso al Perú. Pretendemos explicar cómo se produjo el acercamiento de Mariátegui al marxismo italiano y, en particular, al ordinovismo. A pesar de los valiosos esfuerzos historiográficos realizados, que permitieron precisar el alcance real del fugaz encuentro entre ambos los pensadores en Turín, hacia 1921, no se puede, a estas alturas hablar de relaciones entre Mariátegui y Gramsci sin dejar sentado un presupuesto: José Carlos Mariátegui nunca conoció el intelectual italiano que el mundo leyó después de la publicación de los Cuadernos de la Cárcel. Toda coincidencia teórica entre ambos “agonistas” es producto de una época compartida, un universo discursivo común, pero fundamentalmente de la praxis social que cada uno desenvolvió en su país. Como veremos enseguida, el Gramsci que conoció Mariátegui fue el director de la primera y segunda serie de L’Ordine Nuovo. No se puede hablar en términos de influencia de un corpus teórico a otro. Se trata, entonces, de una mirada sobre otra mirada: nosotros sobre Mariátegui, Mariátegui sobre Gramsci.