19/5/17

Gramsci and the Russian Revolution

Antonio Gramsci
✆ Eulogia Merle
Alvaro Bianchi & Daniela Mussi

Eighty years ago, on April 27, 1937, Antonio Gramsci died after spending his last decade in fascist prison. Recognized later for the theoretical work in his prison notebooks, Gramsci’s political contributions started during the Great War when he was a young linguistic student at the University of Turin. Even then, his articles in the socialist press challenged not only the war, but Italian liberal, nationalist, and Catholic culture.

Português
At the beginning of 1917 Gramsci was working as a journalist in a local Turin socialist newspaper, Il Grido del Popolo (The Cry of the People) and collaborating with the Piedmont edition of Avanti!, (Forward!). In the first months after Russia’s February Revolution, news about it was still scarce in Italy. They were largely limited to the reproduction of articles from news agencies of London and Paris. In Avanti! some Russia coverage used to come out in the articles signed by “Junior” a pseudonym of Vasilij Vasilevich Suchomlin, a Socialist  Revolutionary  Russian exile.

Italiano
To supply the Italian Socialists with reliable information, the leadership of the Italian Socialist Party (PSI) sent a telegram to Deputy Oddino Morgari, who was in Hague, asking him to go to Petrograd and get in touch with the revolutionaries. The trip failed and Morgari returned to Italy in July. 

18/5/17

La “inactualidad” de Gramsci

Antonio Gramsci ✆ Piero Ciuffo
“¿Cómo describir físicamente a Gramsci?  Imaginemos el cuerpo débil de un pigmeo, y  sobre este cuerpo, la cabeza de Dantón” - Sandro Pertini, 1986

Nicolás González Varela

La Utopía consiste precisamente en no poder ver la Historia como movimiento libre”, escribe un preso de Mussolini en un vulgar cuaderno escolar a rayas. En cada página hay una numeración correlativa hecha con pluma en tinta verde, lleva un sello burocrático y ominoso: “Casa-Penale-Speciale-di-Turi” (Casa Penal Especial de Turi), un lugar de reclusión en Bari del Stato Totale. El detenido es el preso Nº 7047, un tal Antonio Gramsci, arrestado desde 1926 cuando ejercía como diputado y al mismo tiempo como Secretario General del Partido Comunista. Un Tribunal político especial le condena en 1928 a 20 años, cuatro meses y cinco días de reclusión. La carrera revolucionaria, decía Horkheimer, no conduce a los banquetes y títulos honoríficos,  a investigaciones interesantes y sueldos de profesor, sino a la miseria, a la calumnia, que sólo una fe casi sobrehumana puede iluminar. Sin esperanza, y para la Eternidad (für ewig escribe en una carta, tomado la expresión de Goethe) comienza a reunir una gran Teoría a partir de segmentos (de “fragmentación formal” podrían definirse filológicamente sus Quaderni), reflexiones y una potente autocrítica del movimiento comunista internacional y de su propia praxis. Los Quaderni se escribieron en este curioso circuito panóptico mussolinianne: un derrotero de la celda al almacén de libros y del almacén de libros a la celda. En ellos queda claro que la autocrítica, en términos gramscianos, no es otra cosa que la constatación de una Verdad concreta. ¿La Filosofía como consolación de la derrota de la izquierda en toda Europa? ¿Una consolatione philosophiae en clave comunista? En parte sí, en parte no: Gramsci apunta con urgencia y ansiedad las claves para re-leer a Marx, para volver a reconstruir su teoría separada de todo Idealismo y volver a empezar en la práctica con nuevas herramientas críticas. El método gramsciano es, visto en líneas generales, bien simple: tornar a Marx, pero un texto de Marx lo más fiel posible y críticamente controlado, para recomenzar desde allí su hilo filosófico-político perdido. Como un intento de refundación teórica, la idea que el Marxismo debe ser una anticipazione teorica, que no “retorna” a Marx, sino que “vuelve” por primera vez al original, y Gramsci es consciente de ello: siempre habla de la búsqueda vital de un “Marx auténtico”. Lo más importante era que Gramsci descubría el estrecho nexo, mediato, entre la carencia teórica y la miseria práctica de la izquierda. Como señalaba en un escrito de juventud “el primer paso para emanciparse de la Esclavitud política y social es la liberación de la mente”. Es la más revolucionaria de las virtudes, la bondad del pesimista. Como decía Silone, toda derrota es siempre menos desalentadora que la más alentadora de las mentiras

16/5/17

Gramsci y la revolución rusa

Antonio Gramsci
✆ Jesús Barraza 
Luis Thielemann

Hace 80 años, un 27 de abril en Roma, murió Antonio Gramsci. Seis días antes había adquirido la libertad, o lo que significaba eso en la Italia de Mussolini. Gramsci moría lejos de la política. Sus escritos de la prisión denotan la densidad de la reflexión sopesada y calma, de la derrota, y si se han hecho clásicos precisamente por la obligada carencia de contingencia a la que se vio sometido por el régimen de prisión política que duró casi once años. Esa herencia, polémica y voluble a la ambigüedad y contradicción por su propia genética, se inscribió tanto en una tradición de la teoría política propiamente peninsular (con Maquiavelo como fundador) como en la tradición de la política marxista (con Lenin al centro).

Esta producción del comunista sardo, la de los Cuadernos de la Cárcel, opaca al Gramsci más contingente, el que no tenía calma para pensar sino el apuro del líder de acción de un partido comunista y bolchevique. El Gramsci que va desde sus columnas Sotto la Mole del Avanti! en Torino hasta Las tesis de Lyon de 1925-26, su último texto antes de ser encarcelado, es uno prisionero de la contingencia. Como él mismo pregonaba, era un intelectual orgánico de la clase obrera, cuyo trabajo no era representar el malestar de los trabajadores ante otros representantes de otras clases, sino organizar ese malestar, hacer puente entre su rabia y la esperanza y organizar un camino posible para vencer y terminar con el capitalismo que consumía humanos vivos. Si bien no es posible pensar en dos Gramsci, si es posible observar en su obra que lo que antes de 1923 está dominado por el entusiasmo y la reflexión sobre cómo se produce la victoria, desde 1926 se ve determinado por cómo evitar derrotas, como tomar sopesados y largos caminos de lucha, que requieren una elevada conciencia histórica sobre el proceso que se protagoniza.

Una mirada sobre otra: el Gramsci que conoció Mariátegui

Fernanda Beigel

Nuestra ponencia recorre el itinerario de José Carlos Mariátegui (1894-1930) en Italia, entre 1919 y 1922, y pretende dilucidar el impacto que la experiencia ordinovista tuvo en la formación del marxista peruano. Es el resultado de una residencia de investigación doctoral realizada en Italia, principalmente en el Centro Studi Piero Gobetti y los Istituto Gramsci de Roma y Turín. Exponemos los resultados del seguimiento pormenorizado que hicimos del recorrido y  las lecturas del Amauta durante su estadía italiana y analizamos los vínculos de esta experiencia con la praxis editorialista que ejecutó a su regreso al Perú. Pretendemos explicar cómo se produjo el acercamiento de Mariátegui al marxismo italiano y, en particular, al ordinovismo. A pesar de los valiosos esfuerzos historiográficos realizados, que permitieron precisar el alcance real del fugaz encuentro entre ambos los pensadores en Turín, hacia 1921, no se puede, a estas alturas hablar de relaciones entre Mariátegui y Gramsci sin dejar sentado un presupuesto: José Carlos Mariátegui nunca conoció el intelectual italiano que el mundo leyó después de la publicación de los Cuadernos de la Cárcel. Toda coincidencia teórica entre ambos “agonistas” es producto de una época compartida, un universo discursivo común, pero fundamentalmente de la praxis social que cada uno desenvolvió en su país. Como veremos enseguida, el Gramsci que conoció Mariátegui fue el director de la primera y segunda serie de L’Ordine Nuovo. No se puede hablar en términos de influencia de un corpus teórico a otro. Se trata, entonces, de una mirada sobre otra mirada: nosotros sobre Mariátegui, Mariátegui sobre Gramsci.