21/2/16

Reedición de ‘Antonio Gramsci. Vida de un Revolucionario’, de Giuseppe Fiori

Jordi Coromiras i Julián   |   Es normal que en nuestra época emerjan de la nada muchos personajes históricos que creíamos olvidados. La manía de muchos necrofans por conmemorar muchos aniversarios sin redondeces es una de las causas. La otra, igualmente lamentable, surge de la ignorancia, que suele ser muy atrevida. En enero de 2013 una activista del 15-M fue llamada a declarar por la Brigada de delitos tecnológicos por publicar tuits que enaltecían la violencia. Entre ellos estaban algunos que eran citas literales de Antonio Gramsci, quien de la noche a la mañana devino uno de los trending topic más surrealistas que se recuerden en nuestro país, que ya es decir. Ahora [la editorial] Capitán Swing recupera la biografía del líder y teórico comunista italiano que escribiera en los años sesenta su compatriota Giuseppe Fiori. Algunos han criticado que el texto elegido sea tan añejo cuando existe mucha bibliografía que revisita la vida y obra del sardo desde perspectivas más contemporáneas, pero el valor de la obra reside en trazar un perfil biográfico muy concreto sin ninguna voluntad hagiográfica. Un clásico cuando se habla de Gramsci, siempre muy alabado y víctima -por el corrosivo paso del tiempo- de su propia brillantez, hasta el punto de olvidarse de la magnitud de su trayectoria.

Gramsci nació en el territorio más marginal del reino transalpino. A finales del siglo XIX Cerdeña era una isla inhóspita desgajada en todos los sentidos, con predominio del universo rural y escasas oportunidades de prosperar hacia la senda de la modernidad. Si a ello añadimos una familia numerosa y un padre condenado a cinco años de cárcel por malversación de fondos entenderemos las dificultades del joven Antonio para cumplir una vocación que siempre estuvo en los libros, vía de escape para saciar su insaciable curiosidad y una serie de lastres físicos que le acompañaron durante toda su existencia.

Su voluntad irrefrenable de estudio fue el paso previo hacia su interés por las problemáticas sociales. Lo exprimió en primer lugar con el periodismo y lo despertó con definitiva rotundidad en Turín, donde pese a la miseria, parecía destinado a labrarse un excelso porvenir como lingüista. Sin embargo, el ambiente universitario y la tensión cotidiana de la capital piamontesa transformaron su visión. Conoció a futuros mandamases comunistas como Angelo Tasca y Palmiro Togliatti, compartió sus inquietudes y las plasmó en infinitud de hojas periodísticas, preludio del paso a la acción a partir de la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial y la irrupción de la Revolución Rusa.

Estos acontecimientos marcaron un antes y después histórico que caminó acorde a su evolución como observador de la realidad, especialmente lúcida tras el silencio de las armas en el Viejo Mundo, cuando una Italia desorientada se debatía entre los extremos del naciente Fascismo y la inercia de seguir los pasos provenientes del Este. Gramsci apoyó la ocupación de las fábricas y advirtió del peligro de un poder totalitario mientras defendía la unidad del Partido Socialista pese a discrepar de sus postulados. Cuando en 1921 se produjo la ruptura y se fundó el legendario PCI estuvo en primera fila, siempre atento, siempre dispuesto a colaborar desde la integración con otras fuerzas obreras, pues a diferencia de Amadeo Bordiga consideraba que la clave del éxito de las izquierdas era agrupar todas sus sensibilidades prescindiendo de alegatos de pureza y rigor programático.

Giuseppe Fiori
Esa flexibilidad, que no era sino capacidad de lectura del contexto, le convirtió en un hueso duro de roer tanto para sus compañeros de viaje como para sus enemigos en la arena política. En 1922, pocos meses antes de la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini, es designado para representar al partido en la Internacional Comunista. En un sanatorio moscovita conocerá a Julia, mujer con la que tendrá dos hijos y con quien mantendrá una relación a distancia.

El ascenso del fascismo a las más altas instancias del Estado comportará un nuevo cambio en su posición. La detención de la cúpula de su formación le aupará al liderazgo por ausencia de los demás. Lo manejará con convicción desde el exilio y posteriormente en el Parlamento, donde sólo en una ocasión protagonizará un intercambio de golpes con el Dictador, quien pasado el escándalo Matteotti, sintiéndose intocable en el cargo, no dudará en acelerar el proceso de control absoluto mediante el apresamiento de sus opositores, divididos entre los que no querían volver a Cortes y quienes juzgaban necesario plantar cara desde la sede de una democracia agonizante.

En esa tesitura, Gramsci apoyó la idea de un Comunismo integrado en la pluralidad política como salvaguarda del país. Ya llegaría el momento de la revolución, como también arribó su arresto pese a tener impunidad por su condición de diputado. Desde octubre de 1926 hasta el mismo mes de 1934 permaneció entre rejas, agravándose su salud hasta que le concedieron la libertad condicional, último pasaporte hacia una lenta y horrible muerte, acaecida en Roma seis días después de saldarse su condena, la misma que hizo exclamar con cinismo al fiscal que debían evitar el funcionamiento de su cerebro durante dos décadas.

No lo lograron. Crearon un mártir laico que a pesar de su enfermedad escribió en su reclusión forzada treinta y dos cuadernos que ocupan casi tres mil páginas de pensamiento que va desde la urgencia de crear una cultura nacional popular hasta la función de los intelectuales en la sociedad. Esas cartas desde la cárcel se han publicado parcialmente en España. Quizá esta era que favorece lo breve ya no sea capaz de asumir ese magno legado y editarlo en su integridad. Debería hacerlo.
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