23/7/15

Sraffa, Wittgenstein & Gramsci

Foto: Ludwig Wittgenstein, Piero Sraffa & Antonio Gramsci
Amartya Sen   |   La Accademia Nazionale dei Linzei celebró en Roma, en marzo de 2003 1 un gran congreso con motivo de cumplirse el vigésimo aniversario del fallecimiento de Piero Sraffa.' Se rendía así homenaje a un intelectual del más alto relieve quien, durante su vida, publicó sorprendentemente poco pese a lo cual ejerció una influencia muy considerable en el campo de la economía, la filosofía y las ciencias sociales contemporáneas. El impacto intelectual que produjo Sraffa incluye muy diversas incursiones en la teoría económica, entre las que destaca toda una reinterpretación de la historia de la economía política, que partía de la obra de David Ricardo.2 También resultó verdaderamente decisivo su ascendiente sobre Ludwig Wittgenstein, a quien llevó a alejarse de su primera obra, el Tractatus Logico-Philosophicus (1921), para dar lugar -en una de las más singulares trayectorias de la filosofía contemporánea- a su obra tardía, las Investigaciones filosóficas ( 1953) 1 publicada con carácter póstumo. 3
Foto: Amartya Sen

Al “economista Sraffa” no se le suele conocer por estas otras facetas de su rica personalidad intelectual. Esto ocurre, en parte, porque su profesión fue, en efecto, la de economista pero también porque sus aportaciones en el campo de la teoría económica dan la impresión -siquiera sea a primera vista- de que se sitúan al margen de lo que pudieran ser sus ideas filosóficas. Sraffa es un autor muy citado en su disciplina4 aun cuando - como ya se ha apuntado- tan sólo publicó un pequeño número de artículos y un único libro, además de haberse hecho cargo de la edición de las obras de David Ricardo. Su aportación a la economía, en particular la contenida en su único libro Producción de mercancías por medio de mercancías. Preludio a una crítica de la Teoría Económica (Sraffa, 1960)1 ha dado lugar a muy importantes debates en la especialidad. Sus obras alumbraron una importante escuela de pensamiento en el ámbito de la teoría económica por mucho que, según algunos, no hay nada de verdadero valor en sus escritos y aun cuando otros -con Paul Samuelson a la cabeza tengan que el pensamiento de Sraffa es tan profundo como errado.5

Discurso sin hegemonía o la parte animal del poder

Arresto del papa Bonifacio VIII ✆ Giovanni Villani 
Para Gramsci la superestructura del sistema es el dispositivo ideológico que llevaría el gobernante a consentir el poder con el gobernado

Aldo Torres Baeza   |   Maquiavelo llegó a la metáfora del poder encarnado en un centauro. El centauro posee dos partes, una animal y otra humana. El poder, según Maquiavelo, respondía a esa dualidad, en tanto presentaba una parte animal, simbolizada en la fuerza (la estructura de un sistema), y otra humana, simbolizada en la idea (superestructura). 

Gramsci tomó esta metáfora. A partir de ella, analizó la superestructura del sistema, el dispositivo ideológico que llevaría el gobernante a consentir el poder con el gobernado. De ahí nace su propio concepto de hegemonía, distinto al concepto de la URSS. Es decir: la hegemonía como la capacidad ideológica de un gobierno para hacer coincidir sus intereses con los intereses de las mayorías. 

Gramsci y la sociedad intercultural (IV) – Cesarismo, ideología, cultura unitaria

Salvador López Arnal   |    Al final de la segunda edición de El 18 brumario de Luis Bonaparte, recuerda  Andrea Di Miele (ADM) en “Antonio Gramsci: Cesarismo, ideología, cultura unitaria”, Marx se sirve marginalmente de dos figuras históricas -el arzobispo de Canterbury y el Gran Sacerdote Samuel- para mostrar la inconsistencia de la categoría “cesarismo”. “Según Marx, el anacronismo se hace patente al comparar las condiciones históricas de la antigua Roma, donde un proletariado pasivo asistía inerme a la lucha de clases de un exiguo grupo de ciudadanos libres, con la de una sociedad moderna, en la que un proletariado activo produce riquezas para una élite privilegiada”.

Quedaba así descartada toda reformulación del concepto de cesarismo. “Aventurarse en tan inútil demostración significaba establecer una analogía impracticable, tanto como la existente entre el último juez de Israel y el primado de la iglesia de Inglaterra, el Arzobispo de Canterbury”. Es esta, sostiene ADM, una observación interesante porque, pese a conocer dicho juicio, “es precisamente en esa dirección en la que Gramsci parece querer avanzar: habla expresamente de cesarismo y, como se sabe, le dedica al asunto una importante reflexión”. Se diría que Gramsci transgrede la dura sentencia de Marx, “una “desobediencia” que ha sido subrayada recientemente y aducidas las razones de semejante ‘violación”. Por Luciano Canfora nada menos.