21/2/15

La clave del cambio social no es la ideología: son los cuerpos, los afectos y los hábitos

Entrevista a Jon Beasley-Murray, autor del importante y polémico ensayo ‘Poshegemonía’, sobre el concepto político de moda en España gracias a Podemos: la "Hegemonía"

Amador Fernández-Savater   |   Según Antonio Gramsci, el poder es un centauro: mitad coerción, mitad legitimidad. El Estado mantiene su dominación por medio del consenso de los dominados. Y sólo allí donde no se logra el consenso, se recurre a la represión. El poder, por tanto, no sólo es un asunto de fuerza, sino sobre todo de hegemonía: persuasión, convencimiento, creencia, seducción. En este enfoque, la lucha ideológica se vuelve fundamental: deslegitimar la explicación dominante del mundo, provocar su descrédito, proponer una nueva explicación.

Hegemonía es hoy un concepto de moda en el debate político contemporáneo. En España ha irrumpido de la mano del grupo fundador y dirigente de Podemos. La lucha ideológica se desarrolla ahora en los platós de televisión donde se produce la opinión pública. Se trata de arruinar la legitimidad del relato que protegía al régimen del 78 y ofrecer una nueva explicación y un nuevo pacto social que se gane el consenso de la “mayoría social”.

Podemos, a vueltas con la Hegemonía

Pablo Iglesias 
✆ Pablo García
Fue Gramsci uno de los primeros en reconocer la importancia de la hegemonía cultural como elemento esencial dentro de la dominación de clase ejercida por parte de la burguesía
La estrategia de construcción de hegemonía enarbolada por Podemos parece estar bastante más centrada en sustituir a unos dominadores por otros que en eliminar la dominación

Matías Preller   |   Gran parte del discurso ideológico de Podemos se articula en torno al concepto de hegemonía. Para sus principales ideólogos -y en especial para Iñigo Errejón, que, no en vano, elaboró su tesis doctoral sobre la materia- la conquista del poder político no es suficiente, y deberá ir acompañada de un proceso de construcción de hegemonía ideológica y cultural que permita sentar las bases para un verdadero cambio político. En otras palabras, de nada sirve conquistar el poder político si todas las instituciones y estructuras en torno a las cuales su ejercicio se articula son heredadas de regímenes anteriores, y si el sentido común de la mayoría social se encuentra aún anclado al orden preexistente. Es necesario, por tanto, llevar a cabo un proceso de construcción de hegemonía ideológico-cultural mediante el cual se modifique el sentido común de la época y se ofrezca a la ciudadanía una construcción discursiva que legitime un nuevo estado de cosas, un nuevo orden que reconfigure el reparto de roles políticos y sociales empoderando a los sectores subalternos.