31/1/15

Sobre el vacío de un encuentro: Althusser lector de Maquiavelo

Louis Althusser ✆ A.d.
Filippo del Lucchese   |   El “encuentro” –esta palabra repetida “sin tregua” por Marx- empuja a Althusser a medirse con Maquiavelo. Un encuentro plenamente “italiano”, gracias a una cegadora belleza siciliana, atravesando la Romaña de Cesar Borgia 1: primero Gramsci, pero inmediatamente después Maquiavelo 2. Un encuentro aleatorio y contingente, y sin embargo necesario. Sobre todo, un encuentro muy extraño. No por el “qué” sino por el “cómo”, por el modo en que Althusser decide “comprometerse” con el pensamiento de Maquiavelo. Althusser es un filósofo que se distancia de la filosofía:
Cuanto más lo veo, más me convenzo, por cierto que a mi pesar, de que no soy un filósofo. Y sin embargo, sería necesario serlo, porque serlo es, en adelante, posible y necesario. Pero, no lo seré yo. Sé demasiado poco, y ya no tengo tiempo de aprender. Yo soy un agitador político en la filosofía. Sin duda que también hace falta agitadores, para abrir vías. Otros, más jóvenes, mejor equipados de conocimientos de todo género, serán el filósofo que yo no pude ser.3
Por tanto, “este” Althusser pretende hacer de Maquiavelo –es decir, de alguien que manifiestamente no es un filósofo en sentido tradicional– justamente un filósofo o, al menos, un teórico. Maquiavelo es ajeno al mundo de los conceptos “clásicos” de los filó-sofos: de este modo se abre el curso de 1962, el primer escrito que le dedica4. A su pensamiento –aquí está la paradoja– que “rezuma” sentido teórico, los filósofos le niegan cualquier alcance teórico. Y es aquí donde empieza el desafío. Esto plantea la necesidad –dice Althusser– de redefinir nada menos que la “naturaleza misma” del objeto teórico en los clásicos: