10/11/15

Gramsci y la crisis griega

Herwig Lerouge   |   Aunque hoy en día, la UE busca reducir Grecia a la condición de neocolonia, la lucha del pueblo griego ha hecho avanzar la resistencia social en Europa. Pero si esta lucha es esperanzadora, la relativa debilidad de la solidaridad de otros pueblos de la Unión nos preocupa. Una razón es, sin duda, la feroz campaña desatada por los poderosos para tratar de aislar al pueblo griego en esta batalla.

Diciendo "no" dos veces a la política ciega de estrangulamiento deseada por la UE, el FMI y el Banco Central Europeo, los griegos han obligado a los líderes de la UE a romper ellos mismos con la ilusión de una Europa social y democrática: su naturaleza no democrática, que impone la ley del más fuerte, y el neoliberalismo, que desprecia cualquier control democrático, son ahora más visibles que nunca, algo que hasta ahora sólo los militantes y activistas conocedores denunciaban como la esencia misma de la UE establecida en el Tratado de Lisboa.

La "democracia" de los bancos y las multinacionales europeas ciertamente no acepta que cuestionemos los fundamentos de la propiedad privada de las empresas y los bancos. Pero hoy, los límites de esta democracia son todavía mucho más estrechos. La Unión Europea ni siquiera permite poner en duda el dogma neoliberal de la libre competencia, la privatización de los servicios públicos esenciales, la flexibilidad del mercado de trabajo, la transformación del fondo de seguridad social en un sistema asistencial, etc. Si se quiere poner en duda estos principios, no se cabe en en la casa común de Juncker y Schäuble (Ndt: liberales europeos) , y desfortunadamente también de Dijsselbloem y Gabriel (Ndt: socialdemócratas holandeses y belga). 

Syriza ha buscado una ruptura parcial con las políticas de austeridad, sin cuestionar los fundamentos de la Unión Europea. Pero el enfrentamiento fue violento. Era absolutamente necesario aplastar de raíz la experiencia de Syriza. Los líderes europeos han hecho todo lo posible para evitar la solidaridad con Grecia, para evitar que crezca la conciencia de que todos estamos amenazados por estas políticas, para garantizar que en el resto de Europa, las víctimas de la austeridad consideran a los griegos como una de las causas de sus problemas y no como trabajadores sujetos a las mismas injusticias. Para evitar que los pueblos de Europa saquen de la experiencia griega la lección de que debemos detener la recesión causada por la austeridad y la necesidad de participar en un modelo de desarrollo alternativo.

Los medios de comunicación, en su mayoría controlados por los mismos grupos financieros que se benefician de las políticas europeas, participaron plenamente en la operación de propaganda. Un sistema de comunicación con las ruedas bien engrasadas, controlado por los alemanes, se ha establecido en Bruselas 1. Los actores principales en la recogida y transmisión de noticias son tres principales medios de alcance paneuropeo: Reuters, el grupo Bloomberg y el diario The Financial Times.

La transferencia de información es cada vez mayor a tres niveles: por los empleados de la burocracia europea (intérpretes y administradores) que supervisan las grandes reuniones, los participantes  políticos y sus más cercanos colaboradores y los altos funcionarios de la Unión.

Para la transmisión de información, principalmente se utilizan los mainstream media, mientras que para las "filtraciones" de análisis se celebran cada pocos meses reuniones informales a las que asisten periodistas de los tres medios mencionados anteriormente y otros, principalmente alemanes y británicos. En estas reuniones, la persona responsable del orden del día es el mismo funcionario de la oficina de prensa de la Comisión Europea, de origen alemán.
El arma de la división se utilizó a fondo.
Los principales medios de comunicación, sobre todo en Alemania y Holanda, no dudaron en jugar la baza racista con la imagen de vagos asociada a los griegos. La crisis griega entre otras cuestiones, reveló cómo los poderes establecidos libran una lucha de ideas ininterrumpida para imponer a toda la sociedad su visión del mundo. Día tras día nos bombardean con estas "verdades" que parecen evidentes: "Si la gente no tiene trabajo, es culpa suya", "las empresas crean la riqueza y el empleo", "no se puede hacer nada en contra de los ricos, de lo contrario, huirán  con su capital al extranjero", "la administración pública es demasiado grande, debe ser aligerada mediante la reducción del número de funcionarios ", "vamos a tener que trabajar más tiempo, porque cada vez vivimos más tiempo "," nunca las acciones sindicales de los trabajadores han logrado cambios fundamentales en la sociedad "," el mundo cambia, la Seguridad Social debe cambiar también, quien niegue esto es un retrógrado "...

Estas ideas expresan la visión del mundo del establishment, que busca consolidar su poder y el curso actual de los acontecimientos. En nuestro dossier sobre la batalla de ideas, Staf Henderickx, al comentar el último libro de Owen Jones, El establishment explica cómo la corriente actual se preparó para imponer su visión del mundo agresivamente liberal. 

Esta batalla de ideas y su papel en el mantenimiento del statu quo en la sociedad fue analizado por el líder y teórico comunista italiano Gramsci. 3Según él, en general, cuando la sociedad no atraviesa una crisis, la clase dominante logra imponer su ideología como la visión normal de las cosas. La armonía social relativa significa que la clase dominante es capaz de imponer un desarrollo equilibrado en la sociedad y evitar la formación de distorsiones demasiado grandes entre los distintos niveles de la estructura, y entre los diversos sectores de la sociedad.

Controlando las palancas del Estado y de lo que él llama instrumentos hegemónicos (el sistema educativo, la Iglesia, los partidos políticos, organizaciones sindicales, la universidad, la creación y difusión artística, los medios de comunicación de masas que propagan las ideas que poco a poco calan  la mente y permiten obtener el consentimiento de grandes masas), la clase dominante puede asimilar fácilmente a los intelectuales de otras clases, ofreciéndoles posiciones ventajosas y asegurar su influencia en las clases que representan. En definitiva, gracias a su poder económico y político, esta clase es prácticamente la única que puede hacer escuchar su voz con regularidad y fuerza en la sociedad civil. Gramsci distingue la sociedad política, que proporciona las funciones de dominación, que se caracteriza por el uso de medios coercitivos (policía, justicia, ejército, etc.) y la sociedad civil, los organismos no estatales que crean consenso. Cuanto más débil es el consenso social, más débil es la sociedad civil, y más se basan en el estado para mantener su dominación. Gramsci retoma la idea de Marx. La clase dominante, dice Marx, además de regular la producción y distribución de los bienes económicos, organiza y distribuye las ideas: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. 4. "

El establishment pretende popularizar su filosofía y comercializarla hasta el punto que la gente ya no considere esta visión del mundo como un discurso ideológico del poder, sino como un "pensamiento normal”. Llegado ese caso podemos hablar de hegemonía cultural de la clase dominante.
No hay imperios eternos
Para Gramsci, esto de ninguna manera significa que este dominio sea algo absoluto, ilimitado o sin fisuras, y que la perspectiva de una sociedad alternativa pase a ser una utopía. La crisis griega, por ejemplo, ha obligado a los poderosos a renunciar a algunas máscaras. Así, la disposición de algunos miembros del gobierno griego de no mantener el secreto de las negociaciones (que intentaban esconder de la gente los mecanismos de toma de decisiones), la existencia de medios de comunicación social y el trabajo de algunos partidos y organizaciones ayudó a vencer parcialmente el aluvión de propaganda. Esta es la ventaja de los períodos de crisis.

Para Gramsci, como para Marx, el sistema capitalista no podrá encontrar la estabilidad económica, política o ideológica: está en constante transformación para mantenerse. Ahí reside su fuerza y ​​su debilidad. Su fuerza, ya que no se petrifica, lo que obliga a sus oponentes a estudiar constantemente su  funcionamiento con el fin de construir nuevas herramientas para luchar. Su debilidad, ya que sus reconfiguraciones implican crisis inevitables en la vida social, económica, política y / o ideológica.

Estas crisis marcan el germen de las "crisis de hegemonía": " el contenido es la crisis de hegemonía de la clase dirigente que ocurre sea porque dicha clase fracasó en alguna gran empresa política para la cual demandó o impuso por la fuerza el consenso de las grandes masas (la guerra por ejemplo) o bien porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeño burgueses intelectuales) pasaron bruscamente de la pasividad política a una cierta actividad y plantearon reivindicaciones que en su caótico conjunto constituyen una revolución. 5. "

Para Gramsci, la clase dominante no puede evitar estas crisis, y el reto para los explotados y oprimidos, es prepararse para ellas porque el resultado espontáneo está lejos de ser a su favor: " La clase dirigente tradicional, que tiene un numeroso personal adiestrado, cambia hombres y programas y reasume el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor que cuanto ocurre en las clases subalternas; si es necesario hace sacrificios, se expone a un porvenir oscuro cargado de promesas demagógicas, pero se mantiene en el poder, lo refuerza por el momento y se sirve de él para destruir al adversario6. "

Pero incluso si la clase dominante tiene muchos grupos de reflexión (think tanks), incluso si controla los principales canales de difusión, su ideología nunca puede ganar en su totalidad las clases subalternas que no son sólo receptivas, pasivas y condicionadas desde el exterior. Para Gramsci, así como el individuo elige un camino entre las diversas influencias ejercidas por su medio social y piensa por si mismo dentro de los límites fijados por su realidad, igualmente cada clase, tiene un núcleo de "sentido común", basado en la observación directa de la realidad, sin la cual sería imposible liberarse de la avalancha de propaganda vertida por la burguesía para poner en cuestión no sólo su hegemonía ideológica sobre la sociedad, sino también su poder económico y político.

Según Gramsci, "El hombre-masa activo [el trabajador] [...] [tiene] una conciencia teórica implícita en su trabajo y que realmente lo une a todos con los que colabora en la transformación práctica de la realidad [el trabajo]”.  7. " Esto es lo que Gramsci llama "sentido común", es decir, una comprensión del mundo, derivada de la actividad productiva, social, y que expresa, aún de una forma “embrionaria " los verdaderos intereses de los productores. El  carácter social y productivo de la explotación asalariada empuja al trabajador a cuestionar, al menos parcialmente, el sistema.

Sin embargo, este no es el "buen sentido" que se manifiesta la mayor parte del tiempo en la clase obrera. Gramsci explica esta contradicción: " Significa que un grupo social, que tiene su propia concepción del mundo, [...], por razones de sumisión y de subordinación intelectual, ha tomado una concepción en préstamo de otro grupo y la afirma de palabra y cree seguirla porque la sigue en «tiempos normales, esto es, cuando la conducta no es independiente y autónoma sino sometida y subordinada, precisamente. [...] Casi se puede decir que tiene dos conciencias teóricas (o una conciencia contradictoria), uno implícita en su trabajo [...] y otra superficialmente explícita o verbal que ha heredado del pasado y que aceptó sin crítica. Esta concepción «verbal» no deja de tener consecuencias: [...] influye en la [...]  orientación de la voluntad, de modo más o menos enérgico, que puede llegar hasta un punto en que el carácter contradictorio de la conciencia no permita ninguna acción, ninguna decisión, ninguna elección y produzca un estado de pasividad moral y política.8. "

Así, según Gramsci, en tiempos "normales" (es decir, cuando no hay crisis ni movilización), la conciencia de los trabajadores está dominada por la presión de la competencia capitalista a la que son sometidos de forma permanente, por las ideas de la clase dominante heredadas del pasado a las que están habituados a estar expuestos : es lo que llama "el buen sentido". Su mundo está construido a partir de estas ideas preconcebidas que forman una lógica que proporciona respuestas a la mayoría de sus preguntas. Este "buen sentido" se construye a partir de las creencias religiosas sobre la naturaleza humana. Los trabajadores no dividen a la sociedad en clases, sino por lo general en grupos en competencia unos contra otros (negro / blanco, gay / hetero, creyentes / no creyentes, etc.).

Así la conciencia de los trabajadores se ve dominada por la clase dominante, pero nunca por completo, ya que contiene dos elementos: uno negativo, que es dominante, el otro positivo, que está “adormecido”,  elementos que se sintetizan en una conciencia única, pero "contradictoria". Como el elemento positivo radica en la experiencia, ahí radica la principal fundamental de la posición hegemónica de la burguesía: esta hegemonía es inestable debido a que la clase dominante no puede privar a los trabajadores de su práctica laboral sin poner en cuestión a su vez toda la producción de riqueza.
La importancia de las ideas y la lucha
La dominación ideológica de la burguesía se basa en la estructuración económica y política de la sociedad. La clase obrera está atravesada por divisiones sociales, nacionales, políticas e ideológicas. Y estas divisiones pesan sobre su conciencia. El papel de los que quieren cambiar la sociedad es unificar esta clase más allá de estas diferencias. A través de la acción política consciente e independiente, la clase obrera puede destruir el capitalismo: comprender el mundo en su conjunto es una condición para transformarlo.

Este es el núcleo del "sentido común" que permite a Gramsci percibir la posibilidad y la necesidad de que los trabajadores desarrollen unaconciencia de sí mismos autónoma. Gramsci afirma: “¿Qué se puede contraponer de parte de una clase renovadora a este formidable complejo de trincheras y fortificaciones de la clase dominante? El espíritu de escisión o sea la progresiva conquista de la conciencia de la propia personalidad histórica, espíritu de escisión que debe tender a prolongarse de la clase protagonista a las clases aliadas potenciales 9 ... "

Pero, ¿cómo separarse de la ideología burguesa y cómo separar a las clases potencialmente aliadas? Según Gramsci, para lograr la auto-conciencia, los trabajadores tienen que crear su propia capa de intelectuales y también tratar de atraer a los intelectuales tradicionales, lo que es la manera más rápida y eficaz para extender su hegemonía sobre los grupos a los que éstos influyen. Este proceso no debe separarse de la lucha contra la burguesía, todo lo contrario.

Para Gramsci, el "sentido común" sólo puede desarrollarse en las movilizaciones, es decir en las luchas. El papel de los que quieren cambiar el mundo es fomentar y promover toda resistencia espontánea, con el objetivo de entrenar en la lucha al conjunto de los oprimidos: "Los comunistas deben saber trabajar en todos los medios para lograr este objetivo, y sobre todo deben hacerse capaces de unir los obreros de otros partidos y sin partido, superando hostilidad e incomprensiones fuera de lugar, y presentándose en todo caso como constructores de la unidad de la clase en la lucha por su defensa y por su liberación.10. "

Las experiencias de los trabajadores, los avances y retrocesos, el recuerdo de las luchas y tradiciones militantes deben tomar cuerpo en las organizaciones. Institucionalizar bajo una forma de organización permanente, todos los avances producto de la batalla entre el "sentido común" y "el buen sentido", en el marco de la guerra de posiciones, para aislar al "buen sentido" y crear las condiciones para su desarrollo constante.

Para Gramsci, no hay una acción unilateral de los intelectuales sobre las masas, sino una acción recíproca por la cual la clase, también influencia ideológicamente a los intelectuales: la relación de los intelectuales / clase es una relación dialéctica.

Necesitamos un partido que unifique y centralice estos intelectuales orgánicos. Que desarrolle una nueva visión del mundo, y la difunda. Que también sea "el experimentador" de este diseño en la medida que lo confronta cotidianamente con las realidades políticas. El Partido de los Trabajadores no es simplemente un instrumento de difusión ideológica: más se encarga de centralizar los diferentes medios de difusión que puede controlar para desarrollar la conciencia de la clase obrera y para extender su hegemonía sobre las clases potencialmente aliadas. La acción propagandista de sus periódicos, sus revistas, sus asambleas ... sirven a ese fin.

Pero esta influencia ideológica por sí sóla sería insuficiente para contrarrestar los poderosos medios de propaganda burgueses. Es sobretodo mediante la lucha cotidiana, mediante la movilización de las masas para lograr objetivos específicos, como el partido permite a las masas populares ampliar su campo de observación y profundizar poco a poco su conocimiento de los mecanismos y relaciones sociales. Por tanto, el movimiento obrero deberá oponer una “contra-hegemonía” frente a la hegemonía cultural del establishment.

Gramsci nos recuerda que esto es una lucha en sí misma que no podemos subestimar. Es esencial preocuparse de los asuntos de los precios, los salarios y las pensiones, y, en general, de las necesidades inmediatas de la población. Pero la lucha cultural por la visión del mundo, no es menos importante. Las personas son explotadas, pero a menudo son las ideas las que mantienen a las personas prisioneras de su opresión.

Esta es la razón por la que la crisis que barre la Unión Europea no ha desahuciado mecánicamente a los gobiernos, aún cuando las políticas que han llevado a cabo han empeorado la angustia social.

Bajo el gobierno de los conservadores y sus aliados liberal-demócratas, los británicos sufrieron el mayor deterioro de su nivel de vida desde la época victoriana (1837 a 1901), la más grave amputación de los servicios públicos y la protección social en décadas. Todo en el contexto de la más tímida recuperación económica en un siglo. Sin embargo, y esta es una de las lecciones de las elecciones generales británicas de mayo 2015, se ratificó un gobierno de millonarios conservadores en guerra contra los pobres. Esta es la opinión de Owen Jones en Le Monde Diplomatique de junio 2015.

En Alemania, 12,5 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza, un récord. La pobreza ha aumentado un 15% en 2013, según el estudio publicado por la federación de Asistencia Social Paritätischer Wohlfahrtsverband, federación de diez mil asociaciones activas en el ámbito del bienestar social y la salud. "Desde el año 2006, la tendencia al aumento de la pobreza [...] Nunca ha sido tan alta y la fragmentación regional nunca fue tan grave como hoy", dijo al sitio Euractiv Alemania Ulrich Schneider, director general de Gesamtverband Paritätischer(PG). Cuando el gobierno afirma que la brecha entre ricos y pobres está disminuyendo, hace una declaración "sencillamente falsa", dijo. Sin embargo, los partidos tradicionales alemanes siguen atrayendo los votos de muchas víctimas de su política.

Para romper el consenso sobre el modelo social imperante, necesitamos una nueva visión del mundo. Una concepción progresista, democrática, social y ecológica de vanguardia, que se construya desde la base. Es un proceso histórico en el que la gente juega un rol activo. La Revolución Francesa fue preparada por décadas de lucha cultural y de ideas desarrolladas por los pensadores radicales de la Ilustración en un proceso de toma de conciencia. Este proceso de lucha cultural en sentido amplio es lo que necesitamos. La crisis griega y la timidez de la solidaridad internacional son una prueba más.

Herwig Lerouge (herwiglerouge@gmail.com) es un miembro del Servicio de Estudios del Partido del Trabajo de Bélgica.
 Notas
1. Nikos Sverkos, "Maquinaciones políticas a través de los medios de comunicación internacionales" syriza-fr.org/2015/04/29/des-machinations-politiques-par-le-biais-des-medias/~~number=plural.
2. Artículo disponible en la versión electrónica de la revista, en www.marx.be
3. Antonio Gramsci (1891-1937). 1913 Miembro del Partido Socialista Italiano, Antonio Gramsci anima a partir de 1919 el movimiento "consejista", que aboga por la creación de consejos de trabajadores en las empresas. El mismo año, fundó el semanario Ordine Nuovo. El 21 de enero de 1921, participó en la fundación del Partido Comunista de Italia (PCd'I tarde Partido Comunista Italiano). Él se convertirá en su líder. Detenido por los fascistas en 1928, Gramsci murió pocos días después de su liberación en 1937. Dejó sus Cuadernos de la cárcel, más de 2.000 páginas manuscritas de reflexiones sobre la historia, la cultura, la política o la revolución. Su concepción de la hegemonía cultural como medio para mantener el estado en una sociedad capitalista es una de sus contribuciones esenciales. La actualidad de Gramsci también se demuestra por el artículo de Yuri De Belder que confronta las teorías que subyacen en la base de los movimientos como Occupy y Indignados con las desarrolladas por Gramsci.
4. Karl Marx, La ideología alemana, Éditions Sociales, 1966, pp. 74-75.
5. Antonio Gramsci, "Observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos políticos en períodos de crisis orgánica"Cuadernos de la Cárcel (XXX según la numeración de Tatiana, que suman 13, según Valentino Gerratana) www.marxists.org/francais/gramsci/ trabaja / 1932 / observations.htm.
6. Ibid.
7. Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel, Volumen 3 (libros 10-13), Gallimard, París, pp 184-185.
8. Ibíd.
9. "Passato presente", pp. 172-173. Citado en Jean-Marc Piotte, el pensamiento político de Gramsci, Anthropos, París y ediciones Parti Pris, Montreal, 1970, p. 131, classiques.uqac.ca/contemporains/piotte_jean_marc/pensee_de_gramsci/pensee_de_gramsci.html.  Nueva edición Lux, Montreal, 2010.
10. Gramsci, "La situación italiana y las tareas de PCd'I" en MA Macciocchi, Por Gramsci, Seuil, 1974, p. 363-364.
http://www.jaimelago.org/