24/10/15

A propósito de la “Fuerza Expansiva” del pensamiento político de Antonio Gramsci

◆ “Lo studio dell’origine linguistico-culturale di una metáfora impiegata per indicare un concetto o un rapporto nuovamente scoperto può aiutare a comprendere meglio il concetto stesso” Antonio Gramsci
Antonio Gramsci ✆ Mario Tosto

Jaime Massardo   |   Las siguientes líneas se proponen dar cuenta de una manera sintética y resumida de los principales momentos de recepción en Chile del pensamiento político de Antonio Gramsci, mostrando al mismo tiempo su potencialidad para contribuir a esclarecer determinados problemas relativos a las posibilidades de construcción de una hegemonía de los trabajadores y de las fuerzas democráticas en nuestra sociedad, potencialidad que le otorga, por otra parte, una inmensa actualidad. A su turno –y en esto consiste la hipótesis interpretativa que proponemos aquí para la discusión–, el examen de estos momentos de recepción va poniendo en evidencia la vitalidad de la argumentación del historiador italiano Valentino Gerratana cuando afirma la existencia en la temática gramsciana de “una virtual fuerza expansiva no todavía del todo utilizada”.
“Ya en el período del Ordine Nuovo –escribe Gerratana–, la polémica de Gramsci contra el fatalismo economicista del marxismo vulgar significa en el fondo justamente esto: la conciencia de que la crisis de la hegemonía burguesa no daría a luz espontáneamente la revolución socialista si no se construían sólidamente las condiciones de una nueva hegemonía. (…) Gramsci partía de un hecho, la derrota de la clase obrera. Comprender las razones de esta derrota era para él, en ese momento, el único modo de continuar la obra de la revolución. (…) Gramsci analiza las razones de esta derrota desde diversos puntos de vista: buscando los más lejanos componentes históricos que se habían sedimentado en las instituciones y en las ideologías radicadas en la sociedad italiana. (…) Las nociones teóricas que hacen posible este tipo de análisis esclarecen el horizonte en el cual se inscriben las nuevas posibilidades de hegemonía alternativa de la clase revolucionaria, como también la posibilidad de una nueva derrota. (…) En estas vicisitudes periódicas, la persistente fortuna del pensamiento gramsciano estimula la convicción, más o menos clara, de que no es en aquellos aspectos parciales del pensamiento de Gramsci sino en las raíces mismas de su temática que está contenida una virtual fuerza expansiva no todavía del todo utilizada”.
Intentar mostrar aquí que el despliegue de esa “fuerza expansiva” contenida “en las raíces mismas del pensamiento de Gramsci” abarca en su potencialidad mucho más de lo que fue el escenario político de la Italia de entreguerras y que este despliegue se ha venido manifestando en nuestro país durante las últimas décadas como la acumulación de una reflexión y de una praxis a propósito de las posibilidades de construcción hegemonía alternativa de los trabajadores y de las fuerzas democráticas, nos obliga a recordar que los escritos de Gramsci comienzan a circular en Chile por primera vez durante los años 1960 a través de las versiones bonaerenses realizadas por la editorial Lautaro. Ejemplares más bien escasos, importados por algunos libreros iniciados o traídos de retorno al país por viajeros instruidos, estas traducciones trasandinas tenían la virtud de iniciar a algunos círculos intelectuales o militantes en una lectura no ortodoxa del marxismo, de otra manera, en una lectura que escapaba al canon “oficial” del “marxismo-leninismo” proveniente de formalización ideológica de las necesidades políticas del Estado soviético. “Gramsci nos llegó gracias a la traducción argentina de su obra  –recuerda Osvaldo Fernández–, y sus escritos fueron acogidos y devorados por toda una generación de intelectuales chilenos cuya práctica política les había conducido a la preocupación por el trabajo teórico”.

A comienzos de la década siguiente, aparecerán en Santiago algunos fragmentos de los Quaderni del carcere, editados por Nascimento, bajo el título de Maquiavelo y Lenin, cuya selección y prólogo debemos al mismo Osvaldo Fernández, trabajo que posibilita una difusión más importante de algunos aspectos de la obra gramsciana. Con todo e independientemente del interés de este primer escrito de Gramsci reproducido localmente, las circunstancias de su publicación no encontraron el mejor clima para la apropiación de sus contenidos. Impreso en pleno período de la Unidad Popular, en un momento en que la discusión acerca del carácter de la naturaleza de la sociedad chilena y de los sedimentos más profundos que daban origen a los problemas estratégicos del proceso político era desplazada por la urgencia de las tareas contingentes, la posibilidad de utilizar el instrumental del análisis gramsciano fue también desplazada junto con ella, sin advertir su potencialidad. Posiblemente porque estábamos a punto de “tocar el cielo con la mano” nos era difícil entender claves de lectura construidas en tiempos de derrota, sin contar con que –problema mayor– la temática de la hegemonía de lo que para Gramsci era “dirección intelectual y moral”, estaba fuera de la mayor parte del horizonte de visibilidad en el que se había venido conformando desde décadas la cultura política del movimiento obrero y popular en Chile. Este primer registro de la manifestación en nuestro país de la “fuerza expansiva” de la que nos habla Gerratana debe circunscribirse entonces a la actividad de pequeños grupos de la ciudad de Valparaíso y en menor medida de Santiago, entre los que participan intelectuales orgánicos del movimiento popular como Leopoldo Benavides y el propio Osvaldo Fernández.

Instalado el régimen militar en septiembre de 1973 los grupos que habían iniciado la lectura de Gramsci tendrán que replegarse hacia algunos centros académicos o hacia el exilio. Habrá que esperar entonces un buen lustro para que, la lenta asimilación de la derrota vaya, poco a poco, tornando más afín la problemática gramsciana con los nuevos desafíos del escenario nacional, pudiendo advertirse a contraluz del necesario maniqueísmo impuesto por la lucha contra un régimen que actuaba in barbarum, los vestigios de la presencia subterránea de un conjunto de referencias gramscianas más o menos elaboradas que comienzan a instalarse como componentes de la discusión del período.

Un avance importante en la materialización de la “fuerza expansiva” de la problemática gramsciana lo encontramos en los artículos de Tomás Valdivia (pseudónimo) publicados, en abril y en diciembre de 1979 en la revista Mensaje, titulados respectivamente, “Gramsci y el Marxismo, otra forma de concebir la política”, y “Gramsci y la cultura”. En rigor, se trata de los primeros textos capaces de instalar en nuestro país la problemática gramsciana de la hegemonía y dijéramos, la problemática gramsciana tout court. “Siguiendo a numerosos intérpretes –escribe Valdivia–, estimamos que el mayor aporte gramsciano puede anudarse en torno a la teoría de la hegemonía y creemos que ella y el corolario que de ella se sigue: el camino de la revolución en occidente pasa por la creación de una nueva hegemonía, entregan sugerencias ricas para analizar hoy a América latina”. Así, en el momento en que la dictadura se aprestaba a dar un paso decisivo para concluir la transición a la nueva fase de acumulación organizada por el neoliberalismo buscando aprobar el plebiscito que iba a sancionar la Constitución de 1980 –expresión jurídica de esta misma transición, la única cabalmente llevada a cabo hasta ahora en Chile, recordémoslo–, los textos de Valdivia se esforzaban, desde un ángulo opuesto, en dar cuenta de “las raíces mismas” de la temática en la que estaba contenida “la virtual fuerza expansiva” del pensamiento gramsciano, fuerza expansiva que desbrozaba el camino para ser cabalmente “utilizada” en nuestro país.

La significación que en esos años comienza a adquirir el espacio de la cultura así como el desarrollo de algunas actividades en el terreno de la educación popular muestran, en los límites que impone la dictadura, el despliegue de este proceso. Dos textos de circulación pública aunque restringida muestran estas tendencias, a saber, La concepción gramsciana del Estado, y Gramsci y la escuela, escritos ambos por la pluma de Juan Eduardo García-Huidobro, textos que resulta necesario agregar a la serie de materiales elaborados por Tomás Moulian, redactados entre 1973 y 1981 (con circulación restringida), y reunidos en 1985 bajo el título de Democracia y socialismo en Chile. Seguramente el incremento de la publicación de escritos gramscianos en el exterior y su impacto en la reflexión de historiadores y de los que en nuestra América latina llamamos “cientistas sociales” estimulaba también en Chile su lectura y su difusión. A laAntología de Antonio Gramsci, de Manuel Sacristán, publicada por primera vez en 1970 por Siglo Veintiuno Editores, se suma el texto de Juan Carlos Portantiero Los usos de Gramsci, citado por Valdivia en su edición de 1977, realizada por Cuadernos Pasado y Presente. La Universidad Arcis –como nos recordaba recientemente nuestra amiga Verónica Huerta–, se preocupó durante esos años de incorporar igualmente al debate el pensamiento de Gramsci. A partir de las jornadas de “protesta” que se inician en mayo de 1983 y dado el contexto de polarización política que provocan va perfilándose de la misma manera una presencia más abierta de la figura del militante comunista italiano, percibido aquí ante todo, es importante subrayarlo, en su calidad de luchador antifascista.

Será solamente cuando el propio proceso de agotamiento del gobierno militar (que por lo demás había cumplido su función del punto de vista del capital) y la necesidad de reemplazarlo por una administración civil capaz de mantener el modelo de acumulación empiezan a ser percibidos con cierta claridad, que la reflexión gramsciana comienza a instalarse y a ocupar un espacio público mayor. Gramsci atrae ahora la atención también de la derecha política, preocupada por la administración del pospinochetismo y por la permanencia de un sentido común que le asegurara la continuidad de su hegemonía. El Mercurio conversa en Roma con Augusto del Noce, senador independiente vinculado a la Democracia Cristiana y con Flavio Cappuci, doctor en teología y sacerdote de la curia romana –“dos de los principales estudiosos del problema gramsciano” dirá el propio Mercurio–, conversación que con el revelador título de “La hegemonía cultural, desafío de hoy”, será publicada por el mismo diario en mayo de 1986.

Desde una perspectiva cultural completamente diferente a la iniciativa de El Mercurio, mientras la negociaciones para llenar el espacio del pospinochetismo comenzaban a convocar a una serie de políticos profesionales y la dictadura asestaba sus últimos golpes –recordemos que en estos días se produce la masacre de Corpus Christi–, se realiza en Santiago de Chile, del 25 al 31 de mayo de 1987, el Simposio Internacional Vigencia y legado de Antonio Gramsci, organizado por el Instituto Gramsci de Roma y por el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, dirigido entonces por Miguel Lawner. El Simposio cuenta con la participación, entre otros, de Antonio A. Santucci, de Georges Labica, de Osvaldo Fernández, de Sergio Vuskovic, de Heinz Krumpel, lo que lo transforma, de hecho, en el mayor esfuerzo realizado hasta entonces en Chile por reflexionar en torno a la figura y al pensamiento de Gramsci, marcando, sin lugar a dudas, un hito en su recepción y estimulando significativamente su “virtual fuerza expansiva”. El Simposio publica además un conjunto de trabajos en un número especial de los Cuadernos del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, los que, con seguridad, logran incrementar el conocimiento de Gramsci, mientras, al mismo tiempo, gracias a la solidaridad de los compañeros italianos, comienza a circular en Chile, Gramsci,actualidad de su pensamiento y de su lucha, impreso en Roma por Claudio Salemi y con una introducción de Enzo Santarelli, y “publicado con motivo del Simposio Internacional Vigencia y legado de Antonio Gramsci”.

La dinámica creada por el Simposio va a generar un debate bastante más abierto en torno a Gramsci. La derecha política reacciona y organiza el seminario “Desafíos actuales de la cultura occidental”, realizado del 9 al 21 de noviembre de ese mismo año 1987, en Santiago de Chile por la Universidad Gabriela Mistral, en Valparaíso por la Universidad Católica de Valparaíso y en la ciudad de La Serena por organizaciones afines. Las comunicaciones al seminario dedicadas a la discusión del pensamiento de Gramsci fueron publicadas bajo la forma del volumen Gramsci, la nueva forma de penetración marxista, y editado en un número especial por la revista católica Communio. El texto consta una presentación a cargo de Jaime Antúnez Aldunate, en la época editor del Suplemento Cultural de El Mercurio, quien afirma que “si los países de cultura occidental, al margen de enfrentar los desafíos policiales que la subversión comunista supone, desean verdaderamente poner freno al marxismo, no tienen otro camino que afrontarlo en su versión gramsciana, combatiéndolo sobre todo en la perspectiva cultural, filosófica e ideológica”. La publicación reúne, entre otras, las comunicaciones de Gianfranco Morra, de la Universidad de Bologna, del ex Ministro de la Cultura español, Ricardo de la Cierva, del Director de la revista Communio, Fernando Moreno, del teólogo Carlos Martínez, del cientista político, también español, Ángel Maestro, el que ya había manifestado su posición sobre el tema publicando un artículo con el sugestivo título de “La instrumentación gramsciana de la cultura”, en El Mercurio del 9 de agosto de 1987. Parece posible afirmar, entonces, que, en ese año de 1987, la figura de Gramsci había entrado al debate nacional.

Todavía desde otra cultura política diferente a la de El Mercurio, en julio de 1989, durante el último tramo de la dictadura militar aparece publicado el trabajo de Antonio Cortés Terzi, Gramsci: teoría política (Ensayo de interpretación y divulgación). Señalando que “identificar a Gramsci como marxista obliga a identificar la lectura precisa que él hace de la filosofía de la praxis“, y formalizando con extremo rigor los temas que su propio autor había desarrollado en el seminario “Teoría política en Antonio Gramsci”, llevado a efecto del 11 al 27 de abril de ese mismo año en la comuna de Ñuñoa [ñuñoa] en el Centro de estudios Avance, Gramsci: teoría política… establece, sin lugar a dudas, un hito importante en el despliegue en Chile de la “fuerza expansiva” del pensamiento gramsciano.
“Los profundos y necesarios procesos de renovación teórica y política que hoy se viven dentro del pensamiento de la izquierda a nivel mundial y en nuestro país –dice la convocatoria al mencionado seminario–, han encontrado en la obra de Antonio Gramsci un permanente y poderoso estímulo, y un grado de influencia muchas veces poco asumido y reconocido”
Las posibilidades teóricas abiertas con Gramsci para pensar la opción socialista en sociedades cada vez más complejas, su aporte al desarrollo y maduración de una concepción marxista del poder y del Estado, su aporte en la teoría del Partido y las vigencias de sus reflexiones a la luz del desafío histórico de reencontrar los idearios democráticos y socialistas, otorgan una vitalidad y una actualidad a la obra de Gramsci que obligan a profundizar su conocimiento, reflexión y divulgación.
Avance quiere con este Seminario aportar en esas direcciones, e invita a todos quienes quieran sistematizar sus conocimientos sobre la obra de Gramsci, y conocer la síntesis e interpretación que de ella hace el profesor Antonio Cortés. El Seminario está principalmente dirigido hacia quienes tengan ya un conocimiento básico en el trabajo teórico de Antonio Gramsci”.
El debate sobre Gramsci no era sin embargo una cuestión sólo de enfrentamiento teórico y político entre derecha e izquierda. La necesidad de otorgarle un estatuto teórico a una negociación que, durante los años 1987 y 1990, dejaba entrever demasiado groseramente el frío cálculo de las necesidades instrumentales de la política, condujo a sectores de la izquierda chilena ya en pleno “transformismo” a buscar en Gramsci el apoyo teórico a los contubernios de la así llamada “transición a la democracia”. Esta vez no se trataba de un problema de horizonte de visibilidad o de los límites y los énfasis que la época y las circunstancias le asignan a la recepción de un autor, sino de una manipulación consciente, organizada desde los pragmáticos objetivos del poder por los sostenedores de una también así llamada “renovación socialista”, tendencia que –como dice análogamente Rossana Rossanda a propósito de un determinado sector de lo que fue la izquierda italiana– “ahogando en la indeterminación de lo “político” toda armazón de clase, ha hecho del antijacobinismo de Gramsci una imitación gradualista, y de su guerra de posiciones una teoría de la renuncia a la ruptura”. “Los intelectuales políticos de izquierda chilenos –observa nuestro recientemente desaparecido Enzo Faletto, caracterizando en la misma dirección este proceso “transformista”–, guiados por su espíritu político-práctico, utilizaron de modo fragmentado el pensamiento de Gramsci, sacando de él sólo partes que parecieron ser útiles al momento político que se vivía. El comportamiento era el de una especie de bricoleur que toma objetos o partes de ellos sin mucha consideración al contexto al que pertenecen y los incorporan, resignificándolos, a una nueva estructura que para sus propios fines él persigue”.

No obstante, esta adaptación de Gramsci en la búsqueda del beneplácito de la derecha fue malgré tout insuficiente para la voracidad de ésta. Así, para llevar el “transformismo” de la izquierda chilena a sus últimas consecuencias iba a ser necesario también “superar” a Gramsci, como terminará pidiéndolo José Joaquín Brunner –un magnífico ejemplo de este mismo “transformismo”– en entrevista realizada por El Mercurio el 14 de enero de 1990. Luego de afirmar que “como pensador y teórico Gramsci ha tenido una influencia decisiva en los procesos de renovación”, Brunner, en lo teórico aún tributario de una matriz positivista de la que parece no haber logrado nunca desembarazarse del todo y en lo político siempre dispuesto a buscar las simpatías de la derecha, pretende que en Gramsci el tema de la hegemonía, vale decir, el de la “conducción intelectual y moral”, será insuficientemente tratado o “ambiguo” (sic!),
“La visión de Gramsci es ambigua –dice Brunner– cuando uno pretende introducirla dentro de una matriz de pensamiento democrático, precisamente por la ambigüedad del concepto de hegemonía. Yo, personalmente creo que, en una lectura rigurosa de Gramsci, su visión de hegemonía es incompatible con el juego democrático. Es imposible pensar que uno puede generar una mayoría absolutamente coherente y estable en torno a una concepción única del mundo y hacerla compatible con el juego democrático, el cual es mucho más flexible y cuyos elementos de pluralismo, de diferenciación cultural, ideológica y de alternancia en el poder son centrales a su esencia. Creo que debemos hacer una lectura crítica de Gramsci y superar su noción de hegemonía en la forma en que se desprende de sus textos”.
Resulta curioso constatar aquí cómo un intelectual de reconocido prestigio como Brunner parece atribuir, tácitamente, la posibilidad de construir hegemonía (para él, posibilidad antidemocrática o totalitaria) solamente a las clases subalternas, sin ver o sin querer ver, en su afán “transformista”, la presencia de una “hegemonía realmente existente” que habían venido construyendo durante toda la historia de Chile aquellas mismas fuerzas sociales que impusieron la dictadura militar y que se aprestaban en ese momento a distribuir las cartas en el gobierno civil. La hegemonía estuvo y está presente bel et bien en Chile antes y después del golpe militar (momento coactivo) y reproduce la visión del mundo de la oligarquía del dinero, a aquellos sectores “que estará hoy en sus casas, esperando, con mano ajena reconquistar el poder para poder seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios” –como dijera Salvador Allende en su último mensaje desde el Palacio de La Moneda– es, por tanto, un factum historicum dado por una correlación de fuerzas que no se elude pretendiendo estar por encima del bien y del mal o pretextando de que la democracia es un juego neutro. Brunner no ve o no quiere ver que la hegemonía de un sector social es un dato de toda sociedad de clase como la nuestra, por tanto, que la democracia posible en esas condiciones debe otorgar garantías a las distintas visiones de mundo expresadas como política de clase (y no como mera administración), que los momentos donde la democracia ha alcanzado mayor expresión en nuestro país ha sido justamente al período que podemos situar entre 1967 y 1973, durante los últimos años de la Democracia Cristiana y durante el gobierno de Salvador Allende, vale decir, durante los momentos en que las fuerzas populares han estado en el gobierno, y que la destrucción de la democracia en Chile, que nosotros sepamos, fue obra de la derecha y no de esas fuerzas populares. Bref, en Chile ha existido democracia y ha existido también hegemonía, lo que muestra el absurdo de la argumentación “transformista”. Afortunadamente, al Brunner de El Mercurio le sale al paso en la revista Análisis, Antonio A. Santucci, durante muchos años investigador del Istituto Gramsci de Roma, editor de la Lettere dal carcerede Gramsci y con una importante cantidad de trabajos publicados sobre el tema.
“Se habla allí con una banalidad sorprendente –dice Santucci refiriéndose a la entrevista del 14 de enero–, hay una insistencia en establecer una incompatibilidad con el Gramsci teórico de la hegemonía, aduciendo que hegemonía y democracia no pueden concordarse. Y todo ello se explica a través de formulismos, estereotipos, que en realidad me hacen pensar en una falta de autonomía en el plano político y en una falta de conocimiento, ya que una síntesis de la teoría gramsciana, de la democracia y pluralismo, es un asunto complejo sobre el que no se pueden aplicar fórmulas fáciles y no se puede anquilosar a Gramsci en el horizonte de la Segunda internacional (…). José Joaquín Brunner piensa que Gramsci es todavía demasiado marxista, demasiado ortodoxo, demasiado ligado a la tradición, José Joaquín Brunner no entiende nada de Gramsci”.
Los textos que Brunner publica en marzo y en mayo de 1990 en el diario La Época, reiterando la misma argumentación van a encontrar igualmente respuesta, esta vez en la pluma de Antonio Cortés Terzi, respectivamente, en abril y julio del mismo año y también en La Época. Otro ejemplo de “transformismo”, de distinto origen pero con los mismos resultados, se encuentra, seguramente bajo formas más ambiguas y la reiteración de lugares comunes con respecto a Gramsci, en el libro de Antonio Leal, Gramsci. La ciudad futura, publicado en abril de 1991, un texto que, sin duda, puede ser mejor valorado en concordancia con el destino político de su autor.

Mientras estas polémicas tenían lugar el escenario de los años 1990 va poniendo de manifiesto el alcance de las profundas modificaciones que en el plano económico, social y cultural habían traído para Chile los años del régimen militar y su reemplazo por un gobierno civil donde, seguramente para gran alegría de los Brunner, está ausente toda hegemonía popular. El disciplinamiento de la fuerza de trabajo logrado a través de la represión durante los primeros años de la dictadura así como el nuevo sistema de referencias articulado en torno al mercado oligopolizado (y que transformó nuestra sociedad en un tremendous monopoly games, donde cada vendedor ambulante se piensa a sí mismo como un futuro Rockefeller) ha sido ya internalizado por la mayoría de la población, la cual, trabajando cuarenta y ocho horas a la semana, confunde felicidad con consumo, percibiendo el quehacer político como una esfera mediada, como un asunto de “técnicos” que tienen a su cargo la administración del poder, con lo cual se rompe el vínculo entre representantes y representados propio del despliegue de cualquier forma democrática. El ejercicio de la política en estas condiciones se viene transformando en la práctica de una libertad inofensiva donde la masa de administrados sólo puede actuar en calidad de “electores” y donde los proyectos políticos que conciernen a toda la población se planifican con criterios de marketing, identificando, entonces, democracia y mercado. “Por una especie de automatismo verbal y mental –escribe José Saramago– que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco más que un conjunto de fórmulas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica”.

El debilitamiento de las formas orgánicas de circulación de la cultura política de las clases subalternas –partidos, sindicatos, agrupaciones populares– contribuye a facilitar esta autonegación de las potencialidades de la praxis política y de la misma identidad social de los actores. Sin conexiones orgánicas con otros procesos culturales, atomizado por el efecto coercitivo de los años de dictadura militar, desmoralizada por la frustración de sus expectativas democráticas, sin acceso a los medios de comunicación que crean en nuestro país la opinión, la sociedad chilena de los años 1990 no parece existir sino como consumidora y espectadora. La ausencia de referentes y de movimientos sociales y por la tanto de vasos comunicantes entre la actividad social y la creación intelectual que conlleva este gigantesco proceso de desagregación de la vida social propio de los años del pospinochetismo va generando, además, un conjunto de nuevos intelectuales que se piensan a si mismos como “productores de sentido” y que va construyendo –como dice el mismo Enzo Faletto que acabamos de citar– “la autoimagen de un grupo social que está por encima de los intereses de las clases, que es portador de una racionalidad que le es propia y que se asume casi como el portavoz de esa racionalidad”.

Es en este contexto de esta extrema y radical subalternización de los sectores populares y de importantes sectores de la población de nuestro país que aparece en el mes de noviembre del 2001, el Gramsci de Antonio A. Santucci, cuya primera edición castellana, a pesar de las características del período que comentamos, se agota en pocas semanas. ¿Cómo explicarnos este fenómeno? ¿Cómo explicarnos qué, en una sociedad donde la visión de mundo de la oligarquía del dinero contó con casi treinta años para destruir la cultura organizativa del movimiento popular y evacuar su memoria, los temas gramscianos, envilecidos por la derecha y adulterados por la “renovación socialista” y por el “transformismo” de izquierda, susciten todavía esta enorme atracción? Nosotros creemos que, más allá de las evidentes virtudes del trabajo de Antonio A. Santucci y de su capacidad de situar simple y concretamente la problemática teórica y política gramsciana en estrecha relación con las circunstancias históricas que las generaron, la favorable acogida que el libro encontró en los medios intelectuales chilenos resulta reveladora de la existencia, en estos comienzos del siglo xxi, de un momento nuevo, de desahogo y, eventualmente, de rearticulación en el despliegue de la sensibilidad política de los sectores democráticos de nuestra sociedad. Momento nuevo donde el Gramsci de Antonio A. Santucci aparece entonces íntimamente ligado a una dialéctica que da cuenta de la relación entre la obra y sus circunstancias, donde el texto genera sus propios lectores y, por así decirlo, retroalimenta su propia difusión, contribuyendo a volver a poner de pie el problema de la democracia y supliendo las lagunas sobre el tema que han existido en nuestro país. Momento nuevo que da cuenta de la pertinencia de la lectura de Gramsci en las actuales condiciones políticas en que vive Chile. Momento nuevo donde la fuerza del poder establecido no radica ya en su capacidad represiva (las fuerzas armadas, sin legitimidad política, no están por lo demás en condiciones de volver a utilizarla en forma masiva) sino en la confianza que el grupo dirigente tiene en que la internalización de las pautas de consumo por la vía de los medios de comunicación y la ausencia de modelo político alternativo pueden bastar por si solas para reproducir el sistema. Con ello el grupo dirigente se expone. El Gramsci de Antonio A. Santucci, al mostrarnos el intenso proceso existencial, intelectual y político del que –como dice Eric Hobsbawm–, “probablemente sea el pensador comunista más original que produjo Occidente en el siglo xx”, nos hace ver a un Gramsci inmensamente actual, a un Gramsci que nos permite avanzar en pos de nuevas viejas utopías, a un Gramsci plenamente vigente en las luchas que hoy comienzan a dibujarse en el horizonte, a un Gramsci cuya obra y cuyo ejemplo nos resulta de extrema utilidad para avanzar en la reivindicación democrática de la plusvalía, para avanzar en el control democrático de todas las instancias de la vida social, porque nos deja ver, en definitiva, a “un Gramsci que –como escribe José Aricó– sobrevive a la caída de todos los muros”. No se trata aquí de aquel “ottimismo della volontà” que popularizara el mismo Gramsci citando a Romain Rolland. La “virtual fuerza expansiva del pensamiento de Gramsci” de la que nos habla Valentino Gerratana y que hemos venido comentando en estas notas encuentra en el comienzo de este nuevo siglo un terreno favorable para enraizarse de una manera más firme en nuestro país y un momento particularmente oportuno en la atalaya que ofrecen a la memoria colectiva del pueblo chileno los treinta años del derrocamiento de Salvador Allende.
Referencias bibliográficas utilizadas en este escrito
S. Allende, “La vía chilena al socialismo y el aparato estatal actual”, in Salvador Allende, Obras Escogidas. Ediciones del Centro de Estudios Políticos Latinoamericanos “Simón Bolívar” y de la Fundación Presidente Allende (Madrid), Santiago de Chile, Editorial Antártida, 1992.
Antología de Antonio Gramsci, a cargo de Manuel Sacristán, Segunda edición, Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 1974.
J. Aricó, “Un pensamiento recorrido por la sospecha”, in Nueva sociedad, n 15, Caracas, septiembre-octubre de 1991.
L. Bortone, “La cultura politica dell’Italia unita”, in Storia d’Italia, coordinata da Nino Valeri, Seconda edizione, Vol. IV, Torino, Tipografica sociale torinense, 1965.
J. J. Brunner, “¿Por dónde va la Renovación Socialista?”, in El Mercurio, Santiago de Chile, 14 de enero de 1990 (entrevista a José Joaquín Brunner realizada por Lucía Santa Cruz).
J. J. Brunner, “Gramsci, un legado polémico”, in La Época, Santiago, 21 de mayo de 1990.
J. J. Brunner, “Gramsci: derecha e izquierda”, in La Época, Santiago, 1º de marzo de 1990.
A. Cortés, Gramsci: teoría política (Ensayo de interpretación y divulgación), Santiago de Chile, América latina libros, 1989.
A. Cortés “Socialismo renovador: hegemonía y democracia”, in La Epoca, Santiago, 10 de julio de 1990.
A. Cortés, “Brunner: la renovación que ignora”, in La Epoca, Santiago, 5 de abril de 1990.
Cuadernos del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz. nº 7, Santiago de Chile, octubre / diciembre de 1987.
G. Débord, La société du spectacle, Paris, Gerard Lebovici, 1989.
V. Gerratana, Gramsci. Problemi di metodo, Roma, Editori Riuniti, 1997.
E. Faletto, “¿Qué pasó con Gramsci?”, in Nueva sociedad, n° 115, Caracas, septiembre-octubre de 1991.
O. Fernández, “Tres lecturas de Gramsci en América Latina”, in Gramsci, actualidad de su pensamiento y de su lucha, con prólogo de Enzo Santarelli, Roma, Claudio Salemi, 1987.
J. E. García Huidobro, La concepción gramsciana del Estado, Santiago, Cide, Documento de trabajo, nº 8, 1980.
J. E. García-Huidobro, Gramsci y la escuela, Santiago de Chile, Cide, Documento de trabajo, nº 15, 1984.
A. Gramsci, Lettere dal carcere, a cura di Antonio A. Santucci, Palermo, Sallerio editore, 1996.
A. Gramsci, Quaderni del carcere, Edizione critica dell’Istituto Gramsci a cura de Valentino Gerratana, Torino, Einaudi, 1977.
A. Gramsci, “Discorso agli anarchici”, in L’Ordine Nuovo 1919-1920, en L’Ordine Nuovo, anno I, n º 43, 3-10 aprile 1920.
A. Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Traducción de Isidoro Flaumbaum, Prólogo de Hector Agosti, Buenos Aires, Lautaro, 1958 (Gramsci, Il materialismo storico e la filosofia de Benedetto Croce, (1949), Décima edizione, Torino, Einaudi, 1974).
A. Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura, traducción de Raúl Sciarreta, Buenos Aires, Lautaro, 1960 (A. Gramsci, Gli intellettuali e l’organizzazione della cultura, (1949), Décima edizione, Torino, Einaudi, 1974).
A. Gramsci, Literatura y vida nacional, traducción de José Aricó, prólogo de Héctor Agosti, Buenos Aires, Lautaro, 1961 (A. Gramsci, Letteratura e vita nazionale, (1950), Ottava edizione, Torino, Einaudi, 1974).
A. Gramsci, Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado moderno, prólogo, traducción y notas de José Aricó, Buenos Aires, Lautaro, 1962 (A. Gramsci, Note sul Machiavelli, sulla política e sullo Stato moderno, (1949), Torino, Einaudi, Ottava edizione, 1974).
A. Gramsci, Passato e Presente, (1951), Settima edizione, 1974.
A. Gramsci, Il Risorgimento, (1949).
A. Gramsci, Maquiavelo y Lenin, Selección y prólogo de Osvaldo Fernández, Santiago, Nascimento, 1971.
Gramsci, actualidad de su pensamiento y de su lucha, prólogo de Enzo Santarelli, Roma, Claudio Salemi, 1987, p. 1.
Gramsci, la nueva forma de penetración marxista, Seminario realizado en Santiago de Chile, del 9 al 21 de noviembre de 1987, Communio, s/l, s/f.
E. Hobsbawm, “El gran Gramsci”, in El pensamiento revolucionario de Gramsci, Universidad Autónoma de Puebla, octubre de 1978, 175-198.
“La hegemonía cultural, desafío de hoy”, entrevista a Augusto del Noce, y Flavio Cappuci in El Mercurio, Santiago de Chile, 18 de mayo de 1986.
A. Leal, Gramsci. La ciudad futura, Santiago de Chile, Documentas, 1991.
M. Loyola, Recensión de Gramsci, de A. A. Santucci, in Oïkos, año v, nº 13, 2001
H. Madariaga, Recensión de Gramsci, de A. A. Santucci, in Revista de Sociología, nº 15, 2001, Departamento de Sociología, Facultad de ciencias sociales, Universidad de Chile, pp. 109-110
A. Maestro, “La instrumentación gramsciana de la cultura”, in El Mercurio, Santiago de Chile, 9 de agosto de 1987
J. Massardo, Investigaciones sobre la historia del marxismo en América latina, Santiago de Chile, Bravo y Allende Editores, 2001.
J. Massardo, “Leer a Antonio Gramsci…”, in Investigación y crítica, publicación del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad Arcis, Santiago de Chile, n° 6, 2001, pp. 185-213.
T. Moulian, Democracia y socialismo en Chile, Santiago, Flacso, 1985.
O. Y., Recensión de Gramsci, de Antonio A. Santucci, in Le Monde diplomatique (versión castellana, edición chilena), año II, n° 6, Santiago de Chile, marzo del 2001
H. Portelli, Gramsci et le bloc historique, Paris Puf, 1972.
J. C. Portantiero, Los usos de Gramsci, Cuadernos Pasado y Presente nº 53, México, 1977, pp. 1-84.
Recensión de Gramsci, de Antonio A. Santucci, Revista de libros, in El Mercurio, Santiago de Chile, 24 de marzo del 2001.
R. Rossanda, “La revolución italiana”, in El pensamiento revolucionario de Gramsci, Universidad Autónoma de Puebla, octubre de 1978, pp. 81-91.
A. A. Santucci, Senza comunismo, Labriola, Gramsci, Marx, Roma Editori Riuniti, 2001.
A. A. Santucci, Gramsci, Santiago de Chile, Bravo y Allende Editores, 2001 (original editado en Roma, Newton e Compton editori, 1996).
A. A. Santucci, “Per la verità: intelletuali, classe, potere”, in Gramsci e la rivoluzione in Occidente, Roma, Editori Riuniti, 1999, pp.. 301-311.
A. A. Santucci, Antonio Gramsci 1891-1937, Guida al pensiero a agli scritti, Roma Editori Riuniti, 1987.
A. A. Santucci, “El nexo política-cultura en Gramsci”, in Cuadernos del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, nº 7, Santiago de Chile, octubre / diciembre de 1987, pp.. 10-17.
A. A. Santucci, “El Gramsci de los años 30 sigue vigente”, in Análisis, Santiago de Chile, enero de 1990, pp. 53-54.
J. Saramago, “Este mundo de la injusticia globalizada”, in Le Monde diplomatique (versión chilena), nº 17, marzo del 2002.
Seminario “Teoría política en Antonio Gramsci”, 11 al 27 de abril de 1989. Folleto del Centro de estudios Avance.
T. Valdivia, “Gramsci y el Marxismo, otra forma de concebir la política”, in Mensaje, nº 277, Santiago de Chile, marzo / abril de 1979, pp. 140-145.
T. Valdivia, “Gramsci y la cultura”, in Mensaje, nº 285, Santiago de Chile, diciembre de 1979, pp. 828-836.
F. Zerán, “Enzo Faletto rompe tres décadas de silencio. Necesitamos una nueva ética de comportamiento”, Entrevista a Enzo Faletto, in El Rocinante, año V, nº 41, marzo del 2002.