10/9/15

La metodología del marxismo en el pensamiento de Gramsci

Antonio Gramsci
Stefania Morgante
Cesare Luporini   |   Este título –«La metodología del marxismo en el pensamiento de Gramsci»– podría dar lugar a un equívoco que es necesario eliminar de inmediato. Podría llevar a atribuirnos el propósito de reconstruir lo que es esencial, filosóficamente, en el pensamiento de Gramsci, como un esfuerzo por comprender e interpretar el marxismo como si fuera una pura o mera metodología (quedando por determinar cuál sería el objeto de esta metodología).

Intentos parecidos, respecto al marxismo, se hicieron, como es notorio, hace tiempo, y tienen toda una historia que no es la ocasión propicia para juzgar y mucho menos para liquidar en bloque y en abstracto, es decir, independientemente del contexto de los problemas y de las reglas teóricas y de las concretas situaciones culturales en las que se originaron. Se trata, aparentemente, de una vieja cuestión, y habrá quien no dejará de recordar cómo Croce, en sus escritos de fin de siglo acerca del marxismo, negará sin más, que el marxismo, o más exactamente, el «materialismo histórico» (con cuya indicación se apuntaba entonces a comprender toda la doctrina) pueda considerarse un «método», mientras que le negaba también el carácter de «teoría», reduciéndolo finalmente a un empírico «canon de interpretación histórica». 

Aquí, al historiador de las ideas le interesa sobre todo la convergencia de las negaciones, que aparecen como síntoma de una peculiar actitud de un pensamiento en formación. Más tarde, en efecto, Croce identificará la «teoría», mejor dicho, la filosofía (toda la filosofía, es decir, su filosofía) con la «metodología de la historia». Esa degradación del marxismo, de «método» a «canon», implicaba, a fortiori, también la negación (contra Labriola, con quien Croce sostenía una discusión) de que el marxismo fuera una «filosofía», o sea, una autónoma concepción de la realidad.

En el clima filosófico actual la palabra «metodología» se presenta cargada de nuevas sugestiones y determinadas referencias a doctrinas y tendencias filosóficas que no estaban muy desarrolladas en los años de Gramsci, y por lo tanto, entonces, inoperantes en Italia. Se trata de intereses surgidos en un terreno diverso al de la investigación histórica y las ciencias humanas (política, economía, sociología, psicología, etc.) aunque estos intereses, hoy, tratan de alguna manera de asumirlas; precisamente en el ámbito de las investigaciones de carácter lógico y «lingüístico» en torno a las estructuras íntimas y a los procedimientos de las ciencias matemáticas y físicas. Tales investigaciones parecieran comportar una actitud mental diametralmente opuesta a lo recién señalado, en el Croce de la madurez, en quien toda la filosofía se resuelve en una única metodología (la metodología, al menos que nos interesa, del conocimiento de lo concreto, o sea, de la «historia»). Si estas tendencias filosóficas quedaron, en lo que entonces eran sus comienzos (y con más exactitud deberíamos decir: en lo que fue su primera fase de desarrollo), desconocidas para Gramsci, sería equivocado, creo, considerarlas como extrañas, de manera radical, a su mentalidad. En efecto, los Quaderni dal carcere se nos presentan muy ricos en observaciones, principios, creencias, sugerencias críticas particulares de carácter «metodológico», referentes a sectores o campos determinados de la investigación científica (aunque no directamente concernientes a las ciencias matemáticas y físicas, de las que Gramsci no tenía experiencia), y pertenece a él la afirmación de que «cada investigación tiene su método determinado y construye una determinada ciencia». Someter estos postulados gramscianos a un estudio y a un desarrollo sería, sin duda, algo realmente alentador —y quiero agregar, además, que deberían estar de acuerdo con ese clima filosófico actual en el cual respiran también en nuestro país, buena parte de las jóvenes generaciones especialistas en filosofía—. Indudablemente, esos principios señalan algunos de los intereses más originales de Gramsci.* Ellos, sin embargo, no son separables —si queremos entenderlos en su total dimensión, si no queremos cometer un atropello intelectual— de la metodología del marxismo tal como vive y actúa en Gramsci: es decir, del procedimiento efectivo mediante el cual él elabora los problemas concretos que lo preocupan. Destacar esta efectiva metodología, implícita o explícita, es la tarea primera; y esto es lo que queremos esclarecer.

Ahora bien, justamente en este punto podría surgir el equívoco al que me refería anteriormente. Es conveniente, por lo tanto, declarar de inmediato que el marxismo no es para Gramsci solamente un «método», sino que es una filosofía, en cuanto es una integral y «general» concepción de la realidad o, como él acostumbra a decir, siguiendo las huellas de Labriola, es una «concepción del mundo»." En el pensamiento de Gramsci el momento metódico (que se refiere al conocer y al actuar práctico) y el momento de la «concepción del mundo» se condicionan y prueban recíprocamente, y no son separables sin que se produzca una grave deformación. No se trata solamente de la prueba —ya que ésta podríamos obtenerla con sólo citar numerosos párrafos—, sino del nexo profundo, orgánico, de su pensamiento.

Quisiera aquí llamar la atención, por un momento, sobre un punto que, al menos para los filósofos «especialistas», pero quizás no sólo para ellos, considero no indiferente. Esta posición de Gramsci permite concebir que la filosofía es siempre de alguna manera «concepción del mundo». Esto para Gramsci no era objeto de discusión. Plantear que se puede proponer la idea de una filosofía como «strenge Wissenschaft», ciencia rigurosa, justamente como contraposición a la Weltanschauung, y en cierta manera separada de ésta, era una tesis que aún no había tenido, prácticamente, divulgación en Italia, en los años en que Gramsci escribía (y, por otra parte, si no me equivoco, tampoco en Francia). Ella había sido presentada por Husserl en 1911, en un escrito que considero de gran interés para la historia de la cultura filosófica europea de este siglo (de ese ideal que Husserl venía elaborando desde hace tiempo y aplicando su método). Menciono esto porque esta tesis se nos presenta, históricamente, como la anunciadora de muchas direcciones posteriores y de muchos procedimientos conceptuales (no me refiero sólo a la fenomenología husserliana, sino a las corrientes —de origen muy distinto— que precisamente gustan llamarse «metodológicas») que se difundieron ampliamente, y que hoy señorean en el mundo filosófico, y con las cuales el marxismo no puede dejar de estar en discusión.




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