8/6/15

Práctica, práctica productiva y crisis: Gramsci, Wittgenstein & Sraffa

Ilustración: Wittgenstein,Sraffa & Gramsci
Guido Seddone   |   La filosofía suele recelar cuando se establece un procedimiento social dominante, debido al riesgo de polarización o centralización del poder político y financiero por partidos o clases sociales a menudo minoritarios. El siguiente paso para el establecer un procedimiento social es justificarlo, lo que en el ámbito marxista por lo general se define como ideología. Esa ideología tiene una base filosófica, ya que implica y requiere una unidad coherente de pensamiento y una concepción de la realidad que difiere del sentido común en el hecho de no estar fragmentada y ser ocasional. Además, el elemento ideológico se expresa tanto a través de las teorías económicas y políticas como de un marco legal e institucional que permite la preservación y la estabilidad de las actividades de producción y de los equilibrios sociales resultantes. 

Una consecuencia directa de esta estabilidad de la economía y la producción es el hecho de que la ideología tiende a "esconder" las crisis sociales, económicas y políticas provocadas como resultado del procedimiento y su marco socio-económico dominante. Un sistema ideológico es por necesidad un sistema que protege y justifica los intereses especiales y las actitudes individuales en detrimento de todo el sistema social y productivo en el que se inserta.

Los componentes de un sistema ideológico son variados e incluyen teorías económicas, principios jurídicos, interpretaciones históricas, principios filosóficos, etc.. Debido a su carácter teórico y autorreferencial no protege a toda la comunidad y se aplica a prácticas sociales y productivas que están relacionadas con muchas más personas que las que determinan la propia ideología. Se da la circunstancia de que el hombre ordinario, que Gramsci llama el hombre-masa1, se somete a la ideología y la práctica social dominante acrítica e inconscientemente hasta convertirse en un instrumento de la clase dominante, una clase que ha desarrollado una concepción teórica de la realidad para salvaguardar sus intereses. En este trabajo se analiza la relación teórica entre la práctica y la crisis y se confronta con la obra de tres pensadores que comparten un fuerte interés por el carácter inherente de las prácticas sociales y una cierta desconfianza de las teorías que se pretenden independientes del contexto general e histórico .
La brecha entre la teoría y la práctica: Gramsci
La brecha entre la teoría y la práctica ha sido objeto de una amplia reflexión de Gramsci, en particular durante el período de su encarcelamiento, que han encontrado una excelente formulación en el cuaderno 11, escrito entre 1932 y 1933 y que lleva el título de Introducción al estudio de la filosofía. El principal objetivo del ensayo es la subordinación intelectual de las masas, el papel emancipador de la filosofía y, sobre todo, la primacía de la práctica sobre la teoría. La subordinación de las masas se entiende como una consecuencia del hecho de que las personas, en la medida en que pertenecen a una comunidad histórica específica con normas precisas y métodos de producción, son incapaces de desarrollar una concepción coherente y unificada de la realidad y de su contexto social, sólo un saber fragmentario y ocasional 2. Aunque la pertenencia a un determinado grupo social está determinada por el hecho de compartir la misma forma de pensar y de funcionar, la ausencia de una concepción crítica implica la subordinación a los factores teóricos que determinan su marco político, jurídico, económico e institucional. En efecto, la afirmación de una visión del mundo sobre otra no es siempre una expresión de pertenencia a un grupo social y de la práctica cooperativa, sino que a menudo es, por el contrario, la expresión de una teoría libre de la actividad real y productiva. Como Gramsci señala con razón, esta brecha entre la teoría y la práctica, en paralela a la falta de desarrollo de un pensamiento crítico generalizado y es el responsable de la subordinación de las masas al grupo socialmente hegemónico 3. El hecho de que todo un sistema de producción, representado por lo que el lenguaje marxista del siglo XIX llama "trabajadores" y que ahora estaríamos más dispuestos a llamar modernamente "ciudadanos", pueda estar subordinado a una concepción del mundo que ha evolucionado independientemente de la práctica, las necesidades individuales y la razón por las cuales la actividad teórica debería estar, según Gramsci, profundamente determinada. De hecho, la posible aparición de una ideología que deja "al ‘simple’ en su filosofía primitiva de sentido común" 4, es un impedimento para el surgimiento de una concepción unitaria, de una expresión directa de la práctica cooperativa y productiva. El fracaso del desarrollo de una concepción unitaria permite que la ideología dominante, que se justifica a través de una cultura conformista, pueda apoyar y justificar la aparición de actitudes individualistas y oportunista en el seno de la dimensión material de la producción. La subordinación intelectual y social de las masas causadas por el desarrollo de una teoría social separada de la práctica es fuente de desequilibrios económicos y desigualdades sociales porque las masas, creadoras de las actividades productivas, no están en condiciones de desarrollar de forma independiente una concepción de la realidad conforme a su identidad. Se someten a una ideología que les es profundamente ajena y que también es causa de la explotación de su trabajo.

El enfoque de Gramsci revela una concepción innovadora de la crisis económica en relación a Marx. De hecho, mientras que Marx concibe la crisis económica como un hecho inherente a la relación desequilibrada entre la producción y los salarios, para Gramsci, la crisis es una cuestión que concierne a la aplicación inadecuada de teorías económicas y de estructuras legales a prácticas originalmente ajenas a esas teorías. Prácticas que han fracasado o han sido incapaces de desarrollar una visión unificada de la realidad, y que arriesgan, por su contraste con esa realidad, entrar en crisis, una crisis que implica un desmoronamiento de su carácter unitario y cooperativo 5 . El conflicto que pensaba Gramsci en estas páginas es un conflicto interno a un organismo social, dividido entre la inmanencia de sus actividades de producción y el extrañamiento de instituciones inadecuadas, generadas en el campo teórico. La separación entre la teoría y los hombres masa puede ser superada a través de una visión alternativa de intelectuales responsables cercanos a la practica, capaces de desarrollar teorías apropiadas que lleven a los "hombres masa" a una conciencia crítica, a un saber unitario y no ocasional. A través de la difusión de la filosofía y el conocimiento crítico se puede preservar el carácter original unitario de la práctica cooperativa del peligro de su disolución y explotación por parte de intereses extranjeros e individualistas. La hegemonía es, para Gramsci, la situación política en la que todo un grupo social ha llegado a ser consciente de su identidad porque ha sido capaz de desarrollar un conocimiento y comprensión del mundo unitario y no ocasional 6. También es una situación en la que se preserva el carácter unitario y coherente de la actividad productiva, porque se eliminan de los conocimientos y la conciencia colectiva los factores determinados de manera individual. En una situación de hegemonía, las crisis sociales y económicas se pueden superar a través de la transformación unitaria y coordinada de todo el marco practico sin necesidad de hacer uso de las teorías económicas, políticas o filosóficas de las clases políticas e intelectuales ajenos. De esta manera, la dimensión casi utópica del fin del conflicto y la crisis se puede lograr elevando las prácticas y sus miembros a un estado de conocimiento y conciencia críticos. La tarea de la filosofía es exactamente no ser un saber exclusivo de una pequeña élite sino difundirse en el sistema de producción con el fin de preservarlo desde el interior, es decir mediante los propios mecanismos de la producción 7. De hecho, el sentido común es considerado por Gramsci como la forma embrionaria de la filosofía de la práctica, porque a través de ella se puede desarrollar un sentido de la realidad y un sentido de identidad social. La tarea del filósofo y del intelectual es precisamente elevar este sentido común al rango de saber coherente y unificado, a fin de reforzar el carácter unitario y cooperativo de la actividad productiva y preservarla de la disolución y de su explotación por parte de las tendencias individualistas.
Wittgenstein y Sraffa
La brecha entre la teoría y la práctica es considerada por Gramsci como la causa principal de la desigualdad social, los conflictos y los desequilibrios económicos, ya que impide la elevación del sentido común a conocimiento crítico y promueve la formación de un conocimiento ajeno a la dimensión práctica y productiva de la sociedad. El filósofo sardo fue así el iniciador de una "filosofía de la práctica" que tendrá un seguimiento importante en Cambridge a través de la obra de Piero Sraffa y Ludwig Wittgenstein. Como Amartya Sen también pone de relieve en su artículo “Sraffa, Wittgenstein, y Gramsci” (2003), el punto de inflexión del pensamiento de Wittgenstein fueron, como admitió el mismo filósofo vienés 8, sus conversaciones con Sraffa durante los años 30 en Cambridge, donde ambos ejercían de académicos. De hecho, Wittgenstein había obtenido una beca en 1929 en la Facultad de Filosofía, mientras que Sraffa enseñaba ya desde 1927 en la Facultad de Economía. Según una famosa anécdota, Sraffa indujo a Wittgenstein a revisar su teoría de la forma lógica de las proposiciones elementales cuando, durante una conversación en el tren, le preguntó como ilustrar la forma lógica de un típico gesto napolitano de escepticismo. La teoría de Wittgenstein, formulado en el Tractatus se basa en la suposición de que toda proposición lingüística y lo que describe deben tener la misma forma lógica, pero esto no explica todas aquellas declaraciones de los lenguajes naturales que tienen un carácter puramente práctico y comunicativo. La conversación con Sraffa llevó a Wittgenstein a reflexionar sobre la relación entre significado y uso, y llegar a la formulación del concepto de "juego lingüístico". En el lado italiano, entre Sraffa y Gramsci existía una estrecha amistad desde principios de los años 20 y sus encuentros continuaron incluso durante el cautiverio de Gramsci; Este vínculo explicaría, según Sen, tanto la teoría económica de Sraffa como su influencia en Wittgenstein 9. Además, ¿cómo podemos negar que el siguiente pasaje de los Cuadernos no pudiera ser atribuido a las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein?:
“Por la propia visión del mundo siempre se pertenece a un determinado grupo, y precisamente a aquel cuyos elementos sociales comparten la misma manera de pensar y de operar. Se es conformista siempre de un conformismo, se es siempre hombre-masa u hombre-colectivo”. 10
Más allá de las relaciones biográficas, el interés de Wittgenstein en la naturaleza práctica del significado y de las proposiciones sintetiza la atención que prestó a la dimensión de la práctica histórica en la que se modula una lengua y una cultura más que a los aspectos formales y de desarrollo metodológico del lenguaje científico. Lo que une a Wittgenstein con Gramsci es la idea de que la dimensión cooperativa y práctica de la comunicación no debería ser distorsionada por un aparato teórico ajeno a ella, sino más bien ser representado como un sistema espontáneo y cooperativo de estructuras relacionadas entre sí 11. Aunque Wittgenstein no se detiene en los aspectos políticos o sociales de su filosofía de la práctica, si nos da una indicación importante sobre lo que debería ser la tarea de la filosofía. La filosofía debería desempeñar una acción terapéutica contra esos comportamientos teóricos que aspiran a determinar el curso práctico de un grupo social desvinculando el significado de las proposiciones que utiliza 12>. La crisis es para Wittgenstein el resultado de la desconexión con el ámbito práctico a favor de una actitud teórica que olvida el carácter integral del hecho lingüístico, es decir, el hecho de que las proposiciones de una lengua están conectadas de una manera unificada a una dimensión social en la que los hombres operan y prosperan. Valorizar la práctica significa superar el conflicto que la teoría establece con ellos y hacer hincapié en el comportamiento humano como esencialmente práctico y cooperativo. El pensador vienés no explora los temas de la vida social o económica, por el contrario, tiende a extender su reflexión sobre cuestiones existenciales y teológicas. La crisis en su caso pertenece a la esfera privada del pensamiento, pero la terapia adecuada es, en cambio, la dimensión pública y las prácticas sociales. Sin embargo, por sus ideas se puede deducir que el conflicto, de cualquier naturaleza que sea, psicológico, personal, social o económico, surge de la separación individualista y teórica de la dimensión práctica y social implicadas. El conflicto y la crisis surgen, por tanto, de los elementos teóricos injertados en el análisis de las prácticas sociales con el fin de determinar su curso 13.

La nueva sabiduría que surge del análisis de las prácticas humanas que comparten Gramsci y Wittgenstein encuentra una formulación interesante en la teoría económica de Sraffa. Esta teoría no se sitúa en la tradición marxista, pero contiene sin embargo, como la de Keynes, una concepción de la producción como trabajo. En su Production of Commodities by Means of Commodities: Prelude to a Critique of Economic Theory (1960) 14, Sraffa aporta una crítica al concepto económico clásico de que el beneficio individual en una situación de libre mercado es la consecuencia de la concentración de la tecnología, el conocimiento, la maquinaria y el control del proceso de producción. Se considera el beneficio, por tanto, como un interés que madurará en los méritos y logros objetivos y no se pone en relación con la propia producción. La crítica de Sraffa muestra, por el contrario, que este enfoque no relaciona el beneficio con el presente económico y lo desvincula sistemáticamente de la prácticas productiva. Si, por el contrario, el beneficio se reduce, las teorías económicas clásicas atribuyen esta caída en los ingresos a las nuevas condiciones del mercado, que podrían haber hecho obsoletas ciertas técnicas de producción o determinados equipos. Según Sraffa, sin embargo, el beneficio es siempre debido a las condiciones generales de la práctica productiva que hacen posible un aumento o una disminución de los beneficios del capital acumulado. Ello permite tener en cuenta los aspectos sociales y políticos de la producción, y no sólo los técnicamente financieros. De hecho, el incremento del beneficio se puede atribuir a la disminución de los salarios, la explotación laboral o, en general, a la contribución de todos los factores productivos. Nuestro autor, por medio de una interpretación amplia de la práctica productiva, supera la visión liberal de que el interés  sobre el capital se puede atribuir principalmente a la calidad de los méritos personales acumulados (habilidades, equipo, técnicas de producción, etc.) y puede afirmar que el beneficio individual siempre se puede explicar en el contexto de un amplio sistema de producción en el que cada miembro hace su contribución.

Esta atención a la práctica productiva induce a Sraffa también a revisar el problema económico clásico relativa al valor y al precio de los productos. Como acertadamente observa Sen 15 , antes de Sraffa tanto la teoría económica clásica como la marxista explicaban el valor de las mercancías recurriendo a los conceptos de "útil" y de "utilidad individual". Desde el punto de vista de Sraffa, este enfoque tiene la limitación de utilizar factores individuales para explicar los procesos de cooperación y pretender determinar el valor y el precio de los productos únicamente por el interés individual. De hecho, defender el carácter individual del beneficio, la utilidad, la satisfacción de las necesidades y la explotación del trabajo implica introducir factores potencialmente conflictivos en una práctica originalmente cooperativa. También implica teorizar una escisión perenne de los intereses personales de cada persona que participa en la producción, el progreso y el crecimiento económico. Expresado en términos epistemológicos, significa el uso de nociones hipotéticas para explicar fenómenos que son observables en términos de estímulo / respuesta. De hecho, asumir una utilidad personal para determinar el precio, por ejemplo, del oro implica nociones hipotéticas como "el precio sube porque poseer oro hoy proporciona un refugio seguro", o "el precio baja porque si se vende hoy el oro podría ganarse más que cuando se compró". En consecuencia, el valor y el precio de los productos no dependen de actitudes mentales individuales que se puedan explicar mediante la noción de lucro y haciendo uso de ejemplos hipotéticos, sino de las condiciones materiales de la producción y el intercambio históricamente observables en tanto que forman parte de la actividad productiva.

Las teorías económicas de Sraffa, aunque no son marxistas, estuvieron sin duda influidas por su relación personal y profesional con Gramsci. Ambos hacen hincapié en el carácter inmanente de la práctica y la confusión que surge en la investigación de factores ajenos a ella. Sraffa demuestra admirablemente que considerar el beneficio individual como el resultado exclusivo de una capitalización de la experiencia, los recursos financieros, los equipos, las tecnologías, etc.. no refleja todas las condiciones y prácticas sociales que forman la base de ese beneficio. Esa actitud teórica es, sin embargo, uno de los principales motivos de crisis y conflicto en las sociedades liberales, ya que no distingue los factores individuales de las condiciones sociales e institucionales que favorecen el beneficio y abre una brecha entre el interés personal y la tendencia económica general.
Conclusión
Los tres autores considerados en este trabajo comparten la idea de que la noción general de crisis (personal, social, política o económica) puede explicarse como un conflicto entre las actitudes teórica individualistas y la tendencia histórica en el contexto práctico en el que operan. Ser fiel a la práctica tiene la ventaja de evitar el uso inapropiado del lenguaje (Wittgenstein), para facilitar la comunicación entre los intelectuales y los hombres-masa y para elevar el sentido común a saber crítico (Gramsci) y finalmente para no explicar el beneficio económico exclusivamente en términos del mérito individual (Sraffa). Esto significa que estos tres autores identifican las razones del conflicto y de la crisis en términos de "querer salir" del lenguaje y de superar las prácticas escindidas y se sitúan en contraposición a ellos. De los tres, Gramsci es seguramente el que ve en la filosofía de la práctica más posibilidades para comprender los factores históricos complejos de las desigualdades económicas y la exclusión social. Gramsci, de hecho, critica el desarrollo de las teorías y conocimientos que están escindidos de la práctica productiva real y que, en consecuencia, favorecen la subordinación intelectual y política de las masas en beneficio de unos pocos individuos. La falta de elevación del sentido común en conocimiento crítico y su mantenimiento en la etapa embrionaria del conocimiento son, según él, la razón principal de la crisis económica, ya que impide que lo que llama de manera abstracta "grupos sociales" evolucionen de manera uniforme y unitaria hacia una concepción sostenible de la realidad. Hacer frente a una crisis significa, por lo tanto, hacer frente a un planteamiento teórico separado de las actividades humanas reales, que es posible superar redescubriendo y preservando el carácter unitario y cooperativo originario de la práctica productiva.
Notas
1 A. Gramsci, Quaderni dal carcere, Vol. II, Einaudi, Turín 1977, p. 1376.
2 Ibid: "Por la propia visión del mundo siempre se pertenece a una agrupación particular, a saber la de todos los elementos sociales que comparten la misma manera de pensar y actuar ... Cuando la visión del mundo no es crítica, y coherente, sino ocasional y disgregada, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres-masas, la propia personalidad es un extraño compuesto: se encuentran en ella elementos del hombre de las cavernas y los principios de la ciencia más moderna y avanzada, prejuicios de todas las etapas históricas pasadas estrictamente localistas e intuiciones de una filosofía futura que será propia del genero humano unificado mundialmente".
3 Ibid, p. 1379: "Se refiere a un grupo social, que tiene su propia concepción del mundo, aunque embrionaria, que se manifiesta en la acción, y luego de vez en cuando, a veces, es decir, cuando un grupo de este tipo se mueve como un todo orgánico, dada su sumisión y subordinación intelectual, toma prestada una concepción que le es ajena de otro grupo y utiliza sus palabras, y también cree aplicarlas, porque las aplica en "tiempos normales", es decir, cuando su conducta no es independiente y autónoma, sino precisamente sumisa y subordinada".
4 Ibid, p. 1384.
5 Ibid, p. 1385: "El hombre-masa activo actúa de forma práctica, pero no tiene una clara conciencia teórica de sus acciones en tanto que conocimiento del mundo porque lo transforma. Su conciencia teórica de hecho puede ser históricamente contradictoria con su trabajo. Casi se puede decir que tiene dos conciencias teóricas (o una conciencia contradictoria), uno implícita en su trabajo y que realmente lo une a todos con los que colabora en la transformación práctica de la realidad y otra superficialmente explícita o verbal que ha heredado del pasado y que aceptó sin crítica".
6 Ibid, pp. 1385-1386: "Es por eso por lo que hay que subrayar que el desarrollo político del concepto de hegemonía representa un gran avance filosófico y político-práctico, porque implica necesariamente y supone una unidad intelectual y una ética conforme con una concepción de la realidad que ha superado el sentido común y se ha convertido, aunque dentro de límites aún restrictivos, en crítica".
7 Ibid, p. 1375: "Hay que destruir el prejuicio generalizado de que la filosofía sea algo muy difícil por el hecho de ser la actividad intelectual de una categoría particular de especialistas científicos o filósofos profesionales o sistémicos. Por tanto, es necesario probar de antemano que todos los hombres son "filósofos", definiendo los límites y las características de esta ‘filosofía espontánea’..."
8 L. Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, Einaudi, Torino 1983, prólogo del autor, pág. 4: "Más aún que a esta crítica [de Ramsey, nota de Seddone]  — siempre potente y certera — le debo a la que un profesor de esta Universidad, el Sr. P. Sraffa, ha practicado durante muchos años sin interrupción sobre mis pensamientos. A este aguijón le debo las ideas más ricas en consecuencias de este escrito”.  Se sigue aquí la traducción al español de Alfonso García Suárez y Ulises Moulines, Ed. Altaya 1999.
9 A. Sen, “Sraffa, Wittgenstein and Gramsci” en el Journal of Economic Literature, Vol. 41, No. 4 (diciembre, 2003), pp. 1240-1255, p. 1245: "En qué medida las ideas de Sraffa están vinculadas con Gramsci, y cómo se influyeron entre sí, son temas para futuras investigaciones. Pero es plausible argumentar que, de una manera u otra, Sraffa estaba bastante familiarizado con los temas a los que Gramsci se dedicó en los años veinte y principios de los treinta. No es muy difícil comprender por qué el programa del Tractatus de Wittgenstein le habría parecido profundamente equivocado a Sraffa, dado el círculo intelectual al que pertenecía. Tampoco es difícil ver por qué la fecundidad de "la vía antropológica" –por nueva y trascendental que le pareciese a Wittgenstein- para Sraffa fuese algo bastante evidente".
10 A. Gramsci, Quaderni dal carcere, Vol. II, cit., P 1376.
11 L. . Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, cit, § 108: "Reconozcamos que lo que llamamos "proposición" y "lenguaje", no es la unidad formal que imaginé, sino que es la familia de estructuras más o menos emparentadas entre sí . - ¿Pero en qué se convierte ahora la lógica? Su rigor parece deshacerse.— ¿Pero no desaparece enteramente por eso?— ¿Pues cómo puede la lógica perder su vigor? Naturalmente, no porque se le rebaje algo de su vigor.— El prejuicio de la pureza cristalina sólo puede apartarse dándole la vuelta a todo nuestro examen".
12 Ibid, § 133. En cuanto a la primacía de la práctica hay que considerar, entre otros, también § 129: "Los aspectos de las cosas más importantes para nosotros están ocultos por su simplicidad y cotidianeidad. (Se puede no reparar en algo — porque siempre se tiene ante los ojos). Los fundamentos reales de su indagación no le llaman en absoluto la atención a un hombre. A no ser que eso le haya llamado la atención alguna vez.— Y esto quiere decir: lo que una vez visto es más llamativo y poderoso, no nos llama la atención".
13 Ibid, § 199: "¿Es lo que llamamos «seguir una regla» algo que pudiera hacer sólo un hombre sólo una vez en la vida? — Y ésta es naturalmente una anotación sobre la gramática de la expresión «seguir una regla». No puede haber sólo una única vez en que un hombre siga una regla. No puede haber sólo una unica vez en que se haga un informe, se dé una orden, o se la entienda, etc. — Seguir una regla, hacer un informe, dar una orden, jugar una partida de ajedrez son costumbres (usos, instituciones)".
14 P. Sraffa, Production of Commodities by Means of Commodities: Prelude to a Critique of Economic Theory, Cambridge University Press, Cambridge, 1960.
15 A. Sen, “Sraffa, Wittgenstein and Gramsci” en el Journal of Economic Literature, Vol. 41, No. 4 (diciembre, 2003), pp. 1240-1255, p. 1250: "De hecho, es importante recordar, en este contexto, la importancia que se ha atribuido en general, en la perspectiva de la economía política clásica y la economía marxista, no sólo al trabajo y la producción, sino también a la idea de "valor de uso" (y su concepto sucesor en la forma de satisfacción -o "utilidad"-, que las mercancías puedan generar o tener). La comparación entre las dos teorías rivales del valor en la forma de la teoría del valor trabajo y la teoría utilitarista se considera interesante precisamente porque ambas hacen proposiciones con consecuencias sociales; en ningún caso se intenta negar la naturaleza del interés social en la teoría utilitarista en tanto que una teoría del valor".

Guido Seddone es profesor de investigación filosófica en la Facultad de Historia, Ciencias Humanas y Pedagogía de la Universidad de Sassari (Cerdeña), Italia
Traducción del italiano por G. Buster
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