20/4/15

La praxis en el pensamiento de Adolfo Sánchez Vázquez

Adolfo Sanchez Vazquez
✆ Cristina Serrano Ortuño
Gramsci constituyó una fuente imprescindible en el devenir creador de Sánchez Vázquez
 Su profundización en Marx le permitió comprender mejor a Gramsci

Manuel Uc Sánchez   |   Sobre la base de las Tesis sobre Feuerbach de Marx, obra en la que se expone epigramáticamente el núcleo teórico de la revolución marxista en la historia de la filosofía y en la concepción de la historia, surge un conjunto de autores que perciben dicha propuesta como filosofía de la praxis. Ejemplos ilustrativos son, entre los más relevantes: Antonio Labriola, seguido por Antonio Gramsci, G. Lukács, K. Korsch, los fundadores de la Escuela de Frankfurt y a partir de los años 50, participan en esta dirección crítica Maurice Merleau-Ponty y de la Revista Praxis Gajo Petrovic y Mihailo Markovic. Se destacan, además, los representantes de la Escuela de Budapest (Agnes Heller, Ferenc Feher, etc.) así como Karel Kosik de Checoslovaquia y las reflexiones del francés Jean Paul Sartre, entre otros1, incluyendo desde luego al Dr. Adolfo Sánchez Vázquez.

Adolfo Sánchez Vázquez forma parte de ese grupo de marxistas creadores que concibe el marxismo como filosofía de la praxis, de la subjetividad, en oposición al dogmatismo objetivista de orientación positivista que desvirtuó la esencia de la filosofía del proletariado. En él, como bien lo ha confesado, influyó determinantemente la propia obra del marxismo original. Y por supuesto, todo ese movimiento renovador que fue capaz de ver más lejos, particularmente Gramsci y Lukács. Sin estos antecedentes resulta difícil entender las aportaciones hechas por el filósofo mexicano, en su obra creadora.

En tiempos difíciles para el marxismo, cuando la teoría original de Marx, Engels, Lenin y otros seguidores, ha sido desvirtuada hasta convertirse en un sistema dogmático, dominado por una política que no respondía a los propósitos transformadores de dicha filosofía humanista, ni al verdadero ideal del proletariado, Adolfo Sánchez Vázquez se propone rescatar el espíritu creador del marxismo, como filosofía de la praxis, de la subjetividad y del cambio.

Este filósofo hispano-mexicano, con gran visión de futuro, comprende la necesidad de asumir el marxismo con el sentido en que había sido elaborado por los clásicos. Sus primeros discernimientos y elaboraciones críticas, los hace a partir de la estética, en substancial oposición al llamado realismo socialista”. Seguidamente, por lógica consecuencia, sus análisis incluyen a la filosofía marxista en su totalidad. La lectura o relectura de los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, Las tesis sobre Feuerbach, La Ideología Alemana, Miseria de la Filosofía, el Manifiesto del Partido Comunista y El Capital, entre otros textos, resulta reveladora de la agudeza y empeño de su búsqueda. A través de estas obras prueba algunas de sus primeras hipótesis, es decir, que el marxismo es ante todo una filosofía de la praxis que revoluciona la historia de la filosofía y los fundamentos de la historia. Sencillamente percibe que para Marx, la vida es esencialmente práctica. La conciencia, ser consciente, y el ser de los hombres, un producto de su vida real y práctica. Las condiciones materiales de existencia (El ser social) determinan la conciencia social. Estas ideas, centrales en la concepción materialista de la historia, sientan las bases de una nueva visión del mundo, la sociedad y el hombre. Para Sánchez Vázquez entonces, la filosofía marxista es una concepción en la cual se interrelacionan en forma compleja e indisoluble la ciencia, la política y la ideología, a la vez que la crítica y la autocrítica. El marxismo representaría una revolución en la política, en la ciencia social y en la filosofía3.

Esta comprensión de la filosofía marxista, además de servirle como fundamento teóricometodológico para sus nuevas ideas, en Sánchez Vázquez constituyen verdaderos ejes encauzadores de aprehensiones nuevas que desplegará en sus dos obras paradigmáticas: Las ideas estéticas de Marx (1965) y Filosofía de la praxis (1967 y 1980.) Igualmente estarán presentes en diversos ensayos, artículos y libros por él publicados, pues como se sabe, se trata de un autor de una vasta obra creadora4.

El Maestro Sánchez Vázquez, si bien no se puede considerar como el único renovador de la filosofía marxista de la praxis –y él, por supuesto, no se atribuye ese mérito–, resulta innegable que está entre los primeros que logra rescatarla creadoramente en el legado del marxismo original y exponerla de modo sistemático.

Antes de él no se conoce en la literatura marxista una obra que sistematice la esencia del contenido de la filosofía de la praxis, en sus varias mediaciones y condicionamientos, incluyendo sus fuentes inmediatas y el proceso mismo de continuidad y ruptura.

El pensamiento y la obra de Sánchez Vázquez como todo proceso de búsqueda científica, posee un determinado cauce en su devenir, mediado por influencias y determinaciones en su propia formación, desarrollo y sistematización.

La obra de un autor no es expresión sólo de sus experiencias biográficas y de su praxis política directa, sino también de su contexto cultural. Pero en su devenir biográfico se transparenta su contexto cultural y político.

En esta síntesis se hace énfasis especial en la etapa de madurez y sistematización de sus búsquedas teóricas. En un trabajo posterior se expondrá la evolución completa, incluyendo las influencias de grandes pensadores en los primeros años de su activa juventud.

Sánchez Vázquez declara que en el plano teórico dos prácticas son determinantes en su asunción al marxismo y su entrega a él: la poética y la política, que se traducen particularmente en sus inquietudes estéticas y en las convicciones políticas que marcan su quehacer teórico y práctico. No sólo participa del ambiente político cultural de España y México, sino también de los acontecimientos mundiales, particularmente los relacionados con el XX congreso del PCUS, la invasión a Checoslovaquia, las nefastas consecuencias de la política estalinista, y por supuesto, la práctica cubana con el triunfo de la revolución del 59.

Todos estos acontecimientos encuentran recepción crítica en Adolfo Sánchez Vázquez, que unidos a la política dogmática en el arte y la cultura del estalinismo (realismo socialista) lo conducen a una posición radical de ruptura con el Diamat, erigido como marxismo-leninismo y doctrina de Estado, que cerraba toda posibilidad de disentir y de nuevas aperturas.

Por eso Sánchez Vázquez decide abandonar la metafísica materialista del Diamat, volver al Marx originario y tomar el pulso a la realidad para acceder así, a un marxismo concebido ante todo como filosofía de la praxis, como filosofía de la subjetividad, guiado por dos principios inmanentes al pensamiento de Marx, es decir, dudar de todo y criticar todo lo existente.

El Maestro Sánchez Vázquez busca nuevas vías restauradoras del ideario clásico del marxismo. Conoce el marxismo occidental y los profundos debates que tenían lugar en torno a la teoría marxista y a las deformaciones del estalinismo5. En su concepción, únicamente con el rescate del marxismo como filosofía de la praxis, aparecen las condiciones para superar la crisis en que estaba sumergido y revertir el rumbo ontologizante y abstracto del marxismo oficial.

Por supuesto, el debate teórico en torno al marxismo, realizado fuera del Diamat oficialista, influyó extraordinariamente en la elaboración creadora del marxismo como filosofía de la praxis. Sin que esto signifique una asunción acrítica por Sánchez Vázquez. Ya su pensamiento maduro está en condiciones de reconocer los méritos y limitaciones en el propio campo de los filósofos marxistas que subrayaban el lugar de la praxis. Muchos de sus trabajos se conocieron en América a través de las excelentes traducciones del Maestro Sánchez Vázquez.

Su producción teórica del marxismo como filosofía de la praxis –lo reitero– brilla por su presencia en sus dos obras cumbres: 1) Las ideas estéticas de Marx (1965) 2) Filosofía de la Praxis (1967). En la primera, defendiendo la esencia marxista del arte, revela los méritos y limitaciones de los primeros teóricos marxistas del arte, particularmente Lafargue, en Francia; Franz Mehring en Alemania y Plejanov, en Rusia. Muestra cómo Lafargue aunque cae en cierto subjetivismo de clase, continuando a Marx, caracteriza el arte como fenómeno social.

En Mehring destaca los múltiples valores creadores que siguen el espíritu de Marx, pero le critica que en ocasiones sus análisis oscilan entre un esquematismo sociológico y cierto formalismo de raigambre kantiano.

En Plejanov, subraya sus aportaciones a la tesis marxista acerca del condicionamiento social de la creación artística y a la explicación de la sucesión histórica de ideales estéticos y gustos artísticos, pero no logra resolver el problema de la autonomía relativa de la obra de arte.

Por otra parte, Sánchez Vázquez sin minusvalorar la herencia de Labriola, Gramsci, Lukács, pues se siente deudor de ellos, en cuanto a influencia se refiere, cuando descubre la inautenticidad y el carácter dañino del marxismo objetivizante stalinista, se dirige sin mediación alguna al marxismo original. Los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, las Tesis sobre Feuerbach y La ideología alemana, entre otros, son para él verdaderas revelaciones encauzadoras de sus inquietudes estéticas, éticas, políticas y filosóficas. La centralidad de la praxis, comprendida racionalmente, se impone en su discurso como clave para ricos discernimientos y aprehensiones plurales de la realidad que convierte en objeto de su investigación.

El no niega la influencia de Gramsci, que es la que más aprecia, pues le ayuda a consumar la ruptura con el Diamat y dirigirse a las fuentes originales. Pero al mismo tiempo lo asume con reservas críticas en su Filosofía de la praxis editada en 1967, así escribe: Gramsci pretendía –se refiere al artículo La revolución contra El capital (1918)– subrayar el papel de la actividad práctica revolucionaria en un momento en que la mayor parte de los jefes de la socialdemocracia europea hacía tabla rasa de ella. Pero esta preocupación legítima que se reafirma en sus escritos posteriores le llevó a una subestimación del papel determinante de los factores objetivos que los oportunistas elevaban al plano de lo absoluto. Por otra parte, al subrayar tan decisivamente el papel de la subjetividad convertía la teoría, (el marxismo) en expresión de la praxis política, en pura historicidad”, con lo cual se desvanecía en gran parte su carácter científico y se reducía a una expresión ideológico-histórica. Todo esto demuestra que las relaciones entre teoría y práctica son más complejas de lo que pensaba Gramsci, y que su esclarecimiento –y con ella la justa caracterización del marxismo como filosofía de la praxis– ha de buscarse en su unidad indisoluble como ciencia e ideología del proletariado, es decir, como teoría condicionada históricamente y fundada científicamente, razón por la cual no puede ser reducida a mera ideología, olvidándose su carácter científico.

Podemos, pues, enfatiza Sánchez Vázquez, mantener la caracterización del marxismo como filosofía de la praxis sin hacernos solidarios de los equívocos o limitaciones que haya podido albergar (...) Gramsci y sin que esto, a su vez, nos impida reconocer sus méritos innegables que resaltan sobre todo, frente a un marxismo cientifícista y mecanicista. Pero de lo que se trata ahora –concluye Sánchez Vázquez– es de rescatar el rico contenido que Marx vertió en la categoría de praxi 6.

Pero entre los marxistas, de la filosofía de la praxis, en mi opinión, Gramsci y Lukács son los que más influyeron en él, independientemente que en su evolución haya expresado reservas críticas, tanto de uno como de otro.

Con relación a Gramsci, el Maestro Sánchez Vázquez ha confesado su adhesión y lo considera entre las fuentes principales que lo conducen a mirar con sospecha al marxismo dogmático y dirigirse a las fuentes originales de Marx. En su obra abundan las citas de Gramsci o lo trata indirectamente. Aprecia sobremanera la producción teórico-filosófica y política de Gramsci, así como estar entre los primeros que con inteligencia y audacia se enfrenta al marxismo dogmático, en condiciones difíciles, en la cárcel. Los conceptos gramscianos de Estado, sociedad civil, ideología, filosofía, etc. son empleados o mencionados, tanto en sus obras dedicadas a la estética, la ética, la política como a la filosofía.

Al mismo tiempo, reconociendo en Gramsci a la figura cimera de la filosofía de la praxis, escribió: Con ella quería subrayar precisamente la oposición del marxismo tanto al materialismo mecanicista como a la filosofía especulativa en general, desligada de la historia real y de la actividad práctica humana, particularmente la política. En pocas palabras –continúa Sánchez Vázquez– Gramsci pretendía acentuar el papel del factor subjetivo en la historia real, de la conciencia y la actividad revolucionaria de los proletarios bajo la dirección de su partido y, al destacar el papel de la subjetividad, reaccionaba contra un marxismo perezoso que trasformaba el papel de los factores objetivos y, particularmente, del desarrollo de las fuerzas productivas, en la negación del papel de la actividad práctica revolucionaria, lo que se traducía en el más vulgar reformismo y oportunismo7.

En fin, Gramsci constituyó una fuente imprescindible en el devenir creador de la filosofía de la praxis de Sánchez Vázquez.

Un segundo lugar, en cuanto a influencias se refiere, lo ocupa George Lukács. Su obra, historia y conciencia de clase, le abrió perspectivas nuevas para ajustar cuentas al marxismo dogmático y orientarse definitivamente al marxismo como filosofía de la praxis, de la subjetividad, es decir, al auténtico marxismo.

Esa fue su gran labor: rescatar la riqueza subjetiva y creadora del concepto marxista de praxis. Rescate que encuentra concreción al más alto nivel en su Filosofía de la praxis de 1967, reeditada y enriquecida en 1980. En mi criterio es la sistematización creadora más rica que existe.

Por supuesto, las reservas críticas a Gramsci tomaron nuevos matices. No se quedaron en 1967. Su profundización en Marx, le permitió comprender mejor a Gramsci. Así en la crítica de Althusser a Gramsci, defiende a este último con argumentos criticados anteriormente, respecto a la unidad de ciencia e ideología en el marxismo.

Sánchez Vázquez, si bien se remite de modo directo a las fuentes originarias de la filosofía de la praxis, no estuvo al margen de las convergencias y divergencias marxistas en torno al concepto praxis. Reconoce la convergencia sobre la esencia de las tesis sobre Feuerbach, (tesis-I-II-XI,) y las divergencias, cuando se trata de temas como la relación entre el pensamiento y el ser, la polémica sobre las ideas de Bujarin de los años 20 con participación destacada de Herman Duncker, Lukács, Korsch, Fogarasi y posteriormente Gramsci. Todos en defensa del marxismo como filosofía de la praxis, y la praxis concebida como totalidad subjetiva creadora.

Conoció la controversia de Kolakowski, Adam Schaff, Karel Kosik contra las definiciones simplistas que reducen la praxis a la dimensión

La praxis en el pensamiento de Adolfo Sánchez Vázquez gnoseológica. Destaca la obra de Kosik Dialéctica de lo concreto donde expresa: La praxis se compenetra con todo el hombre y lo determina en su totalidad, funda la posibilidad de una ontología y su dimensión más esencial es la creación de la realidad humano-social.

Compara la concepción gnoseológica de praxis de Rutkevich con la de Eles Iovo y Davydova, para quienes, la práctica define el proceso vivo infinito de cambio y trasformación revolucionaria del mundo y concibe la dialéctica como teoría de la praxis, es decir, como ciencia de la transformación del mundo natural en mundo humano, como teoría de la transformación revolucionaria del hombre mismo.

Valora además las discusiones que tuvieron lugar en 1961-1962 en Alemania, cuyo debate partió en lo fundamental del concepto de praxis como categoría gnoseológica y no rebasó, por un lado ni por otro, el marco de las relaciones entre praxis y conocimiento.

En Lukács aprecia con gran acento el sentido de totalidad con que aborda la praxis y su relación con la teoría a partir de la obra Historia y conciencia de clase y otros trabajos, incluyendo El asalto a la razón y El joven Hegel.

La influencia de Lukács en Sánchez Vázquez, es evidente. Se nota en la valoración de conceptos como totalidad, enajenación, praxis, etc.; así como los problemas vinculados a la ideología, la historia y la conciencia de clase.

Como esteta, además de influencias hay coincidencias, pues ambos sentaron cátedra en la estética marxista.

La estética marxista de Lukács fue acogida con beneplácito por Sánchez Vázquez. Una formulación menos tajante de la tesis que identifica arte y realismo –enfatiza Sánchez Vázquez– se encuentra reiteradamente a lo largo de las investigaciones estéticas de Lukács... se opone al realismo desnaturalizado de los años del período estalinista y se enfrenta sobre todo, al arte de vanguardia que ejemplifica especialmente con Kafka, paradigma de todo el vanguardismo moderno. Su preferencia por el realismo critico –con sus grandes modelos Balzac, Goethe, Tolstoy– y por el realismo socialista –una vez liberado de sus deformaciones subjetivistas y naturalistas– estriba precisamente en su superioridad para captar lo real.

La estética lukacsiana representa, en el campo marxista -subraya Sánchez Vázquez con espíritu crítico productivo-, el logro más fecundo de la concepción del arte como forma de conocimiento. Como estética del realismo cautiva con sus penetrantes análisis y sugerentes hallazgos, pero, al erigir en criterio de valor las condiciones que sólo puede satisfacer el realismo, se convierte en una estética cerrada y normativa8. Por supuesto, la razón crítica no niega la influencia. Además, esto lo escribió Sánchez Vázquez en 1965 y Lukács continuó produciendo hasta su muerte.

En síntesis, Gramsci y Lukács son los filósofos marxistas que más influyeron en Sánchez Vázquez, lo que no niega en modo alguno, las influencias y coincidencias con Kosik, Korsch, la escuela de Frankfurt, el segundo Sartre de Crítica de la Razón Dialéctica y Cuestiones de Método. Por supuesto, su primera fuente fue Marx, que más que influencia, fue su premisa.

Reconoce, además, la significación de la Escuela yugoslava de la praxis particularmente en sus máximos representantes: Petrovic y Markovic, sin embargo en la obra Dialéctica de la praxis del segundo, alerta sobre los deslices subjetivistas de corte fichteano que se presenta al hiperbolizar el momento subjetivo en grado extremo y subestimar el aspecto objetivo.

A Lenin lo considera un relevante teórico de la praxis y si bien en la edición de Filosofía de la praxis de 1967, su análisis es positivo en su totalidad, en la edición de 1980, con nuevas herramientas teóricas, inmanentes a su propia madurez y evolución, el análisis crítico establece diferencias. Sin restar valor a la producción teórica de Lenin y a su grandeza política, revela dos momentos en la concepción de Lenin en torno a la Praxis: la desarrollada en Materialismo y Empiriocriticismo (1908), con fuerte influencia del materialismo tradicional criticado por Marx en las Tesis sobre Feuerbach y la expuesta en los Cuadernos Filosóficos (1914-1916) bajo la influencia de Hegel y una mayor profundización de la propia obra de Marx.

Del primer momento de la concepción de Lenin en torno a la praxis, señala Sánchez Vázquez: Lo que falta en la crítica leniniana es precisamente lo que distingue al materialismo de Marx del tradicional, es decir: la relación sujeto-objeto, hombre-naturaleza, conciencia-mundo por mediación de la praxis ( ) Y es justamente la práctica lo que Lenin deja en la sombra cuando trata de rescatar la objetividad disuelta por el idealismo de los machistas rusos9. Pero la crítica, como es habitual en el marxista mexicano, es compleja y concreta en pos de la mayor objetividad. Se podrá decir que la práctica no está ausente en Materialismo y Empiriocriticismo –enfatiza el filósofo–. Y, en verdad, hay referencias a ella puesto que se habla de la segunda tesis sobre Feuerbach y, sobre todo, tenemos todo el apartado 6 del capítulo II titulado El criterio de la práctica en la teoría del conocimiento. Y, ciertamente, hay que reconocer que en este punto Lenin dice cosas acertadas e importantes. Así por ejemplo, cuando distingue entre el éxito de la práctica humana para el materialista y el éxito para el solipsista (o pragmatista) entendido como todo aquello que yo necesito en la práctica. En el primer caso, el éxito demuestra la concordancia de nuestras representaciones con la naturaleza de las cosas que percibimos. Y es un acierto también que Lenin señale que el criterio de la práctica nunca es definitivo o completamente suficiente:
El criterio de la práctica no puede nunca, en el fondo, confirmar o refutar completamente una representación humana cualquiera”. Lo que quiere decir que ese criterio es el de la práctica considerada como práctica social e histórica. Y, dado que nunca es definitiva, tampoco puede serlo el criterio basado en ella 10.
Sánchez Vázquez hurga en las causas de las inconsecuencias de Lenin, según su criterio, sin  omitir los méritos, porque Lenin acierta también al establecer un nexo entre el criterio de la práctica y el materialismo: Si incluimos el criterio de la práctica en la base del conocimiento, esto nos lleva inevitablemente al materialismo. Pero podríamos agregar que si la introducción del criterio de la práctica cierra el paso al idealismo también lo cierra al materialismo tradicional, contemplativo, que Lenin ahora parece dejarlo atrás. Sin embargo, este paso no puede darlo mientras reduzca el papel de la praxis –como lo reduce en Materialismo y Empiriocriticismo– a criterio de verificación y no lo vea –en cuanto actividad transformadora de la naturaleza y la sociedad– como fundamento del hombre, de la historia y el conocimiento11. Sólo así se puede cumplir lo que propugna Lenin: El punto de vista de la vida, de la práctica, debe ser el punto de vista primero y fundamental de la teoría del conocimiento. Y asimismo este punto de vista se podrá extender, al superar las concepciones idealista y materialista tradicional, de la gnoseología a la teoría del hombre, de la sociedad y de la historia 12.

Por otra parte, Sánchez Vázquez hace hincapié, sin intentar justificar los desaciertos de Lenin en Materialismo y Empiriocriticismo, la razón de la obra, que imbuida por motivos políticos, tiene que transitar a problemas de índoles filosóficas. Un eminente teórico de la política, que si bien genialmente ha asimilado a Marx, aún su formación filosófica es débil y lleva la impronta de la herencia de Plejánov y otros pensadores del materialismo anterior.

Sin embargo, el marxismo de Lenin de los Cuadernos Filosóficos da cuenta de un extraordinario ascenso teórico. Ahora el acento principal, en correspondencia con las necesidades de la práctica, no es la defensa del materialismo -sin que deje de serlo, como materialista dialéctico-, sino de la dialéctica. Penetra en la dialéctica como teoría compleja, mediada por infinitos eslabones, contradicciones, conexiones, etc. Esto le permite afirmar que la conciencia no sólo refleja el mundo, sino que lo crea”, con su actividad práctica, Ya aquí la praxis no sólo es base verificadora del conocimiento, sino una esencial relación sujeto-objeto, sujeto-sujeto, donde lo ideal y lo material se convierten dialécticamente. Lenin, ahora sí, asimila en toda su profundidad -enfatiza Sánchez Vázquez- el concepto de objeto del materialismo práctico de Marx en sus Tesis sobre Feuerbach. Este concepto de objeto, o de objetividad, entraña un concepto de práctica que rebasa el marco estrictamente gnoseológico y que se podría caracterizar, con base en los Cuadernos Filosóficos, por las siguientes notas: a) es una actividad del hombre dirigida a un fin; b) en la cual se transforma un mundo objetivo (objetividad dada, presente) y c) cuyo resultado es una objetividad verdaderamente existente 13.

Resulta muy sugerente el lugar que ocupa Lenin en la segunda edición de la Filosofía de la Praxis. En el capítulo 4 La concepción de la praxis en Lenin, Sánchez Vázquez expone las ideas capitales del gran marxista y logra un estudio profundo, fundado en la tesis: Por un Lenin sin dogmas. Con gran vuelo cogitativo desarrolla ideas centrales, como: Por qué teoriza Lenin, la teoría del partido como medida de una práctica, la práctica revolucionaria leniniana, la estrategia de las Tesis de abril, unidad de los factores objetivos y subjetivos en Lenin, unidad de la teoría y la práctica, filosofía y política, idealismo, materialismo y práctica, la Dialéctica en los Cuadernos Filosóficos, la dialéctica del conocimiento, la práctica como actividad dirigida a un fin, la práctica en el proceso del conocimiento; y culmina con la recapitulación teórica: Lenin teórico de la praxis.

Sin embargo, el marxismo dogmático estigmatizó a Sánchez Vázquez y a su obra, por considerarlo revisionista. El Lenin revolucionario, verdaderamente marxista, no convenía a la política que había desvirtuado al marxismo original. Por supuesto, esto no puede sorprendernos, pues los propios Cuadernos Filosóficos de Lenin, fueron objeto de la censura y prohibida su publicación durante muchos años.

En fin las divergencias antes señaladas giran en torno a la determinación de la verdadera significación de la praxis para el marxismo, a la definición de este concepto fundamental, a las relaciones entre teoría y práctica, las formas de praxis, etc. Del examen de estas posiciones diversas e incluso contrapuestas -según Sánchez Vázquez- se desprende la necesidad de profundizar en los diferentes aspectos de la praxis y de enriquecer su estudio en puntos apenas tocados hasta hoy. Respondiendo a esta necesidad, se esfuerza por precisar el concepto de praxis y delimitar las relaciones entre teoría y práctica, asimismo de extender sus estudios a terrenos menos trillados y a esto obedecen los capítulos relativos a niveles de la praxis, entre otros14. Apartados que son tratados de modo sistemático por primera vez en el marxismo, como:
a) De la conciencia ordinaria a la conciencia filosófica de la praxis.
b) La definición de la praxis en sus múltiples mediaciones, incluyendo la necesidad y los fines que la encauzan.
c) Unidad de la teoría y la práctica.
d) Praxis creadora y praxis reiterativa.
e) Praxis espontánea y praxis reflexiva.
f) Conciencia de clase, organización y praxis.
La praxis en el pensamiento de Adolfo Sánchez Vázquez
g) Praxis, razón e historia.
h) Praxis y violencia.
En todos estos temas, el análisis de Sánchez Vázquez resulta enriquecedor, sistematizador, y por consiguiente, creador. Nadie como él penetró con tanta profundidad en la herencia de Marx en torno a la praxis. Sistematizó múltiples tesis, apenas esbozadas por los clásicos del marxismo. Su Filosofía de la praxis, por sí sola, lo consagra como marxista creador y deja una amplia gama de posibilidades, para continuar en la búsqueda incesante del marxismo vivo y creador que como teoría revolucionaria del proletariado plantee las posibilidades de su emancipación.

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39. Sánchez V., A. (1996). Cuestiones estéticas y artísticas contemporáneas. Editorial FCE, México.

Notas

1 Cornú, A. La praxis y la elaboración del concepto materialista del mundo, en Cornú A. Carlos Marx y Federico Engels, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976, T. 3, pp.198-258. Tanto en la antigua URSS como en la R.D.A, se desarrollaron discusiones en torno al marxismo como filosofía de la praxis. No se puede olvidar la primera y segunda polémicas en torno a la praxis suscitadas en la R. D. A durante los años 1964 y 1966-1967. Eles, I. La categoría de la práctica en los trabajos de Marx”. en Práctica y conocimiento, Editorial Nauka, Moscú, 1973, entre otros. En América Latina continúan el tema Rigoberto Pupo, con trabajos como: La práctica y la Filosofía marxista. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986 y La actividad como categoría filosófica. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, así como otros estudiosos de la obra de Gramsci, Mariátegui, del pensamiento latinoamericano como Jorge L. Acanda, Fernando Martínez, Aurelio Alonso, Dora Kanoussi, Joaquín Santana, Gabriel Vargas Lozano, Juan Mora Rubio y Pablo Guadarrama, entre otros. Tampoco se deben olvidar las discusiones, que en torno al problema que nos ocupa, tuvieron lugar en la revista Vaprosii filosofi, durante la década del 80. Debe destacarse, además, la relevancia de la revista mexicana Dialéctica en la difusión crítica del marxismo como filosofía de la praxis y en la recepción que ha encontrado el pensamiento de Adolfo Sánchez Vázquez y sus seguidores.
2 Sánchez, Vázquez, A. Filosofía de la praxis. Editorial Grijalbo, México, 1967, p.13.
3 Vargas Lozano, G. Adolfo Sánchez Vázquez, Doctorado Honoris Causa por la UAP, en Rev. Dialéctica. Universidad Autónoma de Puebla, Año IX, No. 16, México, 1984, p. 10.
4 Entre sus libros podemos mencionar: Las ideas estéticas de Marx (1965); Filosofía de la praxis (1967 y 1980); Rousseau en México (1969); Estética y marxismo (Antología en dos tomos, 1970); Ética (1970); Del socialismo científico al socialismo utópico (1975); Ciencia y revolución. El marxismo de Althusser (1978); Filosofía y economía en el joven Marx (1982); Ensayos marxistas sobre filosofía e ideología (1983); Sobre filosofía y marxismo (1983); y Ensayos sobre arte y marxismo (1984), entre los más relevantes, pues posee una extensa obra que aún continúa ampliándose creadoramente.
5 El concepto marxismo occidental corresponde a Merleau Ponty en Francia. Refiere a una serie de marxistas que nacieron y actuaron, en alguna medida fuera de la URSS, tales como Lukács, Korsch, Gramsci y la Escuela de Frankfurt. Ellos de un modo u otro disienten de la línea política de la URSS. En Lukács influye Rosa Luxemburgo, asesinada en 1919. Gramsci es la figura más importante entre los marxistas italianos, a pesar de que desarrolla su obra en la cárcel. La Escuela de Frankfurt desarrolla su teoría crítica con grandes méritos y limitaciones. En la URSS, en difíciles condiciones desarrollan importantes ideas sobre la Lógica Dialéctica y otros problemas del marxismo Ilienkov, Vigotski y otros, pero dominan los manuales con las simplificaciones dogmáticas del marxismo-leninismo, orientadas desde la III Internacional, que bajo la dirección de Stalin mató poco a poco todo lo vivo del marxismo, hasta convertirse en un economismo estéril que destruyó el humanismo marxista.
6 Sánchez Vázquez, A. Filosofía de la praxis, 1967, pp. 48-49.
7 Ibíd., p. 17.
8 Sánchez Vázquez, A. Las ideas Estéticas de Marx. Instituto Cubano del libro, La Habana. pp. 38- 39.
9 Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis. Reedición, Editorial Crítica, Barcelona, 1980, pp. 210- 211.
10 Ibíd., pp. 211- 212.
11 Sin querer atribuirse méritos que no le pertenecen el Maestro mexicano, con sentido crítico se refiere a las críticas hechas a Lenin por Antón Pannekoek en Lenin filósofo, y por Karl Korsch, en La Filosofía de Lenin, en K. Korsch y A. Pannekoek, Lenin filósofo, trad. De J. Garzón, Hadise, México, DF, 1972.
12 Ibíd., p. 212.
13 Ibíd., p. 219.
14 Ver Sánchez, Vázquez, A. Filosofía de la praxis, 1967. pp. 44-45.