27/2/15

Poshegemonía: un nuevo enfoque

Gramsci: “El Estado mantiene su dominación por medio del consenso de los dominados. Y sólo allí donde no se logra el consenso se recurre a la represión. El poder, por tanto, no sólo es un asunto de fuerza, sino sobre todo de hegemonía: persuasión, convencimiento, creencia, seducción”

José Luis Amaya Huerta   |   En una entrevista reciente realizada por el periodista Amador Fernández-Savater, [difundida por Gramscimanía],  el catedrático canadiense de la Universidad de Columbia Británica, John Beasley-Murray, autor de un ensayo que ha causado polémica en España: "Poshegemonía", sostiene que la clave del cambio social no es la ideología, sino los cuerpos, los afectos y los hábitos.

Para explicar el concepto de hegemonía, Fernández-Savater acude a Antonio Gramsci, cuando afirma: 
"el poder es un centauro: mitad coerción, mitad legitimidad. El Estado mantiene su dominación por medio del consenso de los dominados. Y sólo allí donde no se logra el consenso se recurre a la represión. El poder, por tanto, no sólo es un asunto de fuerza, sino sobre todo de hegemonía: persuasión, convencimiento, creencia, seducción. En este enfoque, la lucha ideológica se vuelve fundamental: deslegitimar la explicación dominante del mundo, provocar su descrédito, proponer una nueva explicación".
John Beasley-Murray -dice el periodista- ha dedicado el largo trabajo de investigación culminado en su libro Poshegemonía a cuestionar esta mirada sobre el orden social y esta comprensión 'discursivista' de la hegemonía, muy basada en la capacidad de articulación comunicativa de los intelectuales.
"A partir de un minucioso acercamiento a los movimientos políticos latinoamericanos del siglo XX (el peronismo, los movimientos de liberación nacional y las guerrillas, etcétera), Poshegemonía propone también otra lectura de lo que hace y deshace el orden de las cosas, de lo que sostiene la dominación y de lo que anima la revuelta, convirtiéndose en una aportación imprescindible a la discusión teórica que acompaña a las luchas contra el neoliberalismo".
En la entrevista, Jon-Beasley-Murray explica lo que denomina su "política de los cuerpos", donde un afecto es el índice de la potencia de un cuerpo y del encuentro entre cuerpos, cuanta más potencia tiene un cuerpo, más afectividad tiene, es decir, más capacidad para afectar y ser afectado.

Sostiene que los encuentros entre cuerpos se pueden dividir en buenos y malos encuentros: los buenos son los que aumentan la potencia de un cuerpo y se caracterizan por la producción de afectos positivos (como la alegría); los malos son los que disminuyen la potencia del cuerpo y se distinguen por la presencia de afectos negativos (como la tristeza). "Aquí sigo a Spinoza y a los neo-spinozistas, como Deleuze y Brian Massumi. Deleuze hace una distinción importante entre afecto y emoción: mientras que el sentimiento es privado y personal, el afecto es una intensidad impersonal, colectiva", explica.
"En segundo lugar, el hábito es un concepto que tomo de Pierre Bourdieu. Podemos pensar los hábitos como "afectos congelados". Son los encuentros cotidianos, rutinarios, de los cuerpos, sobre los cuales ni siquiera pensamos la mayor parte del tiempo, hasta el punto de que son casi completamente inconscientes. Son disposiciones corporales e inconscientes. Pero, a pesar o quizá gracias a esto, los hábitos tienen sus propias potencias. Y podemos diferenciar también entre hábitos buenos (por ejemplo, los que ayudan a constituir lo común, la comunidad) y hábitos malos (los auto-destructivos, los que nos restan potencias). Por último, pienso la multitud (con Antonio Negri) como el afecto en acción. Una red de cuerpos en conexión".
A pregunta expresa, al referirse a las consecuencias políticas de poner los afectos y los hábitos en el centro de atención, el autor del libro Poshegemonía, explica:
"En términos abstractos, pero al mismo tiempo muy concretos y materiales, creo que debemos pensar la política, no tanto como la misión de educar a los demás y explicarles cómo son las cosas, sino como el arte de facilitar encuentros y formar hábitos que construyan cuerpos colectivos más potentes (multitudes). De construir otras formas de sincronizar y orquestar cuerpos y ritmos; otras lógicas prácticas y encarnadas. No nos conformamos al capitalismo porque nos convenza una trama ideológica súper-coherente y persuasiva, sino por los afectos y los hábitos (como el consumo, etcétera)".
En esta línea de pensamiento, de acuerdo con Beasley-Murray, el desafío de nuestro tiempo, en un sentido positivo, es construir nuevos hábitos, nuevas formas estables de lo común y la comunidad.

"No tanto un "suelo firme", como modos y herramientas de convivencia, una reinvención de prácticas y posibilidades políticas, sociales y culturales".
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