25/1/15

Una lectura gramsciana del marxismo latinoamericano

Antonio Gramsci ✆ Mauro Biani 
Daniel Sicerone Podesta   |   El siguiente trabajo toma como tema central la posibilidad o pertinencia de re-pensar al marxismo latinoamericano desde la filosofía política de Antonio Gramsci, siempre desde una lectura en clave revolucionaria del mismo. Se comienza a dilucidar acerca de categorías gramscianas básicas para entender a América Latina, y la relación que tienen estas con tal región. Estas categorías, como Occidente y Oriente, Sociedad Civil, Sociedad Política, Guerra de Maniobra, Guerra de Posiciones, serán concebidas en la primera parte, intentado desarrollarlas desde la comprensión de Gramsci y será el punto de entrada para elaborar el siguiente apartado. El mismo se relaciona con el establecimiento del marxismo en perspectiva sociológica y perspectiva filosófica,  y de allí entender las categorías de Occidente periférico y otro Occidente, una de carácter sociológico, y otra de carácter filosófico.

En el siguiente apartado se concibe a la aplicación y pertinencia del método marxista de análisis de la sociedad del Occidente periférico, aunque se utilizará el concepto de capitalismo periférico. En ella se comprenderá la lógica de la centralidad y la periferia, siendo en el anterior apartado dilucidado la estructura ontológica de tal opresión. Se tomará en cuenta la relación dialéctica entre la cuestión nacional y la cuestión social, y cómo ellas han estado presentes en la perspectiva marxista de Gramsci. De allí, se aterrizará directamente en el marxismo latinoamericano y el concepto de desarrollo desigual y combinado como forma de concebir a las sociedades atrasadas en sus aspectos de construidas en base a la presencia de diversas formaciones sociales, pero siempre desde la predominancia de un núcleo capitalista. De allí se comprenderá la pertinencia del marxismo latinoamericano y su relación con el pensamiento marxista de Gramsci.

Occidente y oriente en la filosofía política de Antonio Gramsci

Uno de los grandes aportes a la teoría política por parte de Gramsci corresponde a la delimitación de dos espacios que no responden a la lógica geográfica, sino a construcciones conceptuales que representan características diferentes de una misma totalidad, y la cual determinará una estrategia y táctica política diferente, si en ambas se tiene la consideración de llevar la lucha política de las clases subalternas en clases dominantes, dentro de la cual la clase obrera posea la dirección. Se estaría mencionando en tal caso a los conceptos de Occidente y Oriente, los cuales “no remitirían para Gramsci a diferencias de tipo geográficas, ni siquiera de orden fundamentalmente económico” (Ouviña, 2012: 13).[2]

Si ambas categorías o conceptos no remiten a diferencias geográficas, es decir hablar de un Occidente como diferente a Oriente en cuanto ambos están ubicados en posiciones diferentes en el globo, entonces se tiene que ir hacia el fundamento del mismo, el cual se encuentra en la propia concepción de Gramsci con respecto a tal tema. Tal fundamento lo podemos encontrar en el Cuaderno 7 Guerra de posiciones y guerra de maniobras o frontal donde establece uno de los temas centrales de su filosofía política, cuando menciona que “en Oriente el Estado lo era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa” (Gramsci, 2012: 31). Esta pequeña frase tiene un significado de gran magnitud desde el hecho que hace referencia a una caracterización de la estrategia revolucionaria llevada a cabo por los bolcheviques en la Revolución Rusa.

Ciertas concepciones hacia el concepto de estrategia insurreccional llevada a cabo por los bolcheviques en octubre de 1917 parte de una concepción fetichista de la revolución, por la cual no puede ver más allá de un esquema que poco tiene de relación con la dialéctica, y por lo tanto cae en un determinismo mecaniscista [3]. La forma insurreccional de la Revolución Rusa no fue resultado del capricho de una fuerza política, en este caso el partido bolchevique, sino la expresión del parlamentarismo soviético, el cual “se convirtió en el mecanismo cotidiano de la vida política del pueblo” (Trotsky, 2008, pág. 935). Esta es la gran diferencia con la revolución de febrero, ya que en octubre la insurrección parte del Comité Militar Revolucionario, donde los bolcheviques tenían amplia participación, siendo tal comité parte del soviet.

La insurrección es un momento del proceso revolucionario,  el cual representa “el cambio de régimen social. Ella transmite el poder de las manos de una clase que está ya agotada a las manos de otra clase en ascenso. La insurrección constituye el momento más crítico y más agudo en la lucha de dos clases por el poder” (Trotsky, 1975: 81). No puede haber una revolución triunfante si no se da ese proceso donde una clase se convierte en clase dirigente de las demás clases subalternas, y tampoco puede entenderse si la misma no se convierte en clase dominante de la clase burguesa. Por ende entenderíamos al proceso de la toma del poder no sólo como un momento, el cual para Trotsky es crucial y crítico en cuanto a momento insurreccional, sino como un proceso que modifica sustancialmente la correlación de fuerzas y permite que una nueva institucionalidad se convierta en Estado, es decir en articulador de los intereses materiales y simbólicos de una clase social.

Siguiendo el camino trazado se entiende que la insurrección sólo constituye un momento crítico y crucial de un proceso mucho más complejo, ya que tal momento insurreccional permite establecer una ruptura en el orden político de las fuerzas políticas en disputa, y desde allí establecer una nueva configuración de las relaciones de fuerza. La revolución para la dirección bolchevique, en especial para Lenin, no se resolvía como una suplantación del partido sobre el soviet, sino la conjunción entre partido y soviet, tal como lo refiere Maiello (2013). Reconociendo el papel de la insurrección como momento que resuelve la dualidad de poderes, es decir la existencia de auto-organización de las masas frente al Estado burgués, permite avanzar sobre la característica central del concepto de Oriente, a diferencia de Occidente, pero debemos tomar en cuenta que “la lucha política incluye siempre un momento militar; más aún, la relación de fuerzas militares es la inmediatamente decisiva” (Portantiero, 1977: 19-20)

La insurrección es entendida sólo como un momento de sublevación político-militar de las masas en cuanto resolución de la dualidad de poderes, pero la misma no debe verse como el principal proceso de una revolución, aunque sí concebir su importancia. El hecho de que en Oriente, siendo Rusia un país que es correspondido en sus características con el concepto de Oriente, se caracterice por presentar una insurrección, no significa que este momento crucial y crítico sea propio y único para tales países bajo esas características. Por ello, cuando Gramsci hace referencia a que en Oriente el Estado lo era todo, está recurriendo a dos conceptos claves en su filosofía política, la sociedad civil y la sociedad política. En la explicación de estos dos conceptos es que podremos entender la diferencia entre Occidente y Oriente, aunque se debió hacer una referencia al momento insurreccional como crítica a las traducciones reformistas y posmodernas del marxista italiano.

La razón liberal nos dirá que el Estado es una estructura neutral, fuera de las divisiones de clase, y por ende sólo cumple la función administrativa de los diferentes ámbitos de lo público. Es en el marxismo donde esta definición es destruida desde una concepción no ideológica de la naturaleza del Estado. Un gran teórico sobre el Estado fue Lenin, para quien “el Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase” (Lenin, 2004: 22). El Estado en clave leninista expresa la imposibilidad de reconciliar las contradicciones de clase, tal como lo sostiene la razón liberal. Frente a ello, se va a comprender al Estado desde una perspectiva instrumentalista, es decir que el Estado sería el instrumento que posee una clase para dominar a otra.[4]

Ante tal concepción, se rescata y se concuerda con la consideración de que el Estado “en la sociedad burguesa cumple un rol fundamental en la medida en que opera como instancia de unificación de los sectores dominantes y garantiza la opresión de clase en el conjunto de la sociedad” (Ouviña, 2012: 12). Entender al Estado como una instancia de unificación de los sectores dominantes, y agregar que también expresa en diferentes momentos la disputa de intereses[5], permite comprender que no sólo la dominación se realiza por las instituciones políticas de coerción, sino también en el despliegue de la hegemonía. Uno de los grandes aportes de Antonio Gramsci corresponde a su concepción del Estado ampliado, el cual es la combinación de la sociedad política y la sociedad civil.

El desarrollo de los conceptos de sociedad civil y sociedad política es el momento anterior a la comprensión de la categoría de Occidente. Por ello se conoce como sociedad política, desde la filosofía política de Gramsci, a las instituciones del Estado que ejercen la coerción. El aparato judicial y represivo son formas claras de la coerción que ejerce el Estado sobre las clases subalternas, las cuales “no están unificadas y no pueden unificarse mientras no puedan convertirse en Estado” (Gramsci, 2012: 22). La sociedad civil corresponde a aquellas instituciones que “organizan el consenso de las clases subalternas para la reproducción del sistema de dominación” (Thwaites, 2012: 9). Entonces, vemos que el Estado para Gramsci es la conjunción entre coerción y consenso, posibilitando que por un lado las clases dominantes logren su unidad, y por otro lado mantener la división de las clases subalternas.

Comprendida esta situación se puede avanzar con respecto a una de las primeras consideraciones que se manifestó en torno a la filosofía política de Gramsci: la cuestión de la diferencia entre Occidente y Oriente. Cuando el filósofo italiano hacía mención que en Oriente el Estado lo era todo, estaba diciendo que la sociedad civil no tenía la fuerza y el desarrollo que pudiera tenerlo en países como Inglaterra de aquellos tiempos, o en los Estados Unidos de América de hoy en día. Por ello, la guerra de maniobra era propia de Oriente, donde la sociedad civil no podría funcionar como sostén y generador de consenso. En cambio, para Occidente recomendaba una guerra de posiciones, ya que la sociedad civil funge como trinchera, y es sobre ella que las clases subalternas, entre las cuales la clase obrera como principal sujeto,  deben desplegar una política contra-hegemónica, ya que antes de conquistar el poder político, el proletariado debe conquistar la hegemonía.

Las diferencias entre Occidente y Oriente, fuera de toda construcción de carácter geográfica, hace referencia a las características en torno a la existencia de una sociedad civil desarrollada. Una lectura reformista de Gramsci tomaría en cuenta que las diferencias entre Oriente y Occidente son legítimas, pero que no hay espacio en Occidente para la “toma del poder”, y por lo tanto se planteará una lucha política basada en un juego de la correlación de fuerzas, desde la concepción de la dinámica del consenso. En cambio, una lectura marxista de Gramsci reconocería la legitimidad entre las diferencias de Oriente y Occidente, pero remarcaría que para que se dé el proceso de constitución de las clases subalternas en Estado, debe existir un momento de confrontación político-militar, ya que las clases dominantes no van a perder su papel como dominantes sin presentar resistencias. En tal caso, se rescata la posición del pensador marxista argentino Portantiero, para quien “El predominio de la guerra de posiciones como opción estratégica no implica, por otra parte, el total abandono de la guerra de maniobras; sólo supone que la presencia de ésta se limita a una función táctica” (Portantiero, 1977: 19).

Por ello, se rescata que Trotsky mantenía una posición parecida en cuanto a la consideración de la hegemonía como estrategia para la construcción del socialismo. En el propio debate sobre las formas de alianza de la Revolución Rusa, el dirigente del soviet de Petrogrado se diferenciaba de Lenin, en tanto el primero consideraba que no era adecuado únicamente plantear la alianza obrera y campesina, sino también que la clase obrera por su posición estratégica dentro del modo de producción capitalista debía ejercer la conducción de tal alianza. Es por esta situación que se traducirá a Gramsci desde una lectura en clave revolucionaria y se tomará en cuenta que la hegemonía estaba presente en Trotsky, quien planteaba que:

La sublevación no puede conducir a la victoria real de la revolución y a la erección de un nuevo régimen, más en el caso de que se apoye sobre una clase progresiva que sea capaz de agrupar  en torno suyo a la inmensa mayoría del pueblo (Trotsky, 1975, pág. 81).

El occidente periférico, el otro occidente y la pertinencia del marxismo latinoamericano

Una de las claves de la metodología marxista es que tiene la capacidad de expresar una filosofía y de igual forma una sociología. En cuanto a la primera se rescata la filosofía de la praxis como aquella filosofía que pone el acento en la transformación, en vez de asumir la contemplación. La tradición filosófica occidental terminó por constituir una primacía de la contemplación frente a la praxis, y Marx viene a establecer un nexo dialéctico entre ambas. Esta nueva visión que tendrá Marx de la filosofía es parte integrante de lo que se conoce como concepción filosófica marxista, y fue lo que rescató Antonio Gramsci del filósofo prusiano. Es de reconocer como punto ejemplificar la tesis onceava sobre Feuerbach, donde establece que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (Marx, 2009).

En cuanto a la sociología, el marxismo aporta en tal campo de las ciencias sociales en el estudio del conflicto como inmanente al orden social dominante. No sólo analiza la configuración de una sociedad y las relaciones que existen entre las instituciones que son parte de la superestructura con la estructura, sino también los procesos de transformación social profunda. Es en ese marco que se comprende al marxismo como una sociología, y las construcciones teóricas se encuentran en tal ámbito de las ciencias sociales. La realidad de que el marxismo pueda concebirse como una filosofía y una sociología abren el camino para establecer bajo la lógica de Gramsci una comprensión filosófica y sociológica de América Latina, y analizar cuál es la pertinencia de un marxismo latinoamericano desde el pensamiento político de Antonio Gramsci.

En cuanto a una concepción filosófica rescataremos que podemos pensar a América Latina desde la categoría de otro Occidente que establece Infranca de una lectura de la filosofía de la liberación con respecto a la alteridad y la constitución ontológica de la dominación. Si Europa se considera a sí misma como ser, aquello que no corresponde a ese ser será el no ser. Este no ser es la negación del ser por el hecho de constituirse en las fronteras del mismo, aunque debemos comprender que ese no ser termina siendo constituido como lo mismo, ya que “América no es descubierta como algo que resiste distinta, como el Otro, sino como la materia a donde se le proyecta "lo Mismo". No es entonces la "aparición del Otro", sino la "proyección de lo Mismo": “encubrimiento”” (Dussel, 1994: 35).

El otro Occidente que representa América Latina es leído en clave ontológica como la proyección de la Europa moderna y capitalista. De acuerdo con Moreno (2001), el proceso de la conquista resulto ser una empresa capitalista, no sólo porque la conquista de América es la génesis de la modernidad capitalista mundial, sino por el hecho de establecer las posibilidades materiales para el desarrollo de las fuerzas productivas y que se generen relaciones de poder que darán sustento a las nuevas relaciones de producción. La conquista de América sirvió para el desarrollo del capitalismo. La categoría del otro Occidente sirve pare pensar a América Latina como una proyección de la mismidad europea, pero además de representar los lazos ontológicos con Europa, también debemos entenderla como un devenir del ser en cuanto que América Latina no se corresponde como algo cerrado, pre-moldeado, naturalizado en todas sus injusticias.

Por ello se resalta la comprensión historicista de América Latina, de una constitución permanente que se desarrollan desde el periodo precolombino hasta el desarrollo ulterior de los quinientos años de opresión, ultraje, explotación y también de resistencias, de configuración de identidades rebeldes, de luchas políticas y procesos revolucionarios. Desde esta posición, el marxismo latinoamericano posee la pertinencia epistemológica en cuanto pueda dar respuesta de la constitución ontológica de América Latina como inserta en la lógica colonial y su estructura óntica. El marxismo latinoamericano expresa una concepción filosófica de la realidad opresiva y de su transformación, ya que si se habla de un devenir del ser, entonces se estaría hablando de una construcción permanente, y de relaciones de poder que sobrepasan a constituciones de voluntades.

Aquí se comprende que una lectura marxista de América latina  en cuanto devenir del ser termina por constituir desde el ámbito filosófico de un marxismo latinoamericano que pueda comprender la dinámica de constitución de lo latinoamericano como independiente de lo otro. Este otro es representado por Europa o EE.UU., es decir el capitalismo central, quien ejerce desde sus clases dominantes la hegemonía global. El marxismo latinoamericano en clave filosófica expresa no sólo una filosofía de la praxis, de la emancipación del sujeto subalterno constituido en sujeto autónomo, en la concepción de comunismo de la Ideología alemana donde se establecía que “nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual” (Marx y Engels, 2001), sino también de una crítica a la cuestión colonial y su estructura ontológica opresiva. Pensar al marxismo latinoamericano desde el devenir del ser  es comprender que lo latinoamericano es entendido desde la transformación del estado de cosas actual y una crítica a los fundamentos del neocolonialismo o la colonialidad.

En el aspecto de la comprensión sociológica, debemos dejar en claro que la categoría de capitalismo periférico nace con la propuesta política de Gramsci, ya que él no es un pensador del Occidente central, de los países capitalistas más “desarrollados”, sino de la periferia, de un país donde las tareas nacionales del proletariado demostraban las fracciones internas, entre un norte de carácter capitalista moderno, y un sur atrasado y campesino. En vez de optar por el norte, ya que la presencia del proletariado era mayor, Gramsci establece en La cuestión meridional una sociología de la sociedad italiana y reconoce que debe constituirse una unidad para poder desarrollar una estrategia revolucionaria. Esta realidad que expresa Gramsci en su sociología marxista se puede relacionar con América Latina, donde nuestras sociedades se han configurado desde un centro con vistas hacia el otro, a Europa o EE.UU. y un adentro conflictivo, donde la exclusión y la pobreza son monedas comunes.

América Latina también es un capitalismo periférico, no sólo porque se encuentra en la periferia del desarrollo capitalista moderno, sino que las relaciones sociales de producción capitalista, y sus relaciones con otros tipos de relaciones sociales de producción, lo que algunos autores llaman formaciones abigarradas, y el desarrollo de las fuerzas productivas moldean el modo de producción capitalista propio de América Latina y de allí se “sostiene” una superestructura que es expresión de los conflictos de clase, donde la hegemonía cultural es configurada por las clases dominantes y lo popular queda en un aspecto secundario. Los dispositivos de control y exclusión que juegan como componentes de la sociedad civil establecen una de las características del Estado en el capitalismo, el mismo es expresión de los espacios de unificación de intereses de las clases dominantes, siendo las clases subalternas desunidas, ya que “no están unificadas y no pueden unificarse mientras no puedan convertirse en Estado” (Gramsci, 2012: 22).

El capitalismo periférico latinoamericano leído en clave sociológica marxista destapa la realidad del Estado no como un espacio de disputa[6], sino como una propuesta política en la cual los sujetos subalternos deben unificarse y construir ese nuevo Estado, el cual será expresión de los intereses de las clases dominadas vueltas clases dominantes. Aquí se relaciona el tema de la estrategia revolucionaria, ya que para entender al proceso de constitución de un nuevo Estado como unificación de los sujetos subalternos, entonces debería existir una política que tome como consideración la “toma del poder” y se refleja en la posición asumida que la guerra de posición toma a la guerra de maniobra como una táctica.

Se puede pensar al marxismo latinoamericano desde la categoría de capitalismo periférico como forma de concebir a América Latina y sus conflictos de clase en relación al Estado y la problemática de la unidad de lo nacional y social en relación a la estrategia revolucionaria. En América Latina conviven formas de producción no capitalista, como también formas modernas de relaciones sociales capitalistas, además de cuestiones nacionales donde conviven una variedad de etnias. Es por ello que el marxismo latinoamericano debe pensar la problemática de la cuestión nacional y social, siempre comprendiendo que la problemática anteriormente señalada se corresponde a diferentes formaciones sociales, o más conocido como abigarramiento de la sociedad, pero tal configuración de la sociedad debe tomar en cuenta la predominancia del  núcleo capitalista dominante, tal como es expresado por las palabras de Molina, con quien se acuerda que:
La Formación Social (una categoría marxista central para el análisis de cualquier sociedad concreta), no es una simple sobreposición o coexistencia de distintas formas económicosociales, cada una con su propia “superestructura”, cultura, etc., sino una compleja articulación, bajo el dominio del modo de producción capitalista, de formas económico-sociales de origen pre-capitalista, otras de carácter transicional o semicapitalista y aún otras producto de la crisis y descomposición del propio capitalismo (Molina, 2007, pág. 49-50).
El marxismo latinoamericano desde la perspectiva de Gramsci y la dialéctica entre lo social y lo nacional

Cuando se habla de la cuestión nacional no se está ingresando en el discurso de las doctrinas nacionalistas que toman el concepto de nación y lo consideran como punto de unificación del pueblo, ya que lo que basta es que ese grupo social comparta un proceso histórico determinado. En cambio, se entenderá a la cuestión nacional como la problemática de las formaciones sociales vigentes en América Latina y, al igual que Gramsci hizo con Italia, se comprenderá a la misma como la cuestión de la unidad en vías del desarrollo de un proyecto político emancipador, siempre desde una concepción marxista que logre desarrollar tal proyecto desde la diversidad del sujeto subalterno, el cual corresponde al obrero, campesino, indígena, desocupado, etc. La cuestión nacional se relaciona a cómo poder entender la unidad de las clases subalternas en la prefiguración de su futuro, tomando en cuenta la diversidad del mismo, y cómo ellas han sido generadas desde la conformación de los Estados nación y la política de la exclusión.[7]

En cuanto a la cuestión social, se toma en cuenta que la misma es entendida como las condiciones sociales en las cuales se encuentra ese múltiple sujeto subalterno, condiciones sociales que se relacionan directamente con la presencia del capitalismo periférico y de la imposibilidad del mismo de mejorar significativamente las condiciones de vida de la población. La constitución del capitalismo periférico, más allá de responder a la lógica de internacionalización del capital, se encuentra bajo condiciones opresivas por las potencias imperialistas que ven en América Latina una región de donde extraer recursos energéticos y mano de obra barata, ya que el modelo neoliberal instaló empresas transnacionales que terminaron por explotar una mano de obra barata y acumulando grandes concentraciones de capital, siempre en detrimento de toda posibilidad de autonomía política en los países donde se instalaba.

Lo social y lo nacional están presentes en la obra gramsciana, en especial cuando el filósofo italiano nos habla de la cuestión meridional. En ella se resalta el tema del colonialismo interno, es decir en la dominación de una región sobre la otra, siempre articuladas las diferentes regiones en función de erigirse sobre relaciones capitalistas de producción. Se rescata esta comprensión del problema de lo nacional y su relación con lo social en el marco de un proyecto emancipador, ya que si no se rompe con aquella lógica de dominación, el discurso emancipador también asumirá esa lógica, y se caería en esconder bajo una fraseología pseudo revolucionaria una posición epistemológica que terminará de alguna forma legitimando el colonialismo interno de las diferentes regiones. En base a esto se concuerda con González cuando dice que:
Para los ideólogos que luchan con los movimientos de liberación nacional o por el socialismo, porque, una vez en el poder, dejan a un lado el pensamiento dialéctico y no aceptan reconocer que el Estado-nación que dirigen, o al que sirven, mantiene y renueva muchas de las estructuras coloniales internas que prevalecían durante el dominio colonial o burgués (González, 2006, pág. 409-408)
La cita es importante desde el punto que reconoce que el colonialismo interno sobrepasa la condición de la toma del poder, pero no se compartirá tal posición en ese extremo, ya que una estrategia que tome en cuenta las características nacionales debe orientarse a solucionar los problemas de la división de las clases subalternas. Esa preocupación fue parte de la filosofía política de Gramsci, y más cuando la relacionó a su categoría de hegemonía. Esta categoría es elaborada desde el punto de vista de reconocer en Italia el problema de la cuestión meridional y vaticana, y a lo cual  profesa que

Conquistar  la mayoría de las masas campesinas significa, por tanto, para el proletariado italiano dominar esas dos cuestiones desde el punto de vista social, comprender las exigencias de clase que representan, incorporar esas exigencias a su programa revolucionario de transición, plantear esas exigencias  entre sus reivindicaciones de lucha (Gramsci, 2012, pág. 18).

Ese es el punto central de la cuestión meridional, el que concibe que para pensar un proyecto emancipador la clase obrera debe ocupar un papel dirigente del conjunto de las clases subalternas, y tomar en cuenta las cuestiones propias de los diferentes países para concebir un programa revolucionario de transición.[8] Esas cuestiones propias en Italia fueron la cuestión meridional y la vaticana, pero en América Latina son otras, aunque no dejan de presentarse bajo el esquema del colonialismo interno. La hegemonía se erige como categoría que permite re-pensar las estrategias de los proyectos emancipadores en América Latina, en cuanto sociedades abigarradas, tal como el caso de Bolivia, o de países con presencia indígena y campesina sumamente relevantes. Es el marxismo, más allá de todas las críticas que ha recibido por parte de la intelectualidad posmoderna que confunde el método de análisis con el espacio geográfico y el momento histórico en donde se desarrolló el marxismo.

Un aspecto central en la concepción de un análisis marxista de la condición social de América Latina, y de su condición nacional, corresponde a una categoría elaborada por Trotsky, el desarrollo desigual y combinado,  en donde el revolucionario ruso considera que la misma alude a una ley del desarrollo histórico y que si no se toma en cuenta “sería imposible comprender la historia de Rusia ni la de ningún otro país de avance cultural rezagado, cualquiera que sea su grado” (Trotsky, 2008, pág. 12). Sería imposible comprender la historia porque mediante ella se analiza el crecimiento a saltos y la relación que existe entre diferentes formaciones sociales en una sociedad determinada. Es por ello que se comprende al capitalismo predominante en América Latina como un capitalismo periférico, ya que se encuentra en la periferia del desarrollo capitalista central, y de tal manera asume diversas formas, aunque con un núcleo capitalista dominante, lo que lleva a que las tareas de transformación de la sociedad pasen por transformar revolucionariamente el capitalismo sin pasar por una revolución por etapas burguesas.[9]

Es en esta radicalidad que la cuestión social y la cuestión nacional asumen una relación dialéctica, ya que la condición social del capitalismo periférico abre un marco de entendimiento de la cuestión nacional, la cual es el producto del desarrollo histórico de tal capitalismo periférico en América Latina y los conflictos sociales en los que los Estados nación se configuraron como Estados excluyentes de las grandes mayorías. Ante ello, Gramsci aporta el concepto de hegemonía en cuanto asume que:
El proletariado puede convertirse en clase dirigente  y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el estado burgués a la mayoría de la población trabajadora, lo cual quiere decir en Italia, dadas las reales relaciones de clases existentes en Italia, en la medida  en que consigue obtener el consenso de las amplías masas campesinas (Gramsci, 2012, pág. 17-18).
El desarrollo de esta alianza de clases permite generar un consenso en ellas en la articulación de un programa revolucionario de ruptura y transición al socialismo, pero también que la necesidad de tal alianza se desprende de las condiciones nacionales y sociales. El marxismo latinoamericano debe ser re-pensado desde la dialéctica entre la cuestión nacional y la cuestión social, asumiendo el análisis de Gramsci en cuanto hace posible una lectura marxista en clave revolucionaria del capitalismo periférico, y pone el énfasis en la conformación de un sujeto emancipador comprendido desde la intersubjetividad, pero sin dejar de tomar en cuenta para su análisis las bases materiales de tal tipo de sociedad. Fuera de toda heterodoxia propia de los marxistas latinoamericanos, se quiere concebir la pertinencia epistemológica de un marxismo que tome en cuenta las condiciones sociales y nacionales, y la filosofía de Gramsci como pensador de la periférica capitalista permite concebir tal pertinencia.

Las experiencias de masas recientes en América Latina, en especial en Venezuela, Bolivia y Ecuador, han revitalizado la discusión acerca de la pertinencia del marxismo latinoamericano, y no porque las direcciones políticas de estos procesos estén desarrollando un camino emancipador desde el marxismo latinoamericano, sino porque generan la emergencia de que el marxismo latinoamericano pueda contestar a las versiones de cesarismos progresistas[10] o bonapartismos sui generis[11] en clave de propuesta radical de transformación del sistema capitalista. El Estado, más allá de haber sido modificado en su papel con el mercado, sigue siendo el espacio de unificación, y en muchos casos de disputa, de los intereses de la clases dominantes. Re-pensar al marxismo latinoamericano, comprendiendo el cambio de época de América Latina, no debe llevarnos a una lectura posmoderna del mismo, la cual tomaría en cuenta que el cambio de época es parte de una transformación cultural, sino que se debe re-pensar al marxismo latinoamericano como lectura de las posibilidades reales de establecer una estrategia que sea ruptura del orden establecido.

Conclusión

El marxismo latinoamericano ha sido considerado desde una multiplicidad de autores que han asumido la propuesta marxista desde varias decodificaciones de lo latinoamericano, algunos concibiéndolo como continuación de una tradición nacionalista, otros desde la ortodoxia estalinista, desde el posmodernismo, etc. En el presente trabajo se rompe con un esquema que iría construyendo el marxismo desde su relación con estos diversos autores, y se establece una noción de carácter epistemológico en cuanto el marxismo pueda leer la realidad latinoamericana desde una perspectiva sociológica y filosofía. En cuanto al aspecto filosófico, el marxismo es crítico del orden colonial, del carácter opresivo sobre los márgenes, sobre la periferia, siempre concibiéndolo posterior a la ruptura de Marx con el eurocentrismo. En cuanto al aspecto sociológico, se analiza la realidad social en relación a las formaciones sociales. El marxismo latinoamericano es un devenir del ser como proyecto no cerrado, como una constante construcción en relación a una lectura de la realidad latinoamericana y de las tareas de la emancipación.

La perspectiva de Gramsci toma en cuenta las características nacionales y sociales de las sociedades periféricas del capitalismo, ya que estructura a dicha realidad en la estrategia que presenta a la guerra de maniobra como forma de establecer a las clases dominadas en una unidad basada en un nuevo Estado. El marxismo latinoamericano debe alimentarse de tal propuesta estratégica, siempre asumiendo a lo táctico de la insurrección como un momento decisivo. Si no se toma en cuenta la radicalidad del marxismo latinoamericano como filosofía de la praxis que se presente como propuesta teórica y práctica de los sujetos de la emancipación, entonces estaríamos haciendo filosofía posmoderna, elaborando una serie de categorías metafísicas que ocultan los dispositivos concretos de la dominación.

Notas

[1] Daniel Alberto Sicerone Podesta. Argentino, residenciado en la República Bolivariana de Venezuela. Licenciado en Filosofía por la Universidad Católica Cecilio Acosta. Maestrante del Posgrado en Filosofía de la Universidad del Zulia. Tesis de pregrado: "El marxismo latinoamericano como proyecto emancipador desde la interpretación de las categorías gramscianas". Ponencias: Congreso Redieluz 2014 “La centralidad de la praxis en la filosofía de Marx”. Pre-Congreso Invecom 2014: Medios públicos venezolanos como difusores de ideología desde la hermenéutica de las categorías marxistas de Ludovico Silva”. Artículos publicados: Revista Reflexiones Marginales para el Volumen de Diciembre-Enero, denominada "La reemergencia de la clase obrera contra la muerte del sujeto en clave posmoderna".
[2] Dilucidar las diferencias que existen entre Oriente y Occidente para la filosofía política de Gramsci permite comprender que la misma escapa de considerar a ambas como diferencias económicas o geográficas, y las mismas deben ser comprendidas desde la concepción del Estado y la estrategia revolucionaria.
[3] Esta actitud es propia de las corrientes ultra-izquierdistas y sectas políticas que consideran a la estrategia rusa con valor universal para todo momento de la lucha de clase, y siempre entendida por fuera de los procesos reales de la lucha de clases.
[4] Esta interpretación del Estado estaría constituyendo una lectura equivocada de la naturaleza del Estado en una sociedad dividida en clases, por el hecho de considerar a la misma en los márgenes de la clase social y los conflictos de clase.
[5] Las luchas interburguesas son expresiones que no siempre las clases dominantes logran unificarse. El caso argentino del “conflicto agrario” es un ejemplo de ello.
[6] Esta posición es asumida por el posmodernismo marxista.
[7]  La luchas de las clases subalternas en la segunda mitad del siglo XIX pueden ser entendidas como la expresión real de los conflictos por establecer un Estado nación que ingrese al sistema económico social del capitalismo.
[8] La centralidad de la clase obrera es propia de su posición dentro del mundo de la producción capitalista, y se asume que la misma no ha perdido tal centralidad frente a las propuestas posmodernas de la invisibilización de ella.
[9] Es propia de la propuesta Estalinista que considera que primero debe pasar las sociedades por una revolución democrático-burguesa de liberación nacional, para luego avanzar hacia el socialismo.
[10] Esta categoría es propia de Gramsci en cuanto análisis de gobiernos que favorecen de cierta forma un avance a los sectores progresistas.
[11] Esta categoría es propia de Trotsky en cuanto análisis de los gobiernos que se encuentran de alguna forma por arriba de los conflictos de clase, y median entre las clases en conflicto.

Bibliografía

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Gramsci, A, (2012). “Selección de escritos de Antonio Gramsci (1921-1926) Segunda parte” en Teoría y praxis en el pensamiento de Antonio Gramsci: sus aportes para analizar la realidad latinoamericana. Programa Latinoamericano de Educación a Distancia, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires.
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