24/9/14

Revolución pasiva, revolución permanente y hegemonía

Fernando Rosso & Juan Dal Maso   |   Es un clásico lugar común de la mayoría de los intelectuales gramscianos (también de algunos antigramscianos furiosos) el de presentar las teorizaciones de Gramsci sobre la cuestión de la revolución pasiva como el “fundamento objetivo” de una estrategia “hegemónica” opuesta a la revolución permanente. Desde esta óptica, a la capacidad del capitalismo de operar recomposiciones de todo tipo, es necesario oponer una lucha política de tipo acumulativo, cuyas definiciones estratégicas no van más allá, en el mejor de los casos, de la constitución de un “bloque popular” que opera un cambio en la relación de fuerzas o, en el caso menos afortunado, diversas variantes que van de “izquierdas amplias” (Europa) hasta “gobiernos progresistas” (América Latina).

En los análisis de Gramsci está presente la pregunta de si “... existe una identidad absoluta entre guerra de posición y revolución pasiva? ¿O al menos existe o puede concebirse todo un período histórico en el cual los dos conceptos deban identificarse, hasta el punto en el cual la guerra de posición se transforma en guerra de maniobra?” (C15 §11). Teniendo en cuenta el contexto de la reflexión del comunista italiano, se puede sostener sin temor a forzar un “uso” que esta pregunta apunta más a la justificación de la guerra de posición por una correlación de fuerzas dada que a la adopción de la revolución pasiva como política propia.