12/8/14

Pensamiento Nacional de Gramsci

  • En su libro, el sociólogo José María Aricó hace hincapié en la trascendencia del italiano y su radicalidad al analizar su paso y su influencia en América latina, debates que hoy los gobiernos populares y progresistas deben dar necesariamente.
Paulo Menotti   |   Hace pocos días se conoció la noticia del cierre del diario L’Unità, el diario que había fundado hacía 90 años el propio Antonio Gramsci, y que se convirtió en sus años de esplendor en la palabra oficial del Partido Comunista Italiano. La novedad acompaña la sentencia de “el fin de una ilusión” y también la afirmación de José Aricó de que el intelectual italiano había perdido actualidad ya en los años 80. Sin embargo, “¿quién podría razonar sobre los grandes o pequeños problemas de nuestros países sin apelar a palabras tales como hegemonía, bloque histórico, intelectuales orgánicos, crisis orgánica y revolución pasiva, guerra de posiciones o de movimiento, sociedad civil o sociedad política, Estado ampliado”, se pregunta el propio Aricó al señalar la trascendencia del pensamiento gramsciano. En ese sentido es que fue escrito su libro La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina, es decir, sin olvidar sus límites se subrayan los enormes aportes que hizo a la izquierda nacional como a las ciencias sociales criollas. 

Una vertiginosa transizione | ‘Gramsci. Il sistema in movimento’ di Alberto Burgio

Marco Ambra   |   La percezione del movimento circolare di ogni cosa sprofonda, chi è preda delle vertigini, nell’apparenza visiva di una caduta prolungata, di un’accelerata discesa in un vuoto originario che allontana e allo stesso tempo non evita l’impatto con la solidità del terreno,  con un saldo mondo di fondamenta. Il concreto sentimento del tempo storico presente nei Quaderni del carcere impone al lettore contemporaneo una sensazione analoga, di smisurata vertigine e assenza di fondamenta, un’immagine di solitudine ed estraneazione dalla violenta contingenza degli anni ’30, che guarda lontano senza mai impattare con il limite del terreno.

Un Gramsci inattuale dunque, costretto a meditare il mondo dal carcere fascista per affermare il valore nella storia e nel mondo della praxis. Ma anche un Gramsci attuale, lettore della logica storica di crisi della modernità, sradicato con la forza dall’agone politico della durata, il tempo umano delle azioni e della storia, e ricollocato nella prospettiva für ewig e di lunga durata della «filologia vivente» e quindi del nostro – eterno e appiattito – presente. Al quale i suoi occhi chiari, da triste profeta, non cessano d’imprimere vertigine e movimento.