29/4/14

Gramsci y las culturas populares en América Latina

Néstor García Canclini  |  Se necesitaba una obra tan lacónica como la de Gramsci para hacerle decir tantas cosas. Si ningún autor esta solo con sus textos, si “su obra” es también las interpretaciones que la rehacen, las citas que la ubican en otro campo conceptual, esas variaciones son aun más erráticas cuando se trata de textos fragmentarios leídos en un continente lejano. Como teórico de la superestructura, Gramsci sirvió para escapar de las simplificaciones economicistas. Ante la crisis del althusserismo, del funcionalismo estructuralista que guió su análisis de los aparatos ideológicos, redescubrimos  la fecundidad política y científica del concepto “aparatos de hegemonía”. Hubo quienes encontraron en él al teórico clave para todo: el superador de Lenin, el intérprete de la crisis capitalista y de la revolución en occidente, la reformulación de la teoría del Estado y del partido, el estratega de las coyunturas.

Antonio Gramsci o la religión de la Modernidad: Una mirada retrospectiva en su centenario

Otto Kallscheuer  [1991]  |  Fue después de su muerte, acaecida a los 46 años de edad tras ser excarcelado de la prisión fascista, que Antonio Gramsci ha sido elevado a la dignidad de Padre de la Iglesia del marxismo occidental. Atrás quedaban diez años de cárcel durante los cuales el comunismo internacional - muy al contrario que en el caso Dimitroff - no había alzado un dedo para contribuir a su liberación.

En los círculos de la Internacional estalinista se sabía que en sus intercambios de correspondencia con Togliatti, Gramsci había repudiado desde muy temprano (1926) la evolución del desarrollo burocrático en la Unión Soviética, y luego, más que nada, la doctrina social-fascista del Komintern (1929): sus consideraciones políticas - que en la prisión tuvo que discutir primero con compañeros no comunistas (socialistas, anarquistas) y que