20/12/14

La polémica de los intelectuales del PC de Argentina | La discusión sobre Antonio Gramsci

Foto: Alexia Massholder
Isidoro Gilbert comentó un libro sobre Héctor P. Agosti. La autora de la obra responde con esta nota sobre el uso dado al término ‘gramsciano’

Alexia Massholder   |    Bienvenida la polémica! Y por supuesto, el ejercicio de reflexionar no sólo sobre las prácticas culturales ajenas sino las propias. Tal fue el mérito de la crítica que Isidoro Gilbert publicara sobre mi libro El Partido Comunista y sus intelectuales. Pensamiento y acción de Héctor P. Agosti, en la edición impresa de ‘Ñ’ del 29 de noviembre pasado, Llevarme a la reflexión sobre mi propia práctica. [Esta nota fue publicada también en Gramscimanía  bajo el título El hombre que difundía a Gramsci].

No me detendré en recuperar todos los temas tratados en mi investigación, ni completar aquí los temas que aunque no están ausentes, efecti- vamente no fueron desarrollados por cuestiones formales que no cabe explicar aquí. 

Así sucedió con el Encuentro Nacional de los Argentinos y la participación de Agosti en la APDH, temas que esperan ser visitados por nuevos investigadores y que no pudieron ser mayormente desarrollados en el libro. Me detendré simplemente, por razones de espacio, en el único aspecto enfatizado por Gilbert en su escrito: la discusión sobre Antonio Gramsci.

 Lejos está de los objetivos de mi práctica, no sólo de mi investigación, la calificación o el maltrato, actos que me hubieran alejado de las “reglas” correspondientes a una tesis doctoral (que se transformó luego en libro), y que no corresponden a mis convicciones. Se trata justamente de una reinterpretación de lo único que hasta ahora aparecía merecedor del calificativo de “gramsciano”, sobre todo en los ámbitos académicos, hegemonizados por estos mismos “gramscianos” desde el advenimiento del alfonsinismo. Nadie vinculado a los espacios de circulación cultural podría espantarse de que las operaciones culturales tienen siempre un costado político. Mi crítico bien lo sabe. Mi objetivo principal sobre la cuestión gramsciana era, además de difundir documentos inéditos que me permitieron reconstruir cómo las obras del italiano llegan a la Argentina, brindarle al lector una lectura diferente de los “usos” de Gramsci, de la misma forma en que Lenin y Rosa Luxemburgo podrían hacer un “uso” de Marx determinado.

Ahora bien, ni Lenin ni Rosa Luxemburgo hicieron del pensamiento de Marx, una “caja de herramientas” simplemente teóricas por fuera de la praxis, porque esta última implica no sólo lo que se dice sino también lo que se hace. Y en este caso, el marxismo propuesto por Aricó en su lectura de Gramsci se emparenta, desde inicios de los años 80 como aclaro en mi libro, al “marxismo, pero” que describiera Lucien Sève hace ya muchos años: “acepto el socialismo, pero no la dictadura del proletariado, acepto la literatura comprometida, pero no el espíritu de partido...” No se trata de una disputa meramente intelectual. Claro que esto no tiene por qué ser compartido por quienes no acompañan, o dejaron de acompañar, los ambiciosos caminos de Gramsci. Se trata de mostrar, insisto, entre otras cosas, que la apropiación por otro, es siempre un hecho subjetivo, impregnado de intencionalidades, más o menos conscientes, por ubicarse de una determinada manera en el campo intelectual.

Quienes lean el libro podrán confirmar o refutar lo que aquí quise comunicar.