4/12/14

El hombre que difundía a Gramsci

Biografía intelectual. La historiadora Alexia Massholder reconstruye vida y obra del argentino Héctor P. Agosti, divulgador del gramscismo

Isidoro Gilbert   |   Los 32 Cuadernos de cárcel, 2.848 páginas escritas por un muy enfermo Antonio Gramsci, desde febrero de 1929 hasta agosto de 1935 en vísperas de su muerte, fueron secretamente llevadas a Moscú por sus amigos para resguardarlas del fascismo pero al final de la guerra el secretario general del PC italiano, Palmiro Togliatti, impulsó su publicación en Italia junto a las Cartas de la cárcel . Son seis volúmenes, ordenados por argumentos homogéneos, con los títulos: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce (1948); Los intelectuales y la organización de la cultura (1949); Il Risorgimento (1949); Notas sobre Maquiavelo , sobre la política y sobre el Estado moderno (1949); Literatura y vida nacional (1950) y Pasado y Presente (1951).

Los primeros títulos comenzaron a publicarse en la Argentina por la editorial Lautaro a partir de 1950 a instancias del intelectual comunista Héctor Pablo Agosti que hizo las primeras traducciones que luego delegó en su discípulo preferido, José Aricó, que había sido secretario de la FJC de Córdoba, situación que dio nacimiento a la pregunta sobre quién fue el verdadero difusor de las ideas de Antonio Gramsci, no solamente en la edición de su libros sino además en la aplicación de sus conceptos.

En el libro Los gramscianos argentinos , Raúl Burgos le ha dado el monopolio del italiano a la disidencia comunista de principios de los años 60 que se organizó alrededor de la revista Pasado y Presente, que relegó al olvido a su inicial motorizador, Agosti, en gran parte porque su partido, el PCA, no puso en la literatura educativa de sus cuadros los trabajos de Gramsci pero sí el cúmulo de libros desde El Capital y las Obras Escogidas de Marx y Engels, a los trabajos completos de Vladimir Lenin, particularmente (su poco más de medio centenar de tomos fueron editados en la ilegalidad, una proeza) y todo el núcleo duro de la escolástica soviética: informes de los congresos del PCUS, batallas interminables contra el trotskismo y así de seguido. Gramsci, para quienes orientaban publicaciones y lecturas, fue un ausente hasta los 80 cuando se conocieron trabajos interpretativos de Mauricio Libediski.

La historiadora y docente universitaria Alexia Massholder ha salido al cruce de esa controversia con un elaborado trabajo: El Partido Comunista y sus intelectuales. Pensamiento y acción de Héctor P. Agosti (Ediciones Luxemburg) donde el centro de atención es desgranar el pensamiento del autor de Defensa del Realismo , apoyándose no solamente en una atenta lectura de su producción literaria, periodística o como disertante, sino en numerosos papeles no conocidos. Son los que estaban sin análisis en los archivos de la Asociación Héctor P. Agosti o en los papeles que guardaba su hermano Carlos, que entregó a la autora, acaso no totalmente por la ausencia del profuso epistolario que el autor de El mito liberal mantuvo son su segunda esposa, Alicia García.

Son varias las hipótesis que despliega Massholder en torno a los intelectuales comunistas y su partido que lo llevó a cobijar en número interesante, pero su esfuerzo fundamental es demostrar el carácter creador del pensamiento de Agosti y la aplicación concreta de categorías gramscianas en sus libros, por caso el Echeverría a propósito de tomar del italiano el concepto de revolución burguesa frustrada, homologándola con el Mayo criollo, como origen de las desventuras nacionales.

Massholder subraya que uno de los nudos polémicos de su trabajo es la introducción del pensamiento de Gramsci en Argentina. La sola iniciativa de traducir sus trabajos tres años después de su aparición en Italia “es uno de los mayores aportes al desarrollo de nuestra cultura política”, en un ejercicio pionero –sostiene– de aplicación de categorías como “hegemonía”, “sociedad civil”, “intelectual colectivo”, subrayando que el fundador del comunismo italiano, reflexionó desde su práctica política concreta “con el explícito objetivo de actuar por el triunfo de la revolución socialista, considerando la centralidad de su partido como pieza fundamental en ello”. Y añade: “no puede despojarse a Gramsci de esas principalísimas cualidades de su pensamiento para transformarlo en una ‘caja de herramientas’ plausible de ser utilizadas sin considerar aquel objetivo revolucionario”. En cambio dice que Aricó (también los de Pasado y Presente) al abandonar el PCA, “indefectiblemente debió realizar un ajuste de cuentas con (algunos) de sus escritos” por ejemplo cuando en Notas sobre Maquiavelo subraya el vínculo de Gramsci con el leninismo. A partir de entonces, Aricó, “fue despojando paulatinamente a Gramsci de un horizonte decididamente revolucionario para convertirlo en un teórico poco más que inofensivo cuyas categorías analíticas pueden aplicarse independientemente de los objetivos políticos de quien las emplee”.

Dicho de otro modo, sólo se es “gramsciano” dentro de un partido leninista que luche por la revolución socialista. Luce como afirmación estrecha, o congelada en la historia del movimiento obrero clasista. ¿Dónde quedarían los que adhieren a Carlos Marx? Lenin lo leyó de un modo, Rosa Luxemburgo no adhirió a esa visión y menos aún, Kautsky, todos eminentes marxistas. ¿Cómo explicar que el partido de Gramsci, devenido en Partido Democrático al implosionar la URSS, que tiene hoy un presidente y un primer ministro ex PCI y que su vocero sea el L’Unitá “fundado por Antonio Gramsci”? ¿O que un PC en Italia reivindique a Stalin y a Gramsci? ¿Desde cuándo hay una calificadora que se atribuye el poder de maltratar a quienes interpreten de manera diferente, y los ejemplos son abrumadores, a Marx o a Gramsci?

Agosti fue junto a Ernesto Giudici y Rodolfo Puiggrós un gran intelectual del PCA. La autora aclara mucho sobre sus actitudes en distintos momentos de la vida partidaria y rescata, con nuevos documentos a mano, su independencia de criterio aunque siempre supeditada a su pertenencia al PCA. No pocos piensan, escribe, que “Agosti no llegó a ser quien potencialmente podría haber sido por su pertenecía al PC. Y quizás tengan razón”. De todas maneras AM cree que a Agosti debe analizársele “teniendo en cuenta el objetivo de un cambio revolucionario en cuyo camino debió en ciertas ocasiones, resignar opiniones y actitudes en pos del colectivo partidario”.

Sea como fuere, el rescate de la obra de Agosti es loable pero aún falta completar su trayectoria. La autora parece no haber advertido, al reseñar los aspectos básicos de su vida, la ausencia de vínculos con los intelectuales peronistas. Recrea en cambio los que tuvo con creces con pensadores liberales (a varios los fustigo en El mito liberal) sobre todo cuando se rememora en tiempos de Perón el centenario del Dogma Socialista de Echeverría. Agosti fue un hombre de largas prisiones en la década infame, bajo Perón y con la Libertadora. Fue antiperonista: a fines de los sesenta reeditó Perón y la 2ª Guerra Mundial donde reiteró un equívoco del PCA sobre las motivaciones del golpe de 1943. Massholder no nos cuenta su reacción frente al eurocomunismo y otras novedades sobre el marxismo a las que estuvo siempre atento.

Unió su intelecto a la praxis participando como responsable comunista en el Encuentro Nacional de los Argentinos, pensado como alternativa a las propuestas de Perón o la guerrilla en los 70 y jugó un gran papel en la fundación y actividad bajo la dictadura (donde se opuso a la posición del PCA) de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.