28/11/14

Mariátegui, Gramsci y el espíritu revolucionario

  “Esta concepción de la vida (la visión de la vida como lucha, como “agonía”) contiene más espíritu revolucionario que muchas toneladas de literatura socialista” | Mariátegui sobre “La agonía del cristianismo” de Miguel de Unamuno 
Mariátegui Gramsci 
✆ Victoria Cuéllar
Gustavo Pérez Hinojosa   |   Desde el 06 de Febrero del presente año, la Universidad Popular Socialista del Perú “José Carlos Mariátegui”, desarrolló una importante y valiente Cátedra Popular de valoración del libro “Defensa del marxismo. Polémica revolucionaria” de J.C. Mariátegui (editado sobre sus artículos publicados entre Julio de 1928 y Junio de 1929, en las Revista limeñas “Mundial” y “Variedades” y posteriormente en los números del 17 al 24 de la Revista “Amauta”) alcanzando para la lectura y debate valiosos materiales, algunos de los cuales fueron “colgados” en el Blog “Creación Heroica”, entre ellos el Séptimo Ensayo del libro “Razón y Mito en Mariátegui” del filosofo peruano-okinawense Jorge Oshiro Higa, que trata precisamente sobre el polémico texto de Mariátegui. 

Tal y como expresamos en comentario público, en el acto de la inauguración de esta valiosa Cátedra Popular, su realización por compañeros principalmente provenientes de la veta mas “ortodoxa” del movimiento socialista peruano significaba todo un reto y quizás hasta una suerte de un auto-exorcismo de resultados imprevisibles pues, contra lo que consideran quienes no han leído el texto de Mariátegui en cuestión, éste no constituye la defensa del “ortodoxo” marxismo clásico que conocemos contra las críticas de Henri De Man en su “Más allá del marxismo” sino la defensa de las tesis críticas del propio Marx en deslinde contra la nueva corriente positivista infiltrada en el marxismo tras la muerte de Lenin, que empezaba a hegemonizar el movimiento comunista mundial, aprovechando la crítica de De Man contra la versión kaustkiana del marxismo de la Segunda Internacional.

Es precisamente en este debate contra las críticas de Henri De Man, donde Mariátegui se despega de la forma “oficial” de comprensión del marxismo, a modo del “socialismo clerical” de la Segunda Internacional, basada en la socialdemocracia alemana, y opone a la supuesta “herejía” que ésta implicaba la auténtica herejía revolucionaria, entendida como “renovación y continuación de la obra de Marx”, “el retorno a la concepción dinámica revolucionaria de Marx y su inserción en la nueva realidad intelectual y orgánica”, la restitución de su “misión revolucionaria”.

Tal y como señala Jorge Oshiro:
“La visión del marxismo establecida aquí por Mariátegui se contrapone categóricamente a la posterior versión estalinista de la historia de la filosofía, en donde la burguesía se equipara al idealismo y el proletariado al materialismo. Lo que se conseguía con ello era fundar un mecanismo abstracto de lucha entre dos posiciones irreconciliables – “la materia” y “el espíritu”- , en una dicotomía caricaturescamente “científica” entre el “Bien” y el “Mal”” (“Razón y Mito en Mariátegui”, pág. 455). 
Frente a esta lucha abstracta entre el materialismo y el idealismo, al estilo de los Autos de Fé de nuestra época virreinal, como explica Oshiro, Mariátegui postulaba una unidad orgánica del pensamiento en la cual “la lucha de clases no podía verse traducida mecánicamente a nivel filosófico”, y rompiendo con el esquematismo de las categorías inertes e inamovibles de “materia” e “idea”, tomadas históricamente como dos principios metafísicos irreconciliables y excluyentes postulaba el “espíritu revolucionario” que, como él bien señalaba, en su “La agonía del cristianismo” de Unamuno, permitía entender que “una filosofía “idealista” puede tener más espíritu revolucionario que muchas de las llamadas socialistas o materialistas”. El espíritu revolucionario que la Segunda Internacional había perdido conservando solamente la retórica “marxista”. 

Desaparecido físicamente Mariátegui, Antonio Gramsci retomaría este debate y la posición de Mariátegui en él, desde su estancia en las cárceles del fascismo (en su Cuaderno de Cárcel número XVIII, publicado más tarde bajo el título “Notas críticas sobre una tentativa de “Ensayo popular de sociología”, criticaría el texto de Nicolai Bujarin (publicado en versión rusa en 1921 y edición francesa en 1927), señalando que su materialismo metafísico planteaba la prioridad ontológica de la materia en sí, como “realidad objetiva” al margen del hombre y de su actividad práctica, por sobre el espíritu; precisando:
“La función y significado de la dialéctica pueden ser concebidos en toda su fundamentalidad, sólo si la filosofía de la praxis es concebida como una filosofía integral y original que inicia una nueva fase en la historia y en el desarrollo mundial del conocimiento, en cuanto supera (y en cuanto superando incluye en si los elementos vitales)el idealismo y el materialismo tradicionales, expresiones de la vieja sociedad. Si la filosofía de la praxis solo es pensada como subordinada a otra filosofía, no se puede concebir la nueva dialéctica, en la cual, justamente dicha superación se efectúa y se expresa”  (Antonio Gramsci, “El materialismo y la filosofía de Benedetto Croce y otros textos”, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, pag.140,). 
Añadiendo:
“…para la filosofía de la praxis la “materia” no debe ser entendida con el significado que resulta de las ciencias naturales (física, química, mecánica, etc., y estos significados han de ser registrados y estudiados en su desarrollo histórico), ni en los resultados que derivan de las diversas metafísicas materialistas”.“La materia, por tanto, no debe ser considerada en sí, sino como social e históricamente organizada por la producción, y la ciencia natural, por lo tanto, como siendo esencialmente una categoría histórica, una relación humana”. (Antonio Gramsci, Obra citada anteriormente, páginas 169 y 170). 
¡Qué lejos están el pensamiento de Mariátegui y el de Gramsci del opúsculo “Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico” de J.V. Stalin, y que cerca hemos vivido nosotros de este último, curiosamente en nombre de Mariátegui.