8/11/14

Las ‘Cartas desde la Cárcel’ de Antonio Gramsci

Su obra, para las nuevas generaciones puede ser fuente de conocimientos teóricos, como su vida es paradigma de un compromiso social y político en una época en que la postmodernidad desacredita todo atisbo de rebeldía contra el sistema

Antonio José Domínguez   |   Después de una época en la que la obra de Antonio Gramsci fue objeto de discusión, referencia y estudios –las publicaciones y congresos sobre su obra en todo el mundo occidental en los años setenta y ochenta hegemonizaron muchos de los debates sobre marxismo– hoy día, su obra merecería la atención en un momento de crisis donde, como él decía, a lo nuevo le cuesta emerger sobre lo caduco de lo viejo y donde sus categorías como el historicismo, el bloque hegemónico o el llamado intelectual orgánico nos clarificaría o desvelaría muchas de las cuestiones que han surgido después de la caída del Muro, el derrumbe del bloque comunista y la supremacía de las tesis neoliberales, así como la función de los partidos marxistas en las llamadas democracias.

En la obra de Gramsci que abarca su epistolario, los treinta y tres Cuadernos que escribió en prisión y su obra periodística, su correspondencia tiene su propia razón de ser en relación al resto de su producción por diferentes razones.

Las cartas escritas en la cárcel no solo nos sitúan ante un comportamiento que se erige como paradigma de resistencia moral, sino que también nos ofrece la génesis de su corpus teórico sin el cual el conocimiento del resto de su obra quedaría mutilado. Valentino Gerratama, responsable de la edición crítica de los Cuadernos de cárcel, nos dice que separar la trama de determinadas nociones teóricas sobre el modo cómo aquella se ha formado, nos expone más fácilmente al riesgo de malinterpretarlo, algo que ha sucedido más de una vez. Esta observación intenta evitar toda mitificación de su leyenda que ha acompañado siempre su actividad intelectual y cívica, que ha oscilado entre el sarcasmo y la admiración sin límites; pero es indudable que tanto su vida como su obra, para las nuevas generaciones puede ser fuente de conocimientos teóricos, como su vida es paradigma de un compromiso social y político en una época en que la postmodernidad desacredita todo atisbo de rebeldía contra el sistema.

Pero antes de adentrarnos en la lectura de sus cartas, deberíamos recordar los eslabones más significativos de su vida que, a veces, son evocados o descritos en el transcurrir de su epistolario. Antonio Gramsci nació el 27 de enero de 1891 en Ales (Cerdeña). Su infancia estuvo marcada por negativos acontecimientos familiares y por una caída que tuvo a los cuatro años que le produjo una deformación progresiva de su columna vertebral que, junto a otras enfermedades, le acompañarían y condicionarían su vida. En sus cartas nos dará puntual conocimiento de sus vicisitudes, como de su recia entereza ante el dolor y sus turbulencias en sus once años de trasiego carcelario: Un documento de tenacidad que desborda lo previsible de una conciencia militante siempre alerta, aun en una adversidad real.

Después de los estudios primarios y secundarios realizados con esfuerzos económicos, llega a Turín después de haber conseguido una beca para estudiar en la Facultad de Letras donde sumará a su formación académica los primeros conocimientos de su actividad y formación política. La prehistoria de su prolongada actividad periodística se encuentra en estos años, tarea que se concretará en el periodo que va de 1911 hasta 1915, años de intensa actividad intelectual a pesar de sus intermitentes crisis de salud. Es la época de su inscripción en la sección socialista de Turín y colaborador en el Il Grido del Popolo y redactor de Avanti!

En los años que transcurren de 1915 hasta el 1926, año de su detención y encarcelamiento, Antonio Gramsci se forja como líder y dirigente del movimiento comunista internacional. Es la época de la Gran Guerra, de la Revolución Rusa, de la expansión industrial en el norte de Italia, sobre todo en Turín y Milán y el tiempo de una implicación total en las luchas obreras, concretamente en los comités de fábrica, los debates dentro del Partido socialista que darán lugar a la escisión y a la formación de Partido Comunista de Italia que alcanza su desarrollo después de vivir momentos de tensiones internas y de una incesante actividad tanto en la sociedad italiana como en la III Internacional. Es el momento en el que emergen y se consolidan líderes como Amadeo Bordiga, Palmiro Togliatti y el propio Antonio Gramsci.

El epistolario de Gramsci consta de más de quinientas cartas escritas durante su destierro en Ustica, en la clínicas donde tuvo que ser internado y en las cárceles durante el periodo que abarca quince años, desde 1926 hasta 1937, año de su muerte. Sus interlocutores son Tatiana Schucht, hermana de Julia, esposa de Antonio Gramsci, su amigo Piero Sraffa, catedrático de economía en Oxford, sus hijos Delio y Giuliano, su madre y otros familiares. Como se puede comprobar en esta lista no aparece ninguno de sus camaradas porque no le estaba permitido escribir, o por razones obvias de seguridad.

La primera edición de las Cartas apareció en 1947 como primer volumen de sus Obras Completas que alcanzó una gran resonancia en el público como en la crítica que valoraba sus valores literarios y éticos y, sobre todo, la categoría cultural que anticipaba la temática de los Cuadernos. Benedetto Croce no dudó en afirmar que el libro pertenecía a todos por encima de idearios políticos, al tiempo que destacaba la dimensión intelectual de un autor que quiso pensar y transformar los problemas del presente. Otros calificaron las cartas de “libro edificante” y de formar parte de la mejor literatura italiana. Italo Calvino remarca su organicidad y su carácter memorialístico y narrativo donde se entrecruzan las vivencias, vicisitudes y reflexiones de una voz revolucionaria sin libertad en medio de la desolación de una celda. En 1965 apareció otra edición con el doble de cartas, muchas inéditas, acompañadas de notas científicas y recuperados algunos pasajes de las mismas que habían sido suprimidos en la edición anterior. Esta edición fue traducida por Esther Benítez y publicada en España en 1975 en la editorial Cuadernos para el diálogo con un prólogo de Paolo Spriano que, por su carácter informativo y crítico, fue en aquellos años de sombras una epifanía revolucionaria. La edición que comentamos, dirigida y prologada por el profesor Francisco Fernández Buey, recoge las cartas de la edición citada anteriormente y las que se añadieron en la tercera edición italiana del año 1996, así como una sección de notas críticas traducidas de las ediciones italianas.

El corpus de este epistolario abarca los periodos de destierro y prisión de Antonio Gramsci, así como los tiempos que transcurrían en los traslados a los respectivos centros penitenciarios y de los que dio fiel noticia de los mismos con la mirada de un periodista militante. Durante todo este tiempo las condiciones tanto físicas, intelectuales y emocionales sufren por la situación severa de las prisiones, por la evolución de su salud y por el aislamiento físico, no solo de su familia y amigos, sino de la parálisis de su actividad política, que a veces las siente con profundo dramatismo: la cárcel, a veces, crea en cada uno “su cárcel.”

Sin embargo, con todas las grandes limitaciones, escribe las cartas como la redacción y los Cuadernos creando una obra teórica y sentimental de difícil superación. Sus interlocutores le marcarán el tema y los registros siempre con una nota característica común: su buen hacer lingüístico, algo que le exige, a veces, a alguno de ellos para evitar la digresión y el monólogo y alcanzar así, el carácter dialogístico.

Si convenimos que las Cartas desde la cárcel nos narra parte de la vida del dirigente comunista italiano de una forma fragmentaria, y las agrupamos por tiempo y receptor nos encontramos con capítulos “independientes” entrelazados por la misma voz. De este modo, las cartas a su madre nos darán dos puntos de vistas diferentes sobre su situación. Ocurre lo mismo con las cartas a Julia, su mujer en Moscú, en las que el leit motiv es la educación de sus hijos y los silencios y reproches recíprocos. Con Tatiana, hermana de Julia, que ha permanecido en Italia para estar más cerca de él y poder visitarlo de vez en cuando, mantiene un contacto más frecuente al ser su mediador con el Partido y sus amigos. Otros interlocutores, como Piero Sraffa, su hermano Carlo y su hijo Delio constituirán una correspondencia de la que extraemos un pasaje de una de la últimas enviadas a este último y que resume su vida y obra: 
“Yo creo que te gusta la historia como me gustaba a mí cuando tenía tu edad, porque se refiere a los hombres vivos, y todo lo que se refiere a los hombres, a cuantos más hombres sea posible, a todos los hombres de mundo en cuanto se unen entre sí en sociedad y trabajan y luchan y se mejoran así mismos, no puede dejar de gustarte más que nada.”
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