23/7/14

Introducción a la praxis política gramsciana | Hegemonías y contrahegemonías

  • "Gramsci representa indudablemente un vértice: supera en riqueza de problemas teóricos y en aliento cultural a cualquier otro marxista occidental del siglo XX, logrando proponernos no ya solamente una temática basada en lo inmediato de la lucha política, y por ello en sus problemas de decisión, sino también una serie de indagaciones fragmentarias, pero no inorgánicas sobre las instituciones  políticas...en suma, un planteamiento sistemático y general de los grandes  problemas del Estado, del partido político, de la naturaleza de la política, de la relación fuerza-consenso, de la relación gobernantes-gobernados, de la relación intelectuales-pueblo" | Umberto Cerroni, Teoría y política del socialismo. Ediciones Era. México, 1976, p. 149
Antonio Gramsci ✆ Pierre Wiazemsky 'Wiaz' 
Miguel Ángel Herrera Zgaib   |   Este ensayo encara el devenir de la obra principal de Antonio Gramsci en Occidente, Los Cuadernos de la cárcel, en el tiempo de la guerra de posiciones y la crisis orgánica del capitalismo mundial. Hay un énfasis especial en la experiencia de los grupos y clases subalternas América Latina, y Colombia en particular, antes y después de la segunda mitad del siglo XX. La reflexión en lo teórico está basada en la categoría de hegemonía y su opuesta la contra-hegemonía, en una dialéctica conceptual central para el entendimiento de la Filosofía de la Praxis. Este análisis refiere el discurso a la experiencia política misma, en Gramsci y sus herederos para subrayar el papel de los intelectuales orgánicos y la construcción del nuevo príncipe, para enfrentar el bloque histórico reaccionario. También está presente la crítica de la hegemonía, cuando se derrumban las grandes narrativas y
aparecen los nuevos movimientos sociales en los que el proletariado tradicional ocupa un papel secundario en la lucha. Todo lo cual afecta la estrategia socialista y comunista de modo definitivo.

I. Una perspectiva Latinoamericana

La discusión de la obra de Antonio Gramsci en América Latina es aún fragmentaria, en vista de los textos publicados, y lo limitado de los enfoques conceptuales que los precedían, apoyados en uno y otrobando teórico y político, y dispuestos como cancerberos o herejes en la manipulación de dicha heredad. Porque la primera condición que faltaba alcanzar era contar con una buena y completa traducción tanto de la obra juvenil como de madurez del militante sardo, por mucho rato sujetos a textos dispersos y descontextualizados. Esta limitación se superó recientemente con la publicación y divulgación en español la serie completa de Los Cuadernos de la Cárcel, que existía en italiano desde 1975. 1 

El segundo obstáculo fueron las visiones que se yuxtaponían instrumentalizando la obra gramsciana desde los años 50. Primero existió el casi silencio de Palmiro Togliatti  sobre los tópicos conflictivos, 2 que Gramsci tuvo con Stalin y el liderazgo comunista subordinado a su puño de hierro durante la segunda guerra mundial y la defensa de Rusia de la agresión nacionalsocialista. Después, en la posguerra siguió la celebración literaria y humana de las Cartas de la Cárcel por Benedetto Croce, a quien Gramsci caracterizara como un intelectual orgánico de la burguesía italiana, y propiciador del bloque reaccionario que hizo posible el fascismo. 3 
                           
Casi siempre se entró a saco, sin rigor, en el complejo legado gramsciano usando partes para rendir culto facilista a la inmediatez de una fórmula coyuntural. Después, entre 1948 y 1958, el esfuerzo se concretó en compendiar en una serie de libros una muestra de los escritos de Antonio Gramsci, cuyo núcleo fue la selección de los Cuadernos encargada a Felice Platone, quien presidió la comisión de intelectuales del PCI que cumplió tal encargo.4  Paralelamente, en América Latina, hubo militantes que leyeron textos de Gramsci desde la segunda mitad del pasado siglo y antes de 1975. No se disponía, claro está, de una edición rigurosa, y éste era el sino padecido por la misma Italia. A partir de la década del 70, un puñado de estudiosos latinoamericanos fue revisando el estatuto teórico de la obra política y cultural de Gramsci. Era coincidente con la renovación epistemológica del marxismo, desafiado y fortalecido por las experiencias de vanguardia del movimiento revolucionario mundial. De modo casi inmediato también se echó mano de las categorías e intuiciones gramscianas para auxiliar en la caracterización de específicas coyunturas políticas, insertas tales cogitaciones en la tercera ola democrática mundial, que en América Latina marcó la quiebra progresiva de las dictaduras militares, los autoritarismos burocráticos de Centro y Suramérica. A veces se sacrificó el "desinterés" relativo de toda reflexión teórica, un compañero obligado de Carlos Marx, y de otros pensadores radicales y críticos. Lo cual no implicaba negar la toma de partido ética en el campo de la ciencia social moderna. El propio Gramsci lo asumió así; recluido en las prisiones fascistas, como Goethe quería reflexionar  für ewig,  sin concesiones a la inmediatez partidista, o a la manía de moda.

Los estudiosos latinoamericanos de la vida y obra de Gramsci, siguen siendo pocos comparativamente, pero se destacan entre ellos algunas contribuciones de calidad internacional, perfiladas después del año 1975, cuando había aparecido la edición crítica mejor logrado de Los Cuadernos de la Cárcel . Al respecto de esta obra crítica y creativa cumplida en nuestro continente, conviene introducir una elemental periodización. Ésta fija su atención, sin ser exhaustiva en los espacios académicos, y, de modo principal, en los aportes que desde allí se hicieron a lo largo del medio siglo pasado. Postulamos una primera etapa que va de 1950 hasta la década de los 60, cuando se divulgó la primera selección parcial e interesada de Los Cuadernos de la Cárcel, a cargo del equipo italiano del PCI.

Un segundo momento comprende la década de los 70, desde el triunfo de la Unidad Popular en Chile hasta la llegada de la alianza de izquierdas en torno al socialismo francés que eligió presidente a François Mitterrand; y el colapso del Eurocomunismo en Italia y en España. La tercera etapa la marca el resurgir de la sociedad civil, sujeto de primera línea en la resistencia proletaria y ciudadana de las democracias socialistas en los años 80. Luchas comandadas por los obreros de Solidarnost en Polonia, que potenciarán la caída del Muro del Berlín, y el sorpresivo, vertiginoso hundimiento del socialismo autoritario.

La causa y la influencia de Antonio Gramsci en América Latina tiene para el primer periodo las contribuciones incidentales de los argentinos Héctor P. Agosti, José Aricó y Pedro Scaron, en el discurso político; y el colombiano Carlos Rincón, desde la orilla de la crítica literaria y cultural de cuño marxista, donde la estética lukacsiana era su paradigma. En 1950 se publicó en Buenos Aires, Las cartas de la cárcel  con la introducción de Gregorio Bermann, que también aludía a la importancia de los Cuadernos de la Cárcel, para introducir el primer volumen, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce.

La editorial comunista argentina Lautaro se encargó de aquella primigenia publicación, y de los seis libros hechos de apartes escogidos de los Quaderni que aparecieron compilados con los siguientes títulos: Los intelectuales y la organización de la cultura; El Risorgimento; Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y el estado moderno; Literatura y vida nacional, Pasado y presente.

El prólogo fue escrito por el comunista argentino Héctor P. Agosti, y la entera publicación se realizó entre los años 1958 y 1962, cuando apareció el último volumen, Pasado y Presente. Agosti en compañía del grupo editor de los Cuadernos de Pasado y Presente mantuvo apoyado por esta tarea intelectual un debate paralelo al interior de su partido; movido por la presencia autoritaria del peronismo y la pertinencia de la discusión democrática para dar cuenta de la situación argentina, lo cual condujo a la postre a la salida de todo el grupo del partido comunista para el año de 1963.

De allí partió, luego de su paso por Córdoba, el despliegue de una iniciativa más ecuménica y ambicioso, el proyecto editorial conocido como los Cuadernos de Pasado y Presente, una biblioteca de autores marxistas y socialistas que dirigió José Aricó desde 1968, a través del cual se estableció después la editorial de izquierda, Siglo XXI. Esta casa editorial tuvo centros en México, Buenos Aires, Bogotá y Madrid. Este fue un proyecto del argentino Alejandro Orfila, un intelectual de cuño marxista, quien lo concibió después de su expulsión de la dirección del FCE, el gran proyecto editorial que patrocinara el gobierno del PRI en Ciudad de México. El golpe militar de 1976 hizo que el grupo de Aricó saliera de Buenos Aires rumbo a México, donde continuaron la divulgación del pensamiento de Gramsci y la Biblioteca de pensamiento socialista, hasta incorporarlo a la editorial Siglo XXI.5  

En el segundo periodo, la década de los 70, muy influido por el estructuralismo epistemológico de Althusser, por el debate del llamado historicismo italiano, existían las contribuciones españolas de Francisco Fernández Buey, Fernando Sacristán, J. M. Laso Prieto 6, y R. Vargas Machuca. Y claro, los debate sobre la cultura del marxismo anglosajón canalizados por New Left Review, donde Perry Anderson publicó Las Antinomias de Antonio Gramsci. En este intenso laboratorio de influencias y escuelas, se presentan nuevas iniciativas editoriales, con el apoyo del Istituto Gramsci de Roma para el circuito latinoamericano. José Aricó comunica en 1971 que se fusionaron la sucursal de Siglo XXI y Signos, y con la orientación conjunta de Juan Carlos Portantiero impulsan la difusión de títulos de Antonio Gramsci.

También se hicieron acuerdos en Buenos Aires con las editoriales Nueva Visión, que llegaron a publicar sólo Los intelectuales y la organización de la cultura (1972), y Granica en su serie Hombres del tiempo, Pasado y Presente, interesadas en las contribuciones de Antonio Gramsci sobre cultura e ideología. Parte de esta producción intelectual la aprovecharon también los marxistas argentinos José Nun y Ernesto Laclau, quienes abren vías nuevas a la hegemonía tradicional comunista sobre el legado de Gramsci; y circulan pronto las primeras lecturas interpretativas, aunque igualmente parciales de la teoría marxista de Gramsci, a cargo de Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ipola, principalmente.

Ellos se hacen eco en sus aportes reflexivos de lo que se discute en Europa del sur, donde han ido cayendo las dictaduras militares de España, Portugal y Grecia. Estos acontecimientos en que los marxismos militantes tuvieron relevancia en la lucha nacional de resistencia y fugaz notoriedad en los gobiernos de transición se precipitan con el golpe contra Salvador Allende en Chile. Luego se agudizan las lecciones en Latinoamérica con la sanguinaria dictadura militar que derroca al peronismo, que produce una diáspora de miles de intelectuales, militantes y simpatizantes de los diversos grupos legales e ilegales que animaron el debate teórico y la acción entre los años 60 y 70.

En el Brasil, la historia comenzó con la editorial Civilización Brasilera, y unos intelectuales animados por Enio Silveira y Moacyr Félix, quienes se disponen a editar en portugués una selección de textos de Gramsci, suscrita con F. Ferri en nombre del Istituto Gramsci, pero la edición resultó un fracaso. Las razones mucho tuvieron que ver con la interpretación oficial del partido comunista del Brasil, que insistía en una guerra de posiciones que se colocaba de espaldas a la resistencia contra la dictadura militar.

Con posterioridad al año 1968, el brasileño Carlos Nelson Coutinho publicó primero, en los respiros dictatoriales, una especie de manual sobre la obra y la importancia de Gramsci, el cual fue difundido por la editorial Siglo XXI en México, y en él había un acento principal en la cuestión de los intelectuales, un poco en correspondencia con la propuesta de la guerra de posiciones. Luego, veinte años después, Coutinho asume con la misma editorial la publicación de la edición crítica de los Quaderni dal carcere que culminó en el año 2002. Esta renovada iniciativa tuvo el acompañamiento fecundo, cada vez más vigoroso de Marco Aurelio Nogueira y Luiz Sergio Henriques. El primero tiene un blog muy importante por reflexión y noticias sobre Gramsci y sus estudiosos. 7 En México y el circuito centroamericano, nutrido por la diáspora suramericana de los perseguidos y exiliados políticos, acrecentada en la segunda mitad de los años 70, hubo más ambiciosos aportes. Empecemos por recordar un ensayo de revisión de la interpretación gramsciana que publicó Juan Carlos Portantiero en el volumen dedicado a una selección de los escritos políticos del sardo, y que emulaba con la antología hecha por Manuel Sacristán en España.

El ensayo fue titulado Los Usos de Gramsci, cuyo centro de atención fue el tema de la hegemonía y el fenómeno presente de las dictaduras militares a lo largo de América Latina. La nueva difusión de Gramsci corrió a cargo de la editorial Juan Pablos, que hizo tirajes populares, siguiendo la edición temática que realizó la editorial Lautaro.

Para qué dudar de los aportes de la intelectualidad mexicana dedicada al estudio de Gramsci. Ella contribuyó de modo riguroso y creativo al debate en diversos tópicos. Tales fueron los casos de Xavier Mena y Carlos Pereyra, en teoría política, Francisco Piñón Gaytán en la tópica religiosa y filosófica; Dora Kanoussi y Xavier Mena en antropología y filosofía política. Otras contribuciones importantes a la discusión crítica de Gramsci provinieron de Cesáreo Morales y Luis Salazar, influidos por la escuela Althusseriana.8 

Más aún, en México, la vocación organizativa del profesor Piñón articuló a jóvenes mexicanos de dos generaciones, y una cierta membresía internacional alrededor del Círculo de Estudios Sociales Antonio Gramsci, y unas conferencias periódicas que apoyó la UAM en Ciudad de México, y la editorial Garzón Valdés en materia de divulgación escrita y en foros. Los integrantes eran universitarios y activistas, laicos y religiosos, de la UNAM, la UAM, y la ENAH en Ciudad de México, y contaba con la simpatía de algunos académicos de las universidades públicas de los Estados de Puebla y México, y cierto apoyo en el sur de Estados Unidos y en Italia.

En la década en comento, la obra conocida de Antonio Gramsci hizo notables progresos en el campus universitario latinoamericano, no sólo en México y Centroamérica, sino en Suramérica antes y después de la caída definitiva de las dictaduras. Desde muy diversas lecturas, la Filosofía de la praxis rendía sugerencias a la causa estudiantil, la resistencia indígena, la rebeldía urbana y regional que maduraban cuando se derrumbaba el modelo desarrollista.

Ahora, claro está, la reflexión resultaba más compleja, en la medida que la cultura y el problema del sujeto revolucionario no convencional adquiría relevancia en el accionar de los nuevos movimientos sociales, y el tópico de la hegemonía adquiría nueva significación en el proceso de la modernización capitalista, al quebrarse el modelo de industrialización nacional que postulaba la escuela cepalina de izquierda, hija de las teorizaciones que revisaron las reflexiones de Raúl Prebisch.

Junto con los estudiosos en profundidad del legado gramsciano, ha habido un sinnúmero de breves contribuciones, la más de las veces, en toda América. Los autores han tocado con mayor o menor profundidad aspectos de esta herencia teórica y práctica, pero un esfuerzo de largo aliento no ocurrió todavía. Pero hacer una reseña en detalle de sus contribuciones no es la preocupación de esta introducción, que apunta al tema mayor de esta reflexión, la hegemonía y su efecto en la refundación de la ciencia política contemporánea.

La otra es una tarea para cumplir en el futuro. De lo cual se beneficiará el compromiso que hizo el Ministerio para los bienes culturales y ambientales de la República italiana, acordado el 20 de diciembre de 1996, de realizar la edición nacional de toda la obra de Antonio Gramsci, la cual abarcará sus  Escritos (1913- 1926), Los Cuadernos de la Cárcel, y el Epistolario (1908-1937). La comisión científica a cargo de este trabajo tiene por sede al Istituto Gramsci con la presidencia de Renato Zangheri, y está avanzando esta magna propuesta, con una comisión de la que hacen parte Eric J. Hobsbawn, Chiara Daniele, Giuseppe Vacca, Valentino Gerratana, Silvio Pons, Leonardo Paggi, Joseph Buttigieg, Remo Bodei, Giuliano Procacci, sin que ningún latinoamericano haga parte de ella 9.


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