8/5/14

Gramsci y el fútbol uruguayo

Nicolás Yeghyaián  |  ¿Estamos todos locos? Tal vez. Pero la fijación de precios no es una locura, es una medida de resistencia de una fuerza oprimida contra un poder hegemónico. Pero ¿por qué rayos hablamos de Gramsci en un artículo en el que tendríamos que gritar consignas insultantes tales como: “La tienen adentro”? Porque estamos aburridos de la opinión de vieja de feria (la cual abonamos día a día) que siempre intenta sacar conclusiones absolutas de todo, del tipo de “son todos chorros” etc. Por eso comenzaremos hablando de Gramsci y su teoría para luego explicar el suceso de público conocimiento a la luz de su
pensamiento (me salió una rima y todo).

Filosofía de la cara

El concepto de un grupo hegemónico sometiendo a una masa, masa necesaria para sostener su hegemonía y sobre la cual se ejerce dicha hegemonía lo describió muy bien Antonio Gramsci, comunista italiano en sus Cuadernos de la Cárcel. Esa hegemonía, que se expresa formalmente en órganos directivos, aparatos gubernamentales, etc, tiene su sostén en formas culturales, políticas, etc. El hecho de que haya un polo dominante (hegemónico) y uno sometido es natural a cualquier tipo de organización social, desde las más generales como el Estado moderno, hasta las más simples.

Claro que el poder o la hegemonía no son cosas abstractas, sino que son RELACIONES, es decir que alguien ejerce el poder sobre otro. Pero nunca hay linealidad, sino lucha y contradicción, por lo tanto al poder hegemónico siempre se le oponen RESISTENCIAS.

¿Qué tiene que ver esto con el fútbol uruguayo?

Naturalmente, en los organismos más simples de la sociedad también existe un polo hegemónico y otro sometido. Tal es el caso de la AUF. El poder dominante de los cuadros grandes nunca cesó en la Asociación, ni siquiera con el Ejecutivo anterior, sino que su capacidad de acción (es decir: su poder) era más limitado. O sea que la resistencia que se le oponía era superior a la que se le opone ahora.

¿En qué consistía esa resistencia? En ocupar un lugar en la dirigencia formal. Pero como dijimos antes la hegemonía no consiste solo en lo formal, sino que hay relaciones políticas, culturales, etc. Es decir una ESTRUCTURA sobre la que se sostiene esa hegemonía. De modo que acceder al poder formal no cambiará la hegemonía, simplemente se tendrá la capacidad de oponerle una resistencia. Con este nuevo Ejecutivo la mesa está tendida para que Peñarol y Nacional dispongan a su arbitrio de la hegemonía de la que gozan. Pero como dijimos, las hegemonías siempre encuentran resistencias. En este caso la resistencia cobra cuerpo en la figura de José Luis Palma, por no decir de Liverpool.

Sí, Liverpool en este caso no solo se defiende como institución, sino que además golpea el poder hegemónico. ¿Cómo? Golpeando en uno de los lugares que sostienen a los cuadros grandes en el poder: su localía permanente, su masividad. Se nos podrán decir varias cosas. Una de ellas es que es una medida “antipopular”. Esto es falso. Ya que esta es una medida de resistencia de todos los que nos vemos perjudicados por el poder hegemónico, de todos los cuadros chicos y su gente (incluso de aquellos cuyos dirigentes están en buena convivencia con el poder).

Otra cosa que se nos puede decir es que a Liverpool (como a los otros cuadros chicos) no se los discrimina, ya que en otras ocasiones se le otorgó el derecho a jugar en canchas chicas contra los grandes. Para responder a esto citaremos al propio Gramsci, que en sus Cuadernos de la Cárcel dice lo siguiente: “El hecho de la hegemonía presupone indudablemente que se tomen en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales la hegemonía será ejercida...” para legitimarse (agregamos nosotros) “...pero también es indudable que tales sacrificios y tal compromiso no pueden afectar a lo ESENCIAL”. Esto lo dice en su Cuaderno Número 13. Es decir que son meras concesiones.

En conclusión

La tiranía hegemónica a la que los cuadros chicos nos vemos sometidos por los cuadros grandes, hoy tiene la garantía formal del nuevo Ejecutivo. Esto se da por la incapacidad del Ejecutivo anterior de cambiar la estructura sobre la que se sostiene dicha hegemonía. Pero esa hegemonía encuentra resistencias de los equipos oprimidos. No es de extrañar que la mayoría de los hinchas de los cuadros chicos estén de acuerdo con Palma, los de Peñarol en contra y los de Nacional se llamen a silencio.

Tampoco es de extrañar que los medios de comunicación se exalten ante una resistencia de los oprimidos, ya que estamos muuuuuy acostumbrados al atropello. Finalmente, lo que queremos decir es que más allá de discutir la medida en sí, hay que discutir el trasfondo de esto y yo, una vez más, como siempre en las canchas y tantas veces en lo político, estoy con Liverpool. Porque el fútbol no es tan racional ¿no?