29/4/14

Gramsci y las culturas populares en América Latina

Néstor García Canclini  |  Se necesitaba una obra tan lacónica como la de Gramsci para hacerle decir tantas cosas. Si ningún autor esta solo con sus textos, si “su obra” es también las interpretaciones que la rehacen, las citas que la ubican en otro campo conceptual, esas variaciones son aun más erráticas cuando se trata de textos fragmentarios leídos en un continente lejano. Como teórico de la superestructura, Gramsci sirvió para escapar de las simplificaciones economicistas. Ante la crisis del althusserismo, del funcionalismo estructuralista que guió su análisis de los aparatos ideológicos, redescubrimos  la fecundidad política y científica del concepto “aparatos de hegemonía”. Hubo quienes encontraron en él al teórico clave para todo: el superador de Lenin, el intérprete de la crisis capitalista y de la revolución en occidente, la reformulación de la teoría del Estado y del partido, el estratega de las coyunturas.

Puede una obra tan fragmentaria suministrar visiones completas y satisfactorias sobre fenómenos tan diversos?  O será Gramsci, más que el autor de algunos centenares de páginas, a veces brillantes, a veces rudimentarias, un lugar imaginario donde situamos la fantasía de que el marxismo vuelva a funcionar como surtidor de recetas omnicomprensivas?

Entendemos que ante esta dispersión interpretativa, se haya escrito torrencialmente para tratar de establecer cuál es el verdadero Gramsci. Pero nos parece curioso que en América Latina esta pasión hermenéutica haya quedado casi siempre en una tarea especulativa. Se ha publicado mucho sobre hegemonía y revolución, sobre la concepción gramsciana del Estado y del partido, de la religión y de la escuela. A partir de los Cuadernos de la Cárcel se intento explicar los equivalentes latinoamericanos del fascismo, de la derrota de la izquierda y la reconstrucción de los movimientos políticos. Pero rara vez estas afirmaciones son puestas a prueba en investigaciones empíricas.

Una carencia particularmente significativa es que Gramsci esté ausente en la mayoría de las investigaciones sobre culturas populares. Cuando me pidieron una ponencia que analizara el posible aporte de Gramsci a los estudios latinoamericanos sobre la cuestión étnica, revisé el índice publicado en 1981 sobre los 40 años de la revista América Indígena la publicación que ha seguido en forma más constante la problemática étnica del continente: en el catalogo de todos los autores mencionados en artículos de dicha revista, Gramsci no aparece ni una sola vez.

Es cierto que en años recientes, hay muchos artículos y algunos libros que toman elementos sueltos de Gramsci —sobre todo, su oposición entre hegemonía y subalternidad—, pero son escasos los trabajos sobre cultura popular que discuten globalmente su pensamiento y lo vinculan con estudios de campo. La limitada influencia de Gramsci en esta área, y su reciente adopción por algunos científicos sociales, me parecen sintomáticas de las condiciones en que se investigan las culturas populares en América Latina. Por lo tanto, en vez de un rastreo para detectar como es usado Gramsci en relación con lo popular dentro de textos reflexivos y apologéticos (que son la mayoría, pero también los menos sugerentes), quiero preguntarme qué puede decirnos en relación con algunos problemas básicos de la investigación sobre las culturas populares. Como se ha insertado, qué procesos ayuda a entender, y también qué es lo que a veces la expansión entusiasta del gramscismo ha impedido pensar.
 


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