15/4/14

A la cama con Gramsci en Turín y con Picasso en París

  • Los emprendimientos hoteleros suscitan polémicas en torno al patrimonio europeo. En Turín, NH nombraría así a su hotel. Y en París, construirían uno en el taller del español
Turín. La glamorosa ciudad italiana fue la residencia
del filósofo marxista Antonio Gramsci, fundador el PCI
Imaginemos uno de esos hoteles con piletas a las que mejor llamarlas piscinas y boutiques de marcas suntuarias adentro. Imaginemos que el hotel se llama León Trotsky, o Karl Marx. En términos ideológicos, sería algo así como un oxímoron –esa figura retórica que reúne a dos palabras opuestas, como cuando se manda “un besito grande”–, si no fuera la idea de la cadena NH, que en junio inaugurará un hotel en Turín, en donde vivió el filósofo marxista Antonio Gramsci, y al que NH evalúa ponerle el nombre de ese co-fundador del Partido Comunista de Italia. A ese nombre, que según NH no está confirmado definitivamente, se oponen los intelectuales que solicitaron al alcalde de Turín que lo impida.

Según publicó el diario inglés The Guardian, quienes están en contra del nombre aseguran que “la trivialización golpea directamente a uno de nuestros padres”. Hablan de un emprendimiento que tendrá 10 mil metros cuadrados, 155 habitaciones y una calificación de cuatro estrellas. Todo lo suficientemente burgués como para compartir nombre con el hombre que escribió que
“no puede haber igualdad política completa si no hay igualdad económica”.
No es el único conflicto patrimonial que sacude a Europa por estos días: una solicitada que publicó en Francia Opinion Internationale firmada por escritores, músicos, actores y arquitectos, pide al primer ministro y a la alcaldesa de París que declaren sitio histórico al taller en el que Picasso pintó Guernica, esa obra maestra del siglo XX que resume la atrocidad de la Guerra (Civil Española). Quieren proteger, dicen, el taller a orillas del Sena en el que el artista plástico vivió entre 1937 y 1955. Hasta el año pasado, el espacio funcionaba como un centro cultural pero la Justicia francesa lo restituyó a sus propietarios desde 1925. Ante la posibilidad de que se convierta en un emprendimiento hotelero, la solicitada insta al Estado a proteger el lugar para que vuelva a ser escenario de actividades culturales gratuitas.

“La conservación patrimonial permite la conmemoración del espacio de distintos hechos y personajes”, explica Eduardo Lazzari, historiador y presidente de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre, y agrega: “Cuando se trata de un personaje, hay que conservar su espíritu; por eso, cuando interviene un privado tiene que haber profesionales que el Estado determine para la conservación patrimonial. La decisión final de lo que se haga tiene que pasar por el Estado”. A esos Estados apelan intelectuales franceses e italianos para cuidar las casas de los espíritus.