22/3/14

La expresión lingüística de la palabra escrita y hablada y las otras artes

  • Una obra de arte es tanto más popular "artísticamente" cuanto más su contenido moral, cultural y sentimental corresponden a la moralidad, la cultura, y los sentimientos nacionales, entendiendo estos elementos no como algo estático, sino como una actividad en continuo movimiento
Antonio Gramsci  |  En algún lado señala [el político, crítico e historiador de la literatura italiana Francesco] De Sanctis * que antes de escribir un ensayo o hacer una lección sobre un canto del Dante, por ejemplo, leía varias veces y en alta voz el canto, lo estudiaba de memoria, etc. Esto se recuerda para sostener la observación de que el elemento artístico de una obra no puede ser, exceptuadas raras ocasiones (y se verá cuáles), gustado en la primera lectura, frecuentemente ni aún por grandes especialistas como De Sanctis. La primera lectura abre sólo la posibilidad de introducirse en el mundo cultural y sentimental del escritor, aunque esto no siempre es así, especialmente en lo que respecta a los escritores no contemporáneos cuyo mundo cultural es distinto del actual: la poesía que un caníbal escribe sobre el placer de un banquete de carne humana puede ser concebida como bella, y adoptarse ante la misma, para gustarla artísticamente sin prejuicios "extraestéticos", un cierto punto de vista
psicológico propio de la cultura actual.

Pero la obra de arte, además de lo determinado por el mundo cultural y sentimental, contiene también otros elementos "historicistas" como el lenguaje, entendiendo no sólo como expresión puramente verbal, es decir, localizado en un cierto tiempo y lugar de la gramática, sino como un conjunto de imágenes y modos de expresarse que no entran en la gramática. Estos elementos aparecen más claramente en las otras artes. La lengua japonesa se muestra distinta que la italiana; no ocurre lo mismo en el lenguaje de la pintura, de la música y de las artes figurativas en general; sin embargo, también existen diferencias de lenguaje y son tanto más manifiestas cuanto, las manifestaciones artísticas de los artistas, más se separan de las manifestaciones artísticas del folklore; artes en las que el lenguaje está reducido al elemento más autóctono y primordial (recuérdese la anécdota de un dibujante que hizo el perfil de un negro, y los otros negros se burlaron del mismo por que el artista había reproducido tan solo "media cara").

No obstante, existe una gran diferencia entre la expresión lingüística de la palabra escrita y hablada y las expresiones lingüísticas de las otras artes. El lenguaje "literario" está estrechamente ligado a la vida de los grupos nacionales y se desarrolla lentamente y tan solo molecularmente; se puede decir que cada grupo social tiene su "lengua" aunque hay que hacer notar (salvo raras excepciones) que entre la lengua popular y la de las clases cultas existe una continua ligazón y un continuo intercambio. Esto no ocurre con los lenguajes de las otras artes en las que se puede señalar que, actualmente, se cumplen dos tipos de fenómenos:
1) en ellos siempre están vivos, al menos en mayor cantidad que en la lengua literaria, elementos expresivos del pasado, podríamos decir, de todo el pasado;
2) en ellos se forma rápidamente una lengua cosmopolita que absorbe los elementos técnico-expresivos de todas las naciones cada vez que ellas producen grandes pintores, escultores, músicos, etc. Wagner ha dado a la música más elementos lingüísticos que los aportados por la literatura alemana en toda su historia, etc.
Esto ocurre porque el pueblo participa escasamente de la producción de estos lenguajes, que son propios de una élite internacional, etc., mientras puede bastante rápidamente (como colectividad y no en forma individual) llegar a comprenderlos. Todo esto para indicar que en realidad el "gusto" puramente estético, si bien puede llamarse primario como forma y actividad del espíritu, prácticamente no lo es tal, es decir, en sentido cronológico.

Algunos han dicho (por ejemplo [el  periodista, escritor y editor italiano Giuseppe] Prezzolini*, en el pequeño volumen Mi pare...)** que el teatro no puede ser considerado como un arte sino como un entretenimiento de carácter mecanicista, ya que los espectadores no pueden gustar estéticamente el drama representado y se interesan sólo por la intriga, etc. (o algo así). Lo observación es falsa en el sentido que en la representación teatral, el elemento artístico no es dado solamente por el drama en el sentido literario, el escritor no es el único creador: el autor interviene en la representación teatral con las palabras y con las didascalias que limitan el arbitrio del actor y del régisseur, [director de escena] pero en realidad, en la representación el elemento literario se transforma en motivo para nuevas creaciones artísticas, que de complementarias y crítico-interpretativas que eran, adquieren siempre más importancia: la interpretación de cada actor y el conjunto escénico creado por el régisseur. Es justo por lo tanto decir que sólo la lectura repetida puede hacer gustar el drama, así como el autor lo ha producido. La conclusión es ésta: una obra de arte es tanto más popular "artísticamente" cuanto más su contenido moral, cultural y sentimental corresponden a la moralidad, la cultura, y los sentimientos nacionales, entendiendo estos elementos no como algo estático, sino como una actividad en continuo movimiento. El contacto inmediato entre lector y escritor adviene cuando en el lector la unidad de contenido y forma tiene como premisa la unidad del mundo poético y sentimental: en caso contrario el lector debe comenzar a traducir la "lengua" del contenido a su propia lengua. Podría decirse que se encuentra en la situación de quien aprendió el inglés en un curso acelerado Berlitz y lee luego a Shakespeare: la fatiga de la comprensión literal, obtenida con la ayuda constante de un diccionario mediocre, reduce la lectura a un pedante ejercicio escolar, y nada más.

Notas de Editor

*  Lo señalado en bastardilla y entre corchetes, son agregados del Editor, para facilitar la comprensión de la lectura y de los personajes
** Publicado  por Fiume, Edizioni Delta, 1925.
Tomado de Literatura y Vida Nacional, 6 (VIII) 62.