21/3/14

Gramsci y el fascismo

Antonio Puig Solé  |  No voy a relatar la bibliografía de Gramsci sobre el fascismo. Sólo recordar que contamos con una esplendida selección de artículos en forma de libro. [Sobre el fascismo | Prólogo y selección de Enzo Santarelli] Ante todo, tengo interés en dejar claro que esto es sólo una aproximación precipitada dada la urgencia de tomar en serio el peligro de una amenaza fascista a nivel mundial. Escribo basándome en viejos recuerdos y a menudo de manera intuitiva y preocupado, sobre todo, por lo que acaba de ocurrir en Kiev.

Al desempolvar los escritos de Gramsci, siempre es reconfortante ver cómo basa su análisis en la situación económica y la lucha de clases. Esto no quiere decir que tenga una posición determinista: da al ámbito político una cierta autonomía, señalando las divergencias e irregularidades
temporales entre actividad de los partidos políticos y resultados electorales, de un lado, y cambio económico, del otro. En cuanto a la lucha de clases, Gramsci suele huir del simplismo. Así, por ejemplo, explica que hay "una amplia franja de clases intermedias" "entre el proletariado y el capitalismo"; también habla de los "estratos más bajos de la clase obrera".

Gramsci alertó sobre el fascismo mucho antes de que éste accediera al poder. En un primer momento, la mayor parte de los marxistas opinaba que los fascistas no constituían un peligro serio: podían atacar los edificios de los sindicatos y apalear algunos trabajadores para atemorizar a las masas, pero se consideraba que difícilmente llegaría a controlar el Estado.

Sin embargo, incluso en el período de auge revolucionario, Gramsci supo situar bien el problema cuando advirtió que la disyuntiva era "o la conquista del poder por parte del proletariado, o bien el triunfo de la reacción de los capitalistas para someter vilmente a la clase obrera agrícola e industrial".

A partir de 1920, se puso en evidencia que la amenaza fascista era más consistente de lo que en un primer momento algunos habían imaginado lo que hizo necesario que los marxistas emprendieran nuevos análisis. Un seguimiento exhaustivo de los escritos de Gramsci a partir de ese momento, descubre una visión inicialmente zigzagueante, un hecho común en todos los escritos teóricos de la época.

Así, en uno de sus primeros artículos describe el fascismo como un problema internacional, como un intento de resolver las dificultades de la producción y el intercambio con ametralladoras y pistolas. En cambio, en otro de posterior, retrata el fascismo como un fenómeno italiano, como un amplio movimiento social sin una base en una clase en particular e incentivado por la inmadurez específica de la producción italiana.

Sin embargo, hay algo fundamental en Gramsci: su concepción de que el fascismo es un movimiento complejo, formado por una amalgama de fuerzas y que surge de la crisis. Lo ve como una seria amenaza para la clases obrera organizada "tanto a nivel nacional como internacional".

Según Gramsci, el fascismo se propuso garantizar una relación estrecha entre la industria y la agricultura y se presentó como "una organización autónoma" capaz de fusionar con éxito la economía y la política. Su proyecto va, a la vez, acompañado por la palabrería sobre la "capacidad de las clases trabajadoras de gobernarse por sí mismas", "sobre la revolución" y por una inflamación del sentimiento nacional. Por esta razón, nunca hay que olvidar que el fascismo acaba siendo, en muchas partes, un impresionante y amenazador movimiento de masas capaz de ocupar avenidas, carreteras y plazas de forma desafiante.

Al referirse a la situación de crisis, Gramsci no se limita al terreno económico. Para que prospere el fascismo, dice, debe producirse una crisis de la clase gobernante. Es en esta tesitura cuando es posible divulgar la fantasía sobre "el líder", que brota de la nada y es capaz de solucionar todos los problemas de manera rápida.

Una parte de los escritos de Gramsci sobre el fascismo fueron elaborados en la cárcel. En sus Cuadernos, Gramsci describe el fascismo utilizando la categoría de "cesarismo", un término que emplea Marx para analizar el bonapartismo. Gramsci vio un cierto paralelismo entre las causas concretas de la ascensión de Napoleón III y la de Mussolini. Enumera factores tales como una crisis de la clase dominante, la incapacidad del proletariado, la atomización de un gran parte de los agricultores, y la presencia de una capa aventurera, procedente tanto de la pequeña burguesía como del lumpenproletariado que se organizan con el fin de convertirse en reyes de la fiesta.

Hay, en todo caso, tres aspectos que quiero señalar:

En primer lugar, Gramsci tiene una noción específica de la crisis política que precede al ascenso del fascismo. La tipifica como "una crisis de hegemonía". Lo que nos viene a decir con esta idea es que la burguesía gobierna principalmente a través del consentimiento en lugar de la coerción sanguinaria. Una crisis de hegemonía es una crisis de la ideología dominante y por tanto conlleva un cambio en esta forma de dominación.

En segundo lugar, Gramsci descubre que hay una fuerte relación entre el fascismo y la psicología de determinados estratos sociales procedentes del lumpenproletariado, de la pequeña burguesía y de los militares de baja graduación.

En tercer lugar, Gramsci considera que el fascismo expresa una situación de cólera de las masas que se canaliza a través de una propuesta que no resuelve las quejas que la ocasionan sino que termina agravando los problemas.

Analizando lo ocurrido con el bonapartismo, Gramsci supo anticipar que el fascismo era una salida de excepcionalidad ya que no podría superar los agravios de los que lo encumbraron. Esta predicción tiene mucho que ver con "el optimismo de la voluntad". Gramsci era consciente de la adversidad del momento que le tocó vivir, pero veía que a través del simple ejercicio de la fuerza, las clases dominantes no pueden garantizar la sumisión de las clases trabajadoras en todas partes. De ahí que incluso imaginara algunos de los elementos de la salida por la que finalmente optaría la clase capitalista, como queda patente en sus reflexiones sobre la revolución pasiva y sobre el fordismo y sugiriera  un cambio de estrategia en la lucha por una sociedad socialista. Pero este ya es otro debate. Aún así, este versión optimista no puede esconder algo inolvidable: en determinados lugares, el fascismo logra mantenerse años y años en el poder mientras cuenta con el beneplácito de la burguesía imperialista. Basta recordar el franquismo ¡Pesimismo de la inteligencia!

Quiero aprovechar este post para decir unas palabras sobre Ucrania:

Lo dramático de los acontecimientos de Kiev es observar cómo nos colocan en un teatro que no tiene mucho que ver con los problemas reales de la gente. Se utilizan las consecuencias terribles de la crisis capitalista y del desaguisado del periodo neoliberal para  que unas personas estén en contra de otras. Al igual que en la primera guerra mundial, las clases trabajadoras pasan a ser carne de cañón. Mientras, las políticas neolibérales aumentan la tensión y la miseria y a su sombra la reacción se fortalece.