6/2/14

Gramsci: Estado y Sociedad Civil

Antonio Gramsci
✆ Andrea Congiu
Carlos Pereyra  |  Pocos textos presentan las dificultades de lectura observables en la obra de Gramsci. Escrita su parte fundamental en las intolerables condiciones carcelarias de la Italia fascista, bajo la presión de la censura y el aislamiento, en una época de agudas conmociones políticas y virajes en el movimiento comunista, con el agobio de la enfermedad que lo mataría breve tiempo después, los Cuadernos de la cárcel asumen la forma de notas semiaforísticas, verdaderos apuntes redactados para un posterior desarrollo sistemático jamás logrado. Las publicaciones accesibles hasta hace poco (en lengua española hasta la fecha) fueron organizadas conforme a criterios más o menos arbitrarios decididos por los editores, alterando el orden original de los Cuadernos. La lucidez del pensamiento gramsciano y el vigor de sus intuiciones geniales se oscurecen por tales desacostumbradas circunstancias de escritura e impresión. Si toda lectura es una intervención en el texto y nunca la asimilación pasiva de significaciones, ya dadas de manera inalterable, los escritos de Gramsci ofrecen más posibilidades aun de lecturas diferenciadas.

Las dificultades de lectura no derivan solo de factores exteriores a la lógica del discurso gramsciano; por el contrario, tienen precisamente en esta su fuente más profunda. En efecto, Gramsci piensa el problema de la transformación social en una perspectiva estrictamente política: no esta tan preocupado por el examen de los mecanismos económicos de la sociedad capitalista (el aspecto más elaborado en la tradición marxista) cuanto por el análisis de las instituciones habitualmente denominadas "superestructurales". Es uno de los primeros en plantear la cuestión del cambio revolucionario allí donde no solo comienzan a generalizarse relaciones de producción de tipo capitalista sino que, además, las formas burguesas son una realidad en todos los planos de la sociedad. Es un precursor en la tarea de pensar caminos al socialismo distintos al establecido por la revolución rusa. El binomio "orienteoccidente" utilizado en los Cuadernos para referir a países con sistemas sociopolíticos desemejantes, a pesar de la vaguedad introducida por la connotación geográfica, indica su preocupación por reflexionar sobre las características del proceso histórico en el contexto de un Estado capitalista plenamente constituido.

Cuando casi todos ven en la revolución de octubre un "modelo" a reproducir, Gramsci se aboca a localizar los rasgos diferenciales entre la vía revolucionaria registrada en la Rusia zarista, es decir, en un país con sistema político precapitalista, y el trayecto definido por la existencia de un régimen desenvuelto según las estructuras propias de la sociedad burguesa. Cuando la transformación social se enfrenta al poder político concentrado casi por completo en el aparato estatal, no recorre un camino paralelo al que se impone en los casos de una compleja y diversificada institucionalidad sociopolítica. Al asumir la problemática generada por el capitalismo maduro en sociedades con sistemas políticos más abigarrados. Gramsci enriquece el dispositivo conceptual de la ciencia política. En cualquier caso sus textos no pueden ser leidos, por supuesto, como la obra de alguien preocupado por la teoría abstracta, sino en su calidad de resultados fragmentarios del pensamiento de un dirigente cuya intervención en la politica italiana comienza en un momento de ofensiva proletaria y madura en la fase del reflujo y derrotas de los años veinte y treinta. Los desplazamientos semánticos de la conceptualización gramsciana tienen que ver con la vorágine de los cambios coyunturales.
 


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