31/1/14

El lugar del concepto de Sociedad Civil en el ideario político

Antonio Gramsci
✆ Erminia Passannanti
Jorge Luis Acanda González  |  Resulta claro que la pluridimensionalidad en la que se resuelve la cuestión de la hegemonía nos lleva a entender la importancia de los procesos sociales y de formación de valores e ideas. Un elemento esencial de la teoría gramsciana de la hegemonía es su comprensión de la importancia de la sociedad civil. En otra parte me he referido extensamente a esta cuestión.1 Aquí dispongo de menos espacio. En este capítulo comenzaré una explicación sintetizada sobre este tema.

J.L. Acanda González
Quiero comenzar recordando una anécdota que ya he contado en otra parte, pero que me parece asaz pertinente para el tema de este libro. En 1866, Prusia entró en guerra con Austria-Hungría, para reafirmar, por la fuerza de las armas, su papel hegemónico entre los distintos reinos en que se fragmentaba la nación alemana. Una sola batalla fue suficiente para que el ejército prusiano, haciendo gala de celeridad movilizativa, férrea disciplina y una demoledora
precisión que asombraron al mundo, derrotara en toda la línea al austriaco, con lo que dio la primera demostración de lo que durante los 80 años posteriores sería su estrategia favorita: la guerra relámpago. Cuéntase que una noche, Bismarck, el Canciller de Hierro, artífice del II Imperio Alemán, celebraba con sus generales la victoria. Al calor de las libaciones, empezaron estos a discutir a quién correspondía el principal mérito en el triunfo. Uno argumentó que era la infantería la que, resistiendo a pie firme las embestidas enemigas, había desempeñado el papel clave. Otro adujo que había sido la caballería con sus oportunas cargas, la principal responsable del éxito. Un tercer general, inconforme, atribuyó el papel fundamental a la correcta posición y acertada puntería de la artillería. Cuando un cuarto general se disponía a hablar, Bismarck los hizo callar a todos, y sentenció: "el principal mérito de la victoria corresponde al maestro de escuela prusiano".

Que tan formidable confesión asombrara a los comensales de Bismarck, es algo comprensible, si se tiene en cuenta su extracción profesional. Que siga siendo indescifrable, 130 años después, para algunos que hoy se ocupan de pensar la relación entre lo político y lo social, es ya más preocupante. Que Bismarck, paradigma del despotismo y el militarismo, tuviera una tan clara visión del complejo entramado que conecta el aula con el batallón, puede servirnos para confirmar lo que ya Gramsci vislumbrara: que todo Político, si es tal - y no por gusto escribo el sustantivo con mayúscula - es un Filósofo; pero también para asumir la necesidad de partir de un enfoque sistémico y totalizador cuando se quiere pensar sobre la esencia, funciones y espacios del Estado y la política. Bismarck comprendió que el poder no puede asentarse sólo en la imposición, y que el papel jugado por las instituciones educativas en la socialización temprana del individuo es esencial para la estructuración y mantenimiento del poder de una clase social.

Esta anécdota está muy relacionada con las concepciones de Gramsci sobre la hegemonía, precisamente porque apunta hacia espacios usualmente considerados como no políticos, pero que él, al igual que el estadista prusiano, consideró vitales para reflexionar sobre la cuestión del poder. Para Gramsci el poder de la burguesía no se apoyaba sólo ni principalmente en el Estado, sino en el conjunto de relaciones, instituciones y prácticas sociales a través de las cuales se produce y distribuye el conjunto de valores socialmente establecidos. A eso le llamó “sociedad civil”, y la consideró lugar privilegiado de afianzamiento del poder y de las luchas políticas decisivas. Pero para comprender el sentido y el contenido que le asignó Gramsci al concepto de sociedad civil, y su relación con la cuestión de la hegemonía, es preciso hacer un conjunto de consideraciones previas. Y ello por razones de carácter teórico y político. Las razones de carácter teórico están asociadas a las propias ambigüedades que caracterizan al uso del concepto de sociedad civil en la ciencia social contemporánea. Es un concepto altamente impreciso en su contenido, al que se le asignan significados distintos, y ha sido utilizado en discursos teóricos radicalmente divergentes por su finalidad. Es por ello que la utilización teórica de esta categoría exige, si queremos explicitar posiciones, una reflexión previa sobre la acepción en que se la utilizará. Las dificultades de carácter político emanan de la profusa utilización del término “sociedad civil” en discursos políticos encontrados e incluso frontalmente contrapuestos, pues es utilizado tanto por la derecha neo-conservadora como por sectores de la izquierda revolucionaria.

Este trabajo constituye el Capítulo IX del libro ‘Traducir a Gramsci’ de Jorge Luis Acanda González. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, 292 pp.
 


http://jcguanche.files.wordpress.com/