22/6/13

Revisando Gramsci / Las tácticas concretas deben ajustarse a las relaciones de fuerzas en cada país y momento

Luisa Franz

La estrategia revolucionaria clásica del siglo XX dio lugar a una suerte de cosificación del pensamiento por la cual las leyes objetivas determinan la acción de los hombres, y las clases sociales, por fuera de sus voluntades. Pensando históricamente, ello se formó con la consolidación de los movimientos obreros (socialista y comunista), los cuales tomaron parte de la ideología científica oficial, desplazando los elementos dialécticos de la acción revolucionaria a un segundo lugar. Este tipo de mecanicismo puede sostenerse en base a la relación entre marxismo y ciencia burguesa oficial, pero deja de lado la relación entre pensamiento y revolución. Es necesario decir que la concepción determinista no es originaria de Marx sino de la sociología no marxista (Comte, Durkheim). Nuestra lectura de Marx, necesaria para los acontecimientos actuales, se enfrenta al mecanicismo mostrando que el principio de contradicción es más adecuado para la tesis revolucionaria que el principio de legalidad objetiva necesaria. Ambos principios sostienen diversas maneras de ver la totalidad, una de manera inherentemente contradictoria, la otra de manera cosificada, reproductiva y funcional. Solo la primera es inherentemente “crítica y revolucionaria”.

El fin de la revolución pasiva en Brasil / La movilización muestra la realidad contradictoria y las miserias ocultas

> Gramsci llamaba revolución pasiva al proceso de modernización impulsado desde arriba, que recoge sólo parcialmente las demandas de los de abajo y con ello logra garantizar su pasividad, su silencio, más que su complicidad
> El concepto gramsciano de transformismo, que es el desplazamiento de grupos dirigentes progresistas del movimiento popular hacia posiciones conservadoras, se produjo libremente en Brasil 


Massimo Modonesi

La experiencia brasileña de los últimos 10 años de gobiernos progresistas (dos de Lula y el actual de Dilma) ha sido caracterizada por lo que Gramsci llamaba revolución pasiva: un proceso de modernización impulsado desde arriba, que recoge sólo parcialmente las demandas de los de abajo y con ello logra garantizar su pasividad, su silencio, más que su complicidad.