17/6/13

Lenin, el imperialismo y la mundialización

  • “… la crisis detonada en el 2007 y sus consecuencias de crisis políticas generalizadas, con los picos de las revoluciones árabes, ponen de nuevo al orden del día la necesidad de volver a Marx, pero no al Marx como si fuera un pensador individual ajeno a la lucha de clases y la organización, sino al marxismo revolucionario, del que Lenin y el leninismo es una de sus patas imprescindibles.”
Roberto Laxe

Decía Trotsky que el marxismo es una herramienta que de tanto afilarla, se puede mellar; y esto es lo que le esta sucediendo; de tanto “adecuarlo”, está perdiendo su filo revolucionario, dejando de ser la ciencia de la revolución y una guía para la acción. Lo están transformando en un simple método para explicar el mundo, ya desde el punto de vista filosófico, económico o social, pero no para servir a su objetivo central, la transformación socialista de la sociedad.

Tras la caída del Muro de Berlín y el “descubrimiento” de que tras él no había socialismo, sino unos estados que aún no siendo capitalistas, habían sufrido un profunda degeneración, se produjo un triple movimiento en la intelectualidad y las organizaciones que se reivindicaban del marxismo, unas, la mayoría, lo abandonaron formalmente y se disolvieron como el PC Italiano, otros, lo mantuvieron formalmente, mas en realidad asumieron las tesis del keynesianismo, y los terceros, intentando librarlo de la degeneración stalinista que lo había convertido en un catecismo, rompieron el nexo de unión entre Marx y el presente, el leninismo.

Los intelectuales y el poder / Sócrates y Gramsci siguen influyendo, aunque hayan sido víctimas del poder

  • Incomodísima por lo mismo que promiscua, la relación del intelectual con el poder es una trampa. Sin poder, el intelectual influye menos; con poder puede que más, pero a costa de volverse funcional y menos libre.
  • Andrés Bello, se sabe débil, influyente pero extranjero [en Chile], hombre orquesta sabelotodo, pero a sueldo. Si otros hubiesen sido sus empleadores, seguramente otras habrían sido sus inclinaciones: menos autoritarias, más afines a su propia tendencia liberal, pudiendo haberle dado un mayor empuje e historia al liberalismo chileno.
Alfredo Jocelyn-Holt 

El tema ha estado rondando [en Chile] estas últimas semanas. Es que en sociedades suspicaces de los librepensadores como la nuestra, los intelectuales son prescindibles. Puede que influyan y se les estime, pero no tienen poder (influencia y poder no necesariamente son sinónimos). Puede que se arrimen a quienes, de hecho, poseen el poder. Los que Gramsci llama intelectuales orgánicos, “empleados” del grupo dominante, útiles para afianzar su hegemonía influyendo, creando conciencia. Pero incluso los de esta categoría no son ciento por ciento confiables: saben demasiado cómo funciona el poder.