27/5/13

Se necesita de un buen vino moderno para hablar de Gramsci

✆ Foto de Jorge González
Elizabeth Checa  |  El vino es bueno para la salud, pero no es un remedio. Creo en eso que decía Neruda sobre esa mesa que se prolonga con una botella de inteligente vino. Si el vino te avispa o te hace más expresivo o te abre esa puertita, por qué no.

¿Un vino bueno hace pensar mejor que uno malo?

Ahora hay unos vinos modernos, muy alcohólicos, muy maderizados, muy concentrados, muy caros, ideales para tomar solos. Los llaman vinos de meditación. Son vinos que tapan cualquier plato: tienen que beberse solos. Tapan cualquier plato, aún una carne muy jugosa. Con esos vinos tan caros, mejor que te surjan buenas ideas. Son vinos que se toman solos, casi como un coñac. Son vinos que te invitan a hablar de Michel Onfray o Antonio Gramsci...
© Vinos & Sabores

Con la palabra ‘pavide’ Gramsci nombró a las almas pusilánimes

  • Las almas tímidas hacen falta para que nos describan lo que ven, cuando callan, al otro lado de la desesperación.
Belén Gopegui

Fue en 1917 cuando Gramsci escribió que había de acelerar el porvenir:  
“Esperar hasta ser la mitad más uno es el programa de las almas tímidas que creen que el socialismo llegará por un real decreto firmado por dos ministros”. En 1932, como es sabido, el propio Gramsci cuestionaría su afirmación: “Si falta este proceso de desarrollo que permite pasar de un momento al otro, (…) la situación permanece sin cambios, y pueden darse conclusiones contradictorias. La vieja sociedad resiste y se asegura un período de ‘respiro’, exterminando físicamente a la elite adversaria y aterrorizando a las masas de reserva; o bien ocurre la destrucción recíproca de las fuerzas en conflicto con la instauración de la paz de los cementerios y, en el peor de los casos, bajo la vigilancia de un centinela extranjero”.

Los héroes televisivos y sus rasgos estereotipados

Julio Rafael Silva Sánchez

Especial para Gramscimanía
La imagen arquetípica del héroe - cuando es manipulada por los mass-media, específicamente por la televisión -, tiende a uniformar la conciencia colectiva, estableciendo patrones conductuales estereotipados, originándose un proceso en el cual la sociedad, la familia, la nación nos captan e incorporan: nos enseñan, segundo a segundo, a imitar los modelos aceptados y a cumplir con las normas que la tradición ha determinado. Se nos hace creer en la democracia y nosotros suponemos que vivimos en un mundo libre, sin darnos cuenta de que, como lo afirman Edgar Morin y Nathaniel Kattan (1972): “Nuestra libertad es aparente, que nuestra libertad es la que nos permiten tener, y que los sistemas de apetencias que nos motivan están condicionados por el contexto ideológico, anterior a nosotros mismos.” (Morin y Kattan, 1972: 63)

Multitudes y programa / El verdadero rostro del sistema imperante es el del capitalismo neocolonial, salvaje y destructor

  • Gramsci se pregunta: “¿puede la teoría moderna encontrarse en oposición con los sentimientos “espontáneos de las masas”? Y se contesta: “No puede estar en oposición: hay entre una y otros diferencia “cuantitativa”, de grado, no de cualidad: tiene que ser posible una “reducción”, por así decirlo, recíproca, un paso de los unos a la otra y viceversa”
  • “Gramsci estableció un sentido creativo a la espontaneidad, al precisar que esta no existe “pura” en la historia y es característica de la “historia de las clases subalternas”, incluyendo a los marginales y periféricos”
Especial para Gramscimanía
Ricardo Sánchez Ángel

Pensar o repensar la izquierda, mejor las izquierdas, requiere estudiar los cambios en los sujetos colectivos que son su destino y forman su existencia. Desde la Revolución Francesa, cuando la expresión tomó carta de ciudadanía en las calles y en la Asamblea Nacional con los diferentes componentes del pueblo, luego el proletariado que acompañó la revolución industrial, hasta los trabajadores de toda condición en los períodos más contemporáneos. Tales cambios se han operado en entrelazamientos sectoriales con intereses coincidentes y diferentes, de acuerdo a los patrones del desarrollo del capitalismo y de las experiencias de las revoluciones triunfantes y fracasadas.