7/2/13

Leyendo (todavía) a Antonio Gramsci

Gilberto Loaiza Cano

“L’historien n’est pas celui qui sait. Il est celui qui cherche” [1].

La libertad intelectual se mide, entre otras cosas, por la capacidad de decidir qué se consume, intelectualmente hablando. La capacidad de elegir es la capacidad de discernir. Es también la capacidad de eliminar. Estar sometido a las modas intelectuales, a las novedades editoriales, a los afanes conmemorativos o a los predominios discursivos y bibliográficos de comunidades específicas (en las universidades esos predominios suelen estar acompañados de poder y de intolerancia) no constituye un buen indicio de libertad. Existe el riesgo de perderse en el maremagnum de las novedades, pero también existe el riesgo de estancarse en una situación conocida y cómoda.

La política como discurso en las raíces de la Teoría de la Praxis

Sylvia Amalia Ruiz Moreno

Introducción

En los últimos años hemos visto una cierta proliferación de investigaciones y ponencias que combinan la ciencia política y el análisis del discurso. Desde la filosofía política o como parte de estudios sobre la opinión pública o sobre el perfil de algunos dirigentes políticos, asoma un acercamiento entre ambas disciplinas. Si nos detenemos en las producciones de nuestra comunidad académica, toda la obra de Ernesto Laclau1, a partir de la aplicación de las categorías del lingüista Ferdinand de Saussure al análisis de lo social –entendido como un sistema de diferencias y cadenas equivalenciales- (Laclau, 1996: 71) resulta una referencia obligada en el plano de la filosofía política.

Gramsci en clave latinoamericana

Juan Carlos Portantiero
Juan Carlos Portantiero

Es sabido que en la articulación del pensamiento gramsciano la categoría de nacional-popular juega un papel central y que lo cumple hasta tal medida, que ella podría ser considerada como un punto de cruce en el que confluyen muchos de sus conceptos fundamentales, como el de hegemonía. En los apuntes trazados en los Quaderni, la categoría aparece directamente relacionada con su percepción acerca de la forma desarticulada que asumiera el desarrollo histórico italiano, una de cuyas manifestaciones seria la «función cosmopolita» cumplida por los intelectuales a partir de la ausencia de un proceso colectivo de «reforma intelectual y moral», capaz de superar el divorcio secular entre élites y pueblo-nación.

Cultura y nación / ¿Para qué no nos sirve ya Gramsci?

Néstor García-Canclini

Recuerdo un grafiti en una calle de Buenos Aires: «En mi casa tengo un poster con las fotos de todos ustedes. (Firmado:) Che Guevara». Tengo una sensación parecida cuando evoco la torrencial bibliografía sobre Gramsci producida en las últimas décadas. ¿Qué se puede decir a esta altura de los noventa que no vuelva a ser un juego de ecos con lo que se escribió en libros, artículos y tesis, lo que se enseñó y debatió sobre Gramsci en aulas, revistas y congresos? Si lográramos de algún modo resucitarlo, como pretenden las celebraciones de aniversario, correríamos el riesgo de que nos pidiera que ya no escribiéramos más sobre él: «No caben en la biblioteca de mi casa más reinterpretaciones ni usos de mi obra».