6/12/13

Una de de las crónicas de Gramsci en ‘L’Ordine Nuovo’

Giovanni Urbani  |  L’Ordine Nuovo semanal apareció en Turín del 1 de mayo de 1919 al 24 de diciembre de 1920. Quiso ser, programáticamente, una “revista comunista de cultura”, en un sentido radicalmente nuevo respecto del significado tradicional del término “cultura”. La idea central, tal como aparece en los [dos] conocidos artículos de Gramsci, “El programa de L’Ordine Nuovo”, de agosto de 1920, es la de hacer de la revista un centro de elaboración y de clarificación de la experiencia real del movimiento obrero turinés.

Pero, para todo el grupo ordinovista, y particularmente para Gramsci, eso no podía suceder sin una obra de educación y de autoeducación incesante de las masas que, en el fuego de la acción, debían transformarse seleccionando de su propio seno los cuadros dirigentes, es decir, los “intelectuales socialistas”
de nuevo tipo. Esta convicción puede decirse que se sintetiza eficazmente en la mancheta con que se abre el primer número de L’Ordine Nuovo:
“Instruíos, porque tendremos necesidad de toda nuestra inteligencia. Conmoveos, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo. Organizaos, porque tendremos necesidad de toda nuestra fuerza”.
Pero, sobre la base de esta general exigencia político-ideal, L’Ordine Nuovo fue también una experiencia original en un sentido más específicamente formativo, por el método de trabajo de la redacción, que se concebía como un centro de elaboración cultural de alto nivel, en el que habrían debido participar también los lectores-colaboradores, dando vida a un complejo orgánico de actividades culturales, a la vez creativo-formativas y difusivo-educativas.

Para este fin, en noviembre-diciembre de 1919 fue también organizada por la revista una “Escuela de cultura y de propaganda socialista”, que puede considerarse otro intento de realizar la vieja idea de Gramsci de construir, junto a los organismos económicos y políticos de la clase obrera turinesa, un órgano específico de formación cultural.

Las “Cronicas de L’Ordine Nuovo”, por otra parte, constituyen la sección [de la revista] que, tratando de establecer una relación más directa y sistemática con los lectores, pretendía ocuparse, entre otras tareas, de la articulación de esta actividad cultural, como se deduce de las “Cronicas” citadas aquí a continuación.
El intento no tendrá larga vida: una veintena de lecciones en torno al tema “Líneas teóricas, indicaciones históricas, el Estado de los Consejos”.

[...] Gramsci tratará de explicar las causas del relativo fracaso cuando, en 1924, se vea teniendo que afrontar de nuevo, aunque en términos distintos, el problema de la “formación de los cuadros dirigentes”. Sin embargo, será sobre todo en los Cuadernos de la cárcel, reflexionando sobre el problema de la “formación de los intelectuales” y de la “organización de la cultura”, donde Gramsci se decidirá a rememorar la experiencia de L’Ordine Nuovo.]

Estimular la capacidad intelectual de obreros y campesinos
Hacia la formación de los Consejos proletarios de cultura
L’Ordine Nuovo, I, 9, 12 julio 1919

Algunos compañeros de Turín y de la región piamontesa (donde nuestra revista se difunde especialmente) nos informan de que el trabajo de propaganda que desarrollan para la difusión de L’Ordine Nuovo, entre los obreros y campesinos, no da los resultados permanentes que ellos querrían, porque a muchos compañeros les parece que los artículos que publicamos son “difíciles”. De las conversaciones tenidas con estos amigos de L’Ordine Nuovo hemos sacado estas conclusiones:

Psicológicamente, el periodo de la propaganda elemental, que podríamos llamar “evangélica”, está superado. Las ideas fundamentales del comunismo han sido asimiladas incluso por los estratos más retrasados de la clase trabajadora. Es increíble cuánto ha contribuido a eso la guerra, la vida de cuartel y la necesidad en que se ha encontrado la jerarquía militar de desarrollar una sistemática y agobiante propaganda anticomunista, que ha difundido y clavado en los cerebros más refractarios los términos elementales de la polémica ideal entre capitalistas y proletarios. Los primeros principios deben considerarse ya sobrentendidos: del “evangelio” es preciso pasar a la crítica y a la reconstrucción. Las experiencias comunistas de Rusia y de Hungría atraen irresistiblemente la atención. Se está ávido de noticias, de consideraciones lógicas (¿estamos preparados en Italia? ¿estaremos a la altura de nuestra tarea? ¿qué errores se pueden evitar?, etc.), de crítica, de crítica, de crítica, y de conceptos prácticos que tengan que ver con la experiencia. Pero aquí se revela la pobreza de cultura política –en el sentido de experiencia “constitucional”- del pueblo italiano [...]. Hay que convencer a los obreros y a los campesinos de que es en su interés someterse a una disciplina permanente de cultura, y hacerse una concepción del mundo, del complejo e intrincado sistema de relaciones humanas, económicas y espirituales que da forma a la vida social del planeta. Estos Consejos de cultura proletaria deberían ser promovidos, en los círculos y las agrupaciones juveniles, por los amigos de L’Ordine Nuovo, y convertirse en focos de propaganda comunista concreta y productiva: se deberían estudiar los problemas locales y regionales, se deberían recoger datos para recopilar estadísticas sobre la producción agrícola e industrial, para conocer las necesidades urgentes, para conocer la psicología de los pequeños propietarios, etc., etc.

Reflexionen los compañeros sobre estas consideraciones: la revolución tiene necesidad, además de heroísmo generoso, también y especialmente, de tenaz, minucioso y perseverante trabajo.

[Recogido en en L'Ordine Nuovo 1919-1920, Turín, Giulio Einaudi, 1972, 446-447; La formazione dell’uomo. Scritti di pedagogia, ed. de Giovanni Urbani, Roma, Riuniti, 1967, 115-117; y L’Ordine Nuovo (1919-1920), ed. de Valentino Gerratana y Antonio A. Santucci, Turín, Giulio Einaudi, 1987] [Traducido por Salustiano Martín]