23/12/13

Democracia, mito y religión | El Maquiavelo de Gramsci entre Georges Sorel & Luigi Russo

Fabio Frosini  |  1. En el § 1 del Cuaderno 13 Gramsci nota que « El Príncipe de Maquiavelo podría ser estudiado como una ejemplificación histórica del “mito” soreliano»1, y añade:
En todo el libro Maquiavelo trata de cómo debe ser el Príncipe para conducir a un pueblo a la fundación del nuevo Estado, y el tratamiento se conduce con rigor lógico, con desapego científico: en las conclusiones, Maquiavelo mismo se hace pueblo, se confunde con el pueblo, pero no con un pueblo «genéricamente» entendido, sino con el pueblo al que Maquiavelo ha convencido con su tratado precedente, del que él se vuelve y se siente conciencia y expresión, se siente mismidad [medesimezza]:  parece que todo el trabajo «lógico» no es más que una autoreflexión del pueblo, un razonamiento interno, que se hace en la conciencia popular y. que tiene su conclusión en un grito apasionado,
inmediato. La pasión, de razonamiento sobre sí misma, se reconvierte en «afecto», fiebre, fanatismo de acción. He ahí por qué el epílogo del Príncipe no es algo extrínseco, «pegado» desde fuera, retórico, sino que debe ser explicado como elemento necesario de la obra, incluso como el elemento que refleja su verdadera luz sobre la obra y hace de ella como un «manifiesto político» 2.
Gramsci ha escrito este texto en el mes de mayo de 1932 3. Pocos meses antes, en enero-febrero, Gramsci había redactado una primera versión de este paso (Cuaderno 8, § 21), que contiene ya la referencia al príncipe como ejemplificación histórica del mito soreliano, pero en donde falta toda la parte siguiente, sobre el «trabajo lógico» como «auto-reflexión del pueblo» y sobre la «mismidad» [medesimezza] entre Maquiavelo y el pueblo. Sin embargo, también la primera versión del texto marca una fuerte novedad: en ella por primera vez Gramsci relaciona El Príncipe con Sorel, con la noción de “mito” político.

El periodo desde febrero a mayo 1932 marca una innovación fundamental en la historia de los Cuadernos de la Cárcel. De hecho, es entonces cuando Gramsci empieza a escribir una serie de cuadernos que él define «especiales», es decir monográficos. Entre éstos, se encuentra el cuaderno titulado ‘Notas breves sobre la política de Maquiavelo’. Sólo en este momento Maquiavelo se convierte en un tema independiente. En la primera lista de argumentos (con fecha 8 de febrero 1929), al principio del primer cuaderno, Maquiavelo no aparecía como tema, y en la segunda lista, escrita en la primera página del Cuaderno 8, que se puede fechar en noviembre-diciembre 1930, Maquiavelo estaba presente como parte del más amplio argumento titulado ‘Notas varias y apuntes para una historia de los intelectuales italianos’. Al contrario, en febrero 1932, o sea pocas semanas antes de tomar la decisión de escribir los cuadernos «especiales», Gramsci escribe el ya mencionado § 21 del Cuaderno 8, en donde la comparación entre El  Príncipe y el “mito” soreliano marca una especie de nuevo comienzo de la investigación sobre Maquiavelo. En su segunda versión este mismo texto será come se ha visto el incipit del Cuaderno 13, es decir el texto que presenta la clave de interpretación para todo el cuaderno sobre Maquiavelo y su enfoque.

Por lo tanto es preciso reflexionar sobre esta doble circunstancia: la decisión, en enero-febrero, de re-leer  El Príncipe como una «ejemplificación histórica del “mito” soreliano», y, en mayo (en el primer texto del Cuaderno 13), la adición de la referencia al razonamiento lógico del tratado como una «auto-reflexión» del pueblo y al hecho que, a través de eso, Maquiavelo «se siente mismidad [medesimezza]» con el pueblo.

2. Es oportuno empezar con una anotación lingüística. El término “mismidad”, añadido en la segunda versión del texto, aparece en los Cuadernos sólo en otra ocasión, en el §50 del Cuaderno 7, escrito poco antes, en agosto 1931. El contexto donde aparece es significativo, porque el párrafo se titula Literatura popular y Gramsci esboza una oposición absoluta entre Tolstoi y Manzoni. En Manzoni se encuentra una
actitud [...] netamente de casta aún en su forma religiosa católica; las gentes del pueblo, para Manzoni, notienen «vida interior», no tienen personalidad moral profunda; son «animales» y Manzoni es «benévolo» para con ellos, exactamente con la misma benevolencia de una sociedad católica de protección a losanimales. [...] La actitud de Manzoni respecto a sus gentes del pueblo es la actitud de la Iglesia Católica para con el pueblo: de condescendiente benevolencia, no de mismidad [medesimezza] humana 4.
En pocos meses Gramsci utiliza dos veces y sólo dos en los cuadernos y las cartas desde la cárcel 5   esta palabra para designar en negativo lo que le falta a la Iglesia católica en su actitud hacia el pueblo, y en positivo lo que sí hay en la actitud de Maquiavelo (y desde una perspectiva diferente de Tolstoi) hacia ese mismo pueblo. Por lo tanto, la “mismidad” es exactamente el contrario del sentimiento aristocrático de superioridad que se encuentra en Manzoni, sentimiento que a su vez radica en la concepción católica del pueblo como masa de «simples».

La palabra “medesimezza” es rara 6. Gramsci la emplea en el texto sobre Manzoni para subrayar lo que más falta a la religión católica, y que al contrario está en el populismo de Tolstoi. Lo utiliza entonces a fin de describir una situación de completa identificación entre los intelectuales y las masas, una identificación hecha posible gracias a la utilización de un lenguaje religioso, y, por el contrario, para enfocar un aspecto de la debilidad del catolicismo. Puesto que dicha identificación entre intelectuales y masas equivale a la fusión entre inteligencia y acción, teoría y práctica, en su significado profundo la palabra “mismidad” designa la constitución de un «pueblo» como actor  político gracias a la potencia fascinadora del lenguaje religioso. En consecuencia, se puede decir que cuando en mayo de 1932 Gramsci retoma esta palabra con referencia a Maquiavelo, re-cualifica en términos religiosos toda su interpretación del Príncipe. Ésta es sin duda una gran novedad. De hecho, en los años1930 y 1931, Gramsci había esbozado una lectura de Maquiavelo «como técnico dé la política y como político integral o en acto» (según la formulación contenida en la listade argumentos al principio del Cuaderno 8), o sea persiguiendo dos líneas de investigación principales. En primer lugar, retomando en parte los Elementi di politica [Elementos de política] de Benedetto Croce, Maquiavelo aparece en los Cuadernos como el autor de una sistematización de reglas de conducta política que, como es un arte político “neutro”, puede ser igualmente útil al marxismo, a los demócratas burgueses o a los reaccionarios; pero que, sin embargo, resulta útil especialmente a aquella parte que antes desconocía este arte, y que, gracias a la enunciación de sus reglas, puede empezar su propia educación a ser gobernante, convirtiéndose en clase dirigente. Por estos motivos, El Príncipe desempeña una función revolucionaria, porque por primera vez ha quebrado el monopolio de la política por parte de las clases dominantes tradicionales,haciendo posible un vínculo inédito entre pueblo y poder 7.  En segundo lugar, Maquiavelo aparecía como un político involucrado en las luchas desus tiempos, luchas que llevaban hacia la monarquía absoluta como el único ambienteen el que podía desarrollarse la burguesía derribando poco a poco el feudalismo 8.Estas dos líneas de investigación estaban para Gramsci estrictamente entrelazadas:
es porque Maquiavelo entiende la necesidad de convencer al pueblo del carácter  progresivo de la monarquía absoluta, que él populariza la política. Porque el pueblo tiene que estar convencido de la necesidad de adherir al proyecto del príncipe, debe saber que aquella es la única decisión posible. En fin, se puede afirmar que todo lo que Gramsci escribe sobre Maquiavelo hasta el final de 1931 puede resumirse en la idea de que el pueblo necesita especialmente un arte político realista, un arte que sepa acoplar los “medios” adecuados a los “fines” que se desea conseguir: si se quiere empujar el desarrollo de la burguesía es preciso apoyar la monarquía absoluta. Gramsci resume este argumento en el siguiente pasaje del Cuaderno 4:
Maquiavelo mismo señala que las cosas que escribe son aplicadas y han sido siempre aplicadas: por lo tanto no quiere sugerir a quien ya sabe [...]. Así pues, Maquiavelo piensa «en quien no sabe», en quien no nació en la tradición de los hombres de gobierno, [...] ¿Y quién es el que no sabe? La clase revolucionaria de la época, el «pueblo» y la «nación» italiana, la democracia que hace brotar de su seno a los «Pier Soderini» y no a los «Valentini». Maquiavelo quiere educar a esta clase, de la que debe nacer un «jefe» que sepa lo que hay que hacer y un pueblo que sepa que lo que el jefe hace es también en su propio interés, no obstante que estas acciones puedan estar en oposición con la ideología difundida (la moral y la religión).