19/11/13

¿Por qué leer a Gramsci?

Jorge Luis Acanda González  |  En las líneas finales del anterior capítulo califico como “imprescindible” a la tarea de apropiarnos de la herencia teórica gramsciana. Con razón cualquiera podría cuestionarse esta afirmación. ¿Por qué habría de ser imprescindible para nosotros los cubanos, ubicados en un contexto epocal y geográfico diferente al de Gramsci, dedicarnos al estudio de su obra? Mi tesis es que, a pesar de ello, su pensamiento estuvo dirigido hacia un conjunto de temas medularmente vinculados con las problemáticas actuales que enfrenta nuestra nación y nuestra revolución. Gramsci fue un teórico y un político marxista. Una doble condición que no debemos olvidar.

Nació en Cerdeña en 1891, y murió en 1937, en la cárcel a la que había sido confinado tras ser condenado a 20 años de encierro por un tribunal fascista en 1926, en un proceso en el que el fiscal, con la brutalidad típica de los fascistas, había advertido de la necesidad de “evitar que ese cerebro siga
funcionando”. Muy joven se trasladó a Turín, donde estudió filología, rama del saber que permeó su pensamiento. En esa ciudad se vinculó al movimiento obrero y revolucionario, participó en las luchas del así llamado “bienio rojo” (1918-1920), y en la fundación del Partido Comunista de Italia. Cuando lo apresaron era la principal figura de ese partido y destacado dirigente en la Internacional Comunista. Su condena carcelaria lo sacó de circulación en el campo de la política, pero el deseo del fiscal no pudo realizarse. Sobreponiéndose a las duras condiciones de su internamiento, dejó al morir una importantísima obra escrita en la cárcel: 33 cuadernos redactados a mano, con un total de 2 848 páginas, conocidos como los Cuadernos de la Cárcel, en los que plasmó sus reflexiones sobre los complejos sucesos de la época en la que desarrolló su actividad política. Los Cuadernos representan lo esencial de su legado teórico.

Los Cuadernos no son una obra de fácil lectura. Las dificultades de su recepción se originan en diversos factores. Dentro del marxismo, la herencia de Gramsci ha sido interpretada de distintos modos. Se realizaron lecturas instrumentales del mismo, con el fin de legitimar, con su indudable autoridad moral e intelectual, una u otra línea política específica. En Gramsci se ha pretendido encontrar de todo, desde la reafirmación de las ideas de Lenin hasta un basamento para aceptar las tesis maoistas, pasando por la supuesta confirmación de estrategias reformistas. El Partido Comunista Italiano lo presentó como precursor de su propia línea política gradualista, de construcción de coaliciones. Los grupos de la “nueva izquierda” en América Latina y algunos países de Europa Occidental utilizaron muchas de sus ideas y de su vocabulario para plantearse el enfrentamiento radical contra las formas de la cultura burguesa. En los países comunistas europeos su presencia fue más bien simbólica. Se le concedió un nicho en el panteón de los mártires de la revolución, pero su obra, demasiado iconoclasta y alejada de los cánones del “marxismo-leninismo”, despertó siempre recelo y fue difundida solo muy superficialmente. Desde estas posiciones tan dispares, se presentaron interpretaciones encontradas de su obra.

El anterior escrito es un fragmento del capítulo II del libro ‘Traducir a Gramsci’ de Jorge Luis Acanda González,  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, 292 pp. Podrá leer el capítulo completo seguidamente:
 


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