10/11/13

El socialismo es la organización lograda a través de la actividad cultural

  • “… y no sólo organización política y económica, sino también y especialmente de saber y de voluntad”
Antonio Gramsci  |  No es ésta, ciertamente, la tesis que el Grido ha sostenido siempre, y los lectores que nos han seguido pueden ver fácilmente dónde está la debilidad del artículo de [Alfonso] Leonetti (1) abstrae de la organización, es decir, del fenómeno social a través del cual el socialismo se pone en práctica. Y no considera que la organización es, a fin de cuentas, un modo de ser que determina una forma de conciencia; aquella forma de conciencia que Leonettisupone que no podrá desarrollarse hasta que no seamos “libres”, hasta que no hayamos conquistado los poderes del Estado e instaurado la dictadura del proletariado. Leonetti, pues, habla de “nosotros” y del “pueblo”, como de dos entidades escindidas: nosotros (¿quién si no?), el partido de acción; el pueblo, rebaño de ciegos e ignorantes. Y entiende partido de acción como lo entendían los carbonarios de 1848, no como es modernamente, como lo forja la lucha política
moderna, hecha de publicidad, en la cual participan multitudes innumerables, y no sedicioso choque de cuatro conjurados con cuatro policías.

El problema para los socialistas es otro. Por lo que se refiere al desarrollo de la individualidad, la cuestión ha sido planteada con rigor y precisión por Carena (2). Pero para nosotros es también, y especialmente, un problema social, y, en este sentido, sólo puede ser resuelto con la organización.

El individualismo económico del régimen capitalista determina el asociacionismo político. Esta necesidad, inherente a ese régimen, Marx la ha sintetizado en el grito “¡Proletarios de todo el mundo, uníos!”. Marx ha hecho de la necesidad un acto de la voluntad, de la oscura y vaga carencia una consciencia crítica: el instinto se ha convertido y sigue convirtiéndose, a través de la propaganda socialista, en espiritualidad, en voluntad. La “unión” no es sólo acercamiento de cuerpos físicos: es comunión de espíritus, es colaboración de pensamiento, es mutuo apoyarse en el trabajo de perfeccionamiento individual, es educación recíproca y recíproco control.

Esta actividad implícita en la organización económica y política tiende a convertirse ella misma en específica, a asumir forma propia. El movimiento socialista se desarrolla, agrupa multitudes, cuyos individuos están preparados en distinto grado para la convivencia social en el régimen futuro. Tanto menor es entre nosotros esta preparación cuanto que Italia no ha pasado por la experiencia liberal, ha conocido poca libertad, y el analfabetismo está todavía hoy más difundido de lo que dicen las estadísticas.

Mayor es en el proletariado organizado el deber de educarse, de extraer de su agrupación el prestigio necesario para asumir la gestión social sin la preocupación de revueltas vandeanas que destruyan las conquistas del partido de acción.

La educación, la cultura, la organización extendida del saber y de la experiencia, es la independencia de las masas respecto de los intelectuales. La fase más inteligente de la lucha contra el despotismo de los intelectuales de carrera y de las competencias por derecho divino se organiza mediante el trabajo para intensificar la cultura, para profundizar la consciencia. Y este trabajo no se puede dejar para mañana, para cuando seamos libres políticamente. Es él mismo libertad, es el mismo estímulo para la acción y condición de la acción. La conciencia de la propia falta de preparación, el temor de fracasar en la prueba de la reconstrucción ¿no son quizás las más férreas de las trabas que entorpecen la acción? Y no puede ser de otra manera; socialismo es organización, y no sólo organización política y económica, sino también y especialmente de saber y de voluntad, lograda a través de la actividad cultural.

Recogido en Scritti giovanili 1914-1918, Turín, Giulio Einaudi, 1958, 300-302; La formazione dell’uomo. Scritti di pedagogia, ed. de Giovanni Urbani, Roma, Riuniti, 1967, 105-106; e Il nostro Marx 1918-1919, ed. de Sergio Caprioglio, Turín, Giulio Einaudi, 1984, 274-276
Traducción del italiano por Salustiano Martín
Il Grido del Popolo
N° 736, 31 agosto 1918

Notas

 (1) Gramsci sitúa esta nota de comentario a continuación de un artículo de Alfonso Leonetti que negaba la eficacia de la educación y de la propaganda socialista, y sostenía la necesidad de pasar enseguida a la acción directa. [...] [Nota de Giovanni Urbani]
(2) El artículo de Attilio Carena, titulado “¡Libera tu voluntad!”, se publica en el mismo número del Grido del Popolo y precede al de Leonetti. [Nota de Giovanni Urbani]