29/11/13

De la crítica al Mito Político al Mito Político como crítica

  • Georges Sorel, Antonio Gramsci y José Carlos Mariátegui rompen con la valoración negativa del mito político en tanto lo consideran un elemento fundamental de la lucha política
Foto: Georges Sorel
María José Cisneros Torres  |  El concepto de mito político nació como concepto teórico a comienzos del siglo XX. Fue George Sorel el primero en teorizarlo. Sin embargo, sigue siendo éste un concepto de complejo abordaje. Sus usos están cargados de connotaciones peyorativas muy fuertes, en las cuales la tendencia a considerarlo un fenómeno anormal y a excluirlo como categoría heurística de lo político es lo que predomina. Esto es así, porque para las teorías políticas de raigambre racionalista -como lo son el liberalismo y el marxismo ortodoxo-, el concepto de mito político denota fenómenos de irracionalidad en el ámbito de la política que desvían y/o enmascaran el verdadero sentido de ésta.

Desde una perspectiva diferente, influenciada por el marxismo, pero que busca una compresión del mito político más dialéctica y cercana a la praxis que a la especulación pura y esencialista de la política, Georges Sorel, Antonio Gramsci y José Carlos Mariátegui rompen con la valoración negativa de éste. Realizar un análisis de las concepciones desarrolladas al respecto por cada uno de estos
autores, es el propósito de este artículo.

1. De la crítica al mito político

Al decir de Raymond Williams, «los conceptos básicos, de los cuales partimos, dejan repentinamente de ser conceptos para convertirse en problemas; no problemas analíticos, sino movimientos históricos, que todavía no han sido resueltos» (Williams, 1986, pág. 21). Sin duda, esto es así en el caso de un concepto como el de mito político, pues aún cuando, nació como concepto teórico a comienzos del siglo XX, no resulta actualmente una noción de fácil abordaje. Sus usos están cargados de connotaciones valorativas muy fuertes, en las cuales muchas veces lo peyorativo, la tendencia a considerarlo un fenómeno anormal y a excluirlo como categoría de análisis político es lo que predomina. De allí que, como sostiene Bonazzi:
Conviene por lo tanto hablar del mito político como de la instancia intelectual y práctica que el pensamiento político no ha conseguido delimitar e identificar, tanto por la dificultad de fijar sus relaciones con la mitología, como por la de distinguirlo del concepto de “ideología” y, finalmente, porque se ha encontrado en el centro de toda polémica entre racionalismo e irracionalismo. (Bonazzi, 1995: 976).
Ciertamente, para las teorías políticas de raigambre racionalista, como lo son el liberalismo y el marxismo, el concepto de mito político denota fenómenos de irracionalidad en el ámbito de la política que desvían y/o enmascaran el verdadero sentido de ésta. Por ello, no sólo buscan erradicar la presencia de estos del acontecer político, sino que además, entienden que no deben ser considerados como fenómenos propiamente políticos. Esto es así porque, para la tradición liberal, la política es el arte de vivir conjuntamente a partir del establecimiento de un contrato entre individuos racionales y libres, por lo que todo lo vinculado a la dimensión colectiva y afectiva de la condición humana (rasgos presentes estos en el mito) se considera ajeno a ésta. La exclusión al mito desde las filas de la izquierda, no son menores. Para no pocos pensadores influenciados por el marxismo –tal es el caso de Barthes (Barthes, 1991), por ejemplo1– el mito político es enmascaramiento, modo de enunciación del que se vale la ideología burguesa para justificar su orden; lo opuesto, en consecuencia, a la política porque ésta es considerada como conjunto de relaciones humanas en su poder de construcción, como praxis revolucionaria, es decir transformadora de la realidad.

Semejante rechazo epistemológico desde las tradiciones políticas ilustradas hacia el mito político2, se vio más acentuada aún, hacia la primera mitad del siglo XX, por el uso criminal que desde la teoría y fundamentalmente desde la praxis hicieron de éste tanto el fascismo como el nazismo. Movimientos que encontraron en el carácter intuitivo y supuestamente “irracional” del mito político, una verdad desde la cual no sólo llevar a cabo su crítica al individualismo y racionalismo de la democracia liberal, sino también desde la cual fundar sus teorías socio-políticas de corte organicista, nacionalista y autoritario3
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Desde una perspectiva diferente, influenciada por el marxismo, pero que busca una compresión del mito político más dialéctica y cercana a la praxis que a la especulación pura y esencialista de la política, Georges Sorel, Antonio Gramsci y José Carlos Mariátegui rompen con la valoración negativa de éste, en tanto lo consideran un elemento fundamental de la lucha política, según intentaremos a continuación demostrar.



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