28/10/13

Gramsci y la Cultura

José Ma. Laso Prieto  |  Se cumple [un nuevo aniversario] de la muerte del gran filósofo italiano Antonio Gramsci. Durante su breve vida (1891-1937), Gramsci descolló en muy diversas actividades. Tras una etapa periodística inicial, en la que ejerció con gran brillantez la crítica teatral y literaria, llevó a cabo con especial rigor intelectual una labor de esclarecimiento y crítica de los fundamentos sociológicos de la cultura nacional italiana. No menor importancia revistió su actividad política y social. Tras su ingreso en la Universidad de Turín, Gramsci fue el inspirador y organizador de un renovador núcleo intelectual que se aglutinó en torno a la revista L'Ordine Nuovo. La singularidad de tal grupo es reconocida por el liberal Gobetti, quien define la experiencia de tal revista «como uno de los episodios más originales del pensamiento marxista e, incluso, tal vez el primer ensayo de comprensión de Marx, por encima de caducas ilusiones ideológicas, como suscitador de acción». Oriundo
de Cerdeña, Gramsci participó inicialmente en el movimiento sardista que pretendía defender los intereses de los isleños frente al expolio de los continentales. Empero pronto superó esta fase primitiva de su desarrollo político, para comprender la necesidad de una solución global a la problemática de la sociedad italiana. En esa dirección, constituyó una aportación interesante el conocimiento que Gramsci adquirió de la obra filosófica de Benedetto Croce, ya que le permitió profundizar en el estudio de los rasgos específicos de la cultura italiana. La crítica demoledora que Gramsci realizó posteriormente de algunas de las facetas más negativas de la filosofía idealista de Croce no debe ocultarnos la contribución de éste a su formación general. En realidad, Gramsci siempre valoró la contribución de Croce a la lucha contra el positivismo que entonces degradaba la cultura italiana. No menor resultó su apreciación de la aportación laica y civilista de Croce y su esfuerzo por obtener el restablecimiento, en su lugar idóneo, de la actividad filosófica.

Sin embargo, Gramsci observó ya, en su contacto inicial con el pensamiento de Croce, que «para él, toda concepción del mundo, toda filosofía, es una "religión", en la medida en que llega a ser una norma de vida, una moral». Y aunque, posteriormente, Gramsci criticó a Croce por haber hecho de la «religión de la libertad» la religión de una minoría selecta, al no haber llevado ese movimiento cultural hacia las masas, no por ello renunció a su retraducción. Esa retraducción se hace tanto más necesaria para lograr, a través de la obra de Croce y capitalizando su prestigio intelectual, una vuelta a Hegel que depurase a la cultura y al marxismo italianos de sus lastres positivistas. Operación, por otra parte, no desprovista de riesgos, ya que en ella se basa la carga de voluntarismo subjetivista que Gramsci arrastró en una amplia etapa de su formación marxista. Sin que para ello supongan un obstáculo sus. reminiscencias idealistas, desde 1918 opone Gramsci la «filosofía de la praxis» a la ideología de Croce. En su pensamiento confluyen ya entonces, en síntesis dialéctica, Croce y Labriola. Se inicia así una etapa en la que, como en su día expresó -el profesor Sacristán, «... toda la obra de Gramsci queda estructurada por la finalidad de determinar un renacimiento adecuado del marxismo y de elevar esta concepción filosófica, que por necesidades de la vida práctica se había venido `vulgarizando'; a la altura que debe de alcanzar para la solución de las tareas más complejas que impone el actual desarrollo histórico, es decir, elevarlo a la creación de una cultura integral». Según Sacristán, «Gramsci cumplírá esta tarea, de acuerdo con la inspiración básica de Marx, no eliminando del marxismo el concepto central de práctica, sino proporcionando la. más profunda concepción de ésta que se ha alcanzado en la literatura filosófica marxista». Lo que no significa en absoluto que Gramsci sea un pragmatista, ya que, además de tener siempre presente la necesaria logicidad formal, su primer problema -el de conjuntar ciencia y práctica- se resuelve precisamente mediante una crítica del pragmatismo y del positivismo en general. De este modo Gramsci profundizó su posición juvenil, que se había caracterizado por una fuerte reacción antipositivista, tanto en el plano filosófico-científico como en el específicamente político. Su mordacidad frente a las trivializaciones positivistas de un Achille Loria, se complementa, muy coherentemente, con la crítica constante que realizó contra el empirismo estrecho de los dirigentes de la 11 Internacional que hizo a ésta inoperante.

La concepción que Gramsci tenía de la cultura se manifestó en muy diversos aspectos de su obra: tratamiento de la función de los intelectuales en la organización de la cultura, el componente cultural de la hegemonía política, el concepto de cultura nacional-popular, etc. Además, Gramsci terció en la polémica que Tasca y Bordiga sostuvieron sobre la cultura. Tasca defendía la urgencia de una renovación cultural y de una mejor preparación de los dirigentes socialistas. Por el contrario, Bordiga rechazaba toda conexión entre acción política e iniciativa cultural, considerando reformista toda posición «cultural». En el seno de esta polémica, Gramsci se propuso estudiar el concepto de cultura en relación con el socialismo. En síntesis, su conclusión fue:
1) No puede concebirse la cultura sólo como saber enciclopédico en el cual el hombre no es visto sino bajo la forma de recipiente que llenar de datos ,y hechos. Esta forma de cultura es verdaderamente dañina, en especial para el proletariado. Esto no es cultura, sino pedantería. 
2) La cultura es organización, disciplina del propio yo interior y toma de posesión de la propia personalidad, es conquista de consciencia superior por la cual se logra comprender el propio valor histórico, la propia función en la vida, los propios derechos y deberes. 
3) El hombre es, sobre todo, espíritu, es decir, creación histórica y no naturaleza. No se explicaría de otra manera por qué habiendo existido siempre explotados y explotadores no se haya realizado aún el socialismo. 
Ello quiere decir que toda revolución ha sido precedida siempre por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural. El último ejemplo es el de la Revolución Francesa precedida por la Ilustración. El mismo fenómeno se produce hoy para el socialismo. Es a través de la crítica de la civilización capitalista como se está formando la consciencia unitaria del proletariado, y crítica quiere decir cultura y no ya evolución espontánea y naturalista. Crítica quiere decir aquella conciencia del yo que Novalis ponía como fin para la cultura.

Es obvio que, a pesar de los años transcurridos, este planteamiento de Gramsci conserva toda su vigencia.