21/9/13

Notas sobre el lugar de la política en la fundamentación del materialismo histórico

  • Hoy se sabe que Gramsci no utilizó la fórmula labrioliana “filosofía de la praxis” para disimular frente a la censura carcelaria sus referencias al materialismo histórico, sino más bien para subrayar su interpretación de éste como una teoría no sólo de la historia y de la economía, sino también de la política
Antonio Gramsci ✆ Eddie Scorner
Miguel Candioti  |  Hay que destruir el prejuicio muy difundido de que la política es a la vez algo extremadamente difícil y algo despreciable por el hecho de que es la actividad propia de una determinada categoría de especialistas o de políticos profesionales que generalmente son individuos desleales y corruptos. Por lo tanto, hay que demostrar en primer lugar que todos los seres humanos son “políticos”, definiendo los límites y las características de esta “política espontánea”, propia de “todo el mundo”, esto es de la política que está contenida en lo que todos hacemos diariamente en nuestra vida social. Y después de haber demostrado que todos los individuos son políticos puesto que participan de hecho en la política, aunque sea a su manera, inconscientemente, porque incluso sus mínimas formas de interacción práctica cotidiana  contribuyen a la construcción de una determinada forma de sociedad frente a otras posibles, esto es, integran las relaciones de fuerza entre grupos sociales con intereses
contrapuestos, se pasa al segundo momento, al momento de la crítica y de la conciencia, o sea a la cuestión: ¿es preferible actuar políticamente sin tener conciencia crítica, en forma disgregada y ocasional, dejándose llevar por tendencias impuestas mecánicamente por el ambiente externo, esto es, por los diversos grupos en los que cada cual se encuentra automáticamente incluido desde su entrada en el mundo social, o es preferible elaborar de manera consciente, coherente y crítica el propio proyecto político y, por tanto, en conexión con tal esfuerzo del propio cerebro, elegir la propia esfera de la práctica, participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guías de nosotros mismos y no ya aceptar ignorante y pasivamente que nos llegue desde el exterior la orientación de nuestra propia actividad política?

Todo el parágrafo anterior constituye una paráfrasis de lo que Antonio Gramsci escribe no sobre la  política sino sobre la filosofía en un famoso pasaje de sus  Cuadernos de la cárcel (Q.11, 12).

Sin embargo, entiendo que esta reelaboración no puede ser considerada como una tergiversación de su pensamiento, puesto que para él la filosofía, entendida en sentido lato, constituye sólo la parte teórica o cognoscente de la actividad humana, mientras que la actividad  humana tomada en su totalidad —es decir, como unidad activa de conocimiento y de práctica— es siempre histórica y política. Es por eso que nuestro autor llega a afirmar que: “Todo es política, incluso la filosofía o las filosofías” (Q.7, §35) y también que “se puede identificar la política y la historia y por consiguiente toda la vida y la política” (Q.13, § 10). Hoy se sabe que Gramsci no utilizó la fórmula labrioliana “filosofía de la praxis” para disimular frente a la censura carcelaria sus referencias al materialismo histórico, sino más bien para subrayar su interpretación de éste como una teoría no sólo de la historia y de la economía, sino también de la política; y como una teoría que además asume abierta y coherentemente sus propios intereses en el contexto sociopolítico actual poniéndose al servicio de la praxis revolucionaria de los trabajadores desposeídos. De esta manera, Gramsci se separa críticamente de las lecturas economicistas de la obra de Marx, que sólo retenían de ésta el momento puramente teórico de la descripción y la formulación de leyes del desarrollo histórico con base en la actividad económica, dejando de lado o menospreciando el papel fundamental que juega la política teórica y práctica en el movimiento real de la historia humana. Gramsci considera que la revolución bolchevique y las ideas políticas de Lenin han marcado un punto de inflexión en la historia del “marxismo” precisamente porque han significado la recuperación y fortalecimiento del componente político del materialismo histórico. Pero eso no quiere decir que Gramsci crea que ese componente político no esté de algún modo presente ya en el mismo Marx:
La innovación fundamental introducida por la filosofía de la praxis en la ciencia de la política y de la historia es la demostración de que no existe una "naturaleza humana" abstracta, fija e inmutable (concepto que ciertamente se deriva del pensamiento religioso y de la trascendencia), sino que la naturaleza humana es el conjunto de relaciones sociales históricamente determinadas [...]. Por lo tanto, la ciencia política debe ser concebida en su contenido concreto (y también en su formulación lógica) como un organismo en desarrollo. (Q.13, § 20).
Este pasaje nos recuerda además que para Gramsci el texto clave de Marx, el que constituye el punto de partida obligado para interpretar adecuadamente todo el resto del materialismo histórico, es el de las Tesis sobre Feuerbach, en donde efectivamente se afirma que toda realidad humana está determinada por el mundo de la práctica, esto es, por la historia humana entendida como el cambiante conjunto de las relaciones sociales o interacciones reales de los seres humanos y de sus transformaciones objetivas del mundo social-natural que integran. Ahora bien, dentro de este cuadro general Gramsci destaca un elemento sustancial que en realidad permanece implícito en el texto marxiano: precisamente la dimensión política en sentido amplio, es decir, no reducida al terreno “formal”, “institucional”, estatal-partidario, sino extendida a toda la sociedad. En efecto, uno de los principales aportes de Gramsci al materialismo histórico es el señalamiento de que las  relaciones