23/8/13

Sobre la situación actual de los Estudios Culturales

John Beverley  |  Todos sentimos la tentación o la necesidad de hacerlo, pero ¿dónde estamos exactamente cuando comenzamos a caminar sobre el nuevo terreno de los estudios culturales? Sabemos que estamos saliendo de un impase disciplinario, pero ¿cuáles son los obstáculos o problemas nuevos que encontraremos en el camino? ¿Cuáles son los límites y las limitaciones del campo? ¿Qué antagonismos u disonancias operan en su interior?

En lo que sigue, quiero aproximar una respuesta a estas preguntas. Comienzo con unas reflexiones sobre el proyecto del “Birmingham Centre for Cultural Studies" de Inglaterra, que en cierto sentido fue el modelo fundador de la idea de estudios culturales como un nuevo espacio disciplinario; pasaré luego a una discusión de las tensiones o contradicciones de perspectiva latentes dentro del proyecto, con unas
observaciones en particular sobre la relación entre los estudios culturales y lo que se ha venido a llamar
estudios subaIternos; terminaré con una discusión del proyecto de Néstor García Canclini, que me parece la articulación más importante y de más influencia de los estudios culturales en el ámbito latinoamericano. Me preocupa sobre todo el tema de lo que el jamaiquino Stuart Hall, uno de los integrantes más importantes de la Escuela de Birmingham, ha llamado la "vocación política" de los estudios culturales.

La Escuela de Birmingham tenía dos componentes teóricos: uno era el tipo de trabajo que hacían los historiadores asociados aI marxismo inglés, por ejemplo el libro esencial de E.P. Thompson, The Making of the English Working Class, o la sociología desarrollada durante el periodo de gobierno del partido laborista, representada sobre todo por Raymond WiIliams. Se trataba de redefinir la manera en que se había pensado en la relación entre superestructura y base en el marxismo tradicional. Thompson, por ejemplo, quería entender la forma en que la clase obrera inglesa no sólo fue constituida "pasivamente", si se quiere, por las relaciones de producción capitalistas, sino también cómo se constituye a través de su cultura como un sujeto colectivo consciente de sí mismo, como un sujeto de la historia, en otras palabras. "Williams proponía el oxímoron aparente de un “materialismo cultural" –cultural materialism– para designar el estudio de los sistemas de significación que producen y mantienen subjetividades y valores.

El otro componente de Birmingham fue el impacto del pensamiento estructuralista y posestructuralista sobre las ciencias sociales y la crítica literaria –particularmente la noción de sistema semiótico como formadora de sujetos sociales-. El texto clave en este sentido fue quizá "Notas sobre ideología y los aparatos ideológicos de estado" de Althusser. El entrecruzamiento, a veces contradictorio (porque involucraba nociones de sujeto y "agency" o poder de gestión en cierto sentido opuestas) de estos dos componentes fue esencialmente lo que produjo la Escuela de Birmingham. Desde el principio, la Escuela, que nació en una de las universidades periféricas creadas después de la Segunda Guerra Mundial por el gobierno laborista precisamente para democratizar el sistema universitario, tuvo, o mejor dicho quiso tener, una relación orgánica con la clase obrera inglesa. Por un lado, quería hacer una práctica académica institucional que representara, en el doble sentido de hablar por y hablar de, el protagonismo de esa clase -de allí la vinculación con los historiadores asociados al marxismo inglés, como Thompson-; por otro lado, se relacionaba también con el "youth culture" del proletariado nuevo en formación, y con los nuevos movimientos sociales que empezaban a surgir en los setenta: el feminismo, los movimientos de los “gay”, de la población inmigrante caribeña y asiática.