1/8/13

Pensar el comunismo, el socialismo, hoy

Aldo Casas  |  Somos militantes que publicamos ‘A contre courant’, ‘Carré Rouge’, ‘L’Émancipation sociale’ o vinculados a la revista y a la página web ‘À l’Encontre’, de Suiza y hemos decidido unir nuestras fuerzas para llevar adelante un trabajo de carácter teórico y político sobre la actualidad del comunismo (o si algunos prefieren, del socialismo, que es su sinónimo en su más fuerte e íntegro sentido). Hemos decidido también estrechar contactos con aquellas y aquellos que persiguen un objetivo análogo, proponiéndoles trabajar juntos o mantener intercambios regulares. En este texto tratamos de explicar lo que nos condujo a tal iniciativa, subrayando las inmensas dificultades que conlleva, y tratamos de esbozar un primer intento de ordenar el terreno.


La comprensión común que nos une es la idea de que el horizonte decisivo del compromiso político (que arroja luego luz sobre todas las facetas de la actividad militante) es el de la emancipación social, sinónimo de emancipación humana. Tal emancipación la entendemos como auto-emancipación colectiva que se basa en la auto-actividad y en la auto-organización en todas sus formas y su objetivo es la construcción de una sociedad mundial constituida de pueblos que no conocerán ya la división en clases y que habrán desmantelado o destruido el Estado – el mismo Estado que debieron enfrentar los oprimidos en el siglo XIX, que encontramos bajo formas más terribles aún en el siglo XX, el mismo Estado al que los pueblos deben enfrentarse hoy en condiciones orwelianas, infinitamente agravadas. En esas condiciones, la emancipación del proletariado no puede ser sino una auto-emancipación. En la medida que es “una tarea de los propios trabajadores”, conquistada por ellos, crea en su propio movimiento las condiciones para la emancipación del conjunto de la humanidad.

El objetivo de la emancipación social, así entendida, fue compartido por todas las corrientes que juntas formaron el movimiento obrero en el siglo XIX. Más allá de sus divergencias y luego de sus escisiones, dicho objetivo fue el horizonte común de las y los militantes que unieron sus fuerzas para fundar la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Luego, siendo unos miembros de la Segunda Internacional, de diferentes grupos libertarios los otros, siguieron persiguiendo ese mismo objetivo, a mantener su mirada fija y a volcar su voluntad hacia el mismo horizonte. Separados por una interpretación antagónica de acontecimientos cruciales, una separación agravada en algunos momentos por enfrentamientos políticos directos severos, algunos de los herederos de las dos corrientes han intentado repetidamente, a partir de los fundamentos compartidos de su compromiso, construir la base de un trabajo político común, en particular en los sindicatos.

Hoy, la concepción de la emancipación social que constituye el horizonte del compromiso político, ha retrocedido dramáticamente allí en el medio en el que nació y que la hizo suya durante largo tiempo: en el movimiento obrero. Se mantiene subyacente en el compromiso de muchos de los participantes en los Foros Sociales Mundiales que vienen de países en los cuales los campesinos y los oprimidos se han organizado dentro de sindicatos obreros o paralelos a ellos. Pero las aspiraciones a fijarse, en ese marco, la emancipación social como horizonte se han visto marginalizadas y frustradas. El lenguaje del “realismo”, o sea de la adaptación al capitalismo, ha prevalecido. En los países capitalistas imperialistas el objetivo de la emancipación social se mantiene inscrito en el programa político de ciertas organizaciones, de ciertos grupos políticos o de ciertos colectivos que pertenecen a las corrientes fundamentales del pensamiento emancipador. Pero de manera formal y hueca. Ahora bien, ni la emancipación social ni el comunismo como objetivo último del compromiso pueden ser momificados o acaparados por vanguardias autoproclamadas. Es necesario darles vida, alimentarlos permanentemente, en un proceso de interacción con las expresiones de la auto-actividad de los explotados, que se renuevan siempre; esta autoactividad modifica las condiciones del combate, cambiando también a los seres humanos. Actualmente existe una necesidad imperiosa de demostrar la pertinencia de esos objetivos y de reformularlos. La experiencia histórica de las tentativas concretas llamadas de transición al socialismo debe ser analizada a fondo (el análisis ha sido apenas esbozado). Por ser herederos, lejanos pero herederos al fin, de los que debieron afrontar la represión estalinista, los pelotones de ejecución y el Gulag, podemos apreciar plenamente esta imperiosa necesidad. Pero esta exigencia concierne tanto el presente como el futuro. Este trabajo es impuesto por los nuevos desafíos (subestimados y / o no analizados hasta ahora por las fuerzas revolucionarias) que lanza a la humanidad el régimen de propiedad privada de los medios de producción y la acumulación de los ganancias. Sin ser pensadas en términos actuales, la idea de la emancipación social y la perspectiva del comunismo se transforman en posiciones del orden de las convicciones privadas, o incluso en una creencia expresada por los militantes en la intimidad de pequeños círculos y no en la esfera política pública.

En momentos en que el siglo XXI comienza de manera dramática, donde algunos de sus rasgos catastróficos mayores pueden identificarse con un elevado grado de certeza, queremos participar, junto a todas y todos aquellos cuyo compromiso político se funda sobre esta base en un esfuerzo colectivo para (re)pensar el comunismo hoy y mostrar su actualidad y su necesidad. Tal objetivo merece que pongamos entre paréntesis (o que aceptemos, por lo menos, que pasen a un segundo plano) las divergencias que puedan existir entre aquellas y aquellos que quieren asociarse a esta tarea, para llevarla adelante sin pretensiones pero con la conciencia de las necesidades que impone la situación. La actividad militante cotidiana, concreta, que cada cual desarrolla no puede sino enriquecer, los intercambios y las elaboraciones. Sin embargo, es urgente dedicar una parte de su tiempo y de su energía a esta tarea político-teórica de manera tal de volver a dar a quienes militan desde hace años, la perspectiva indispensable del comunismo y, sobre todo, poder transmitirla a las nuevas generaciones. Las luchas “cotidianas”, à partir del momento en que comienzan a adquirir cierta importancia (y vaya si tienden a adquirirla hoy) conllevan una aspiración a “otra sociedad”, a un “más allá” del sistema capitalista tendiendo, de manera más o menos consciente, “un puente” hacia esa otra sociedad. No trabajar en la definición del punto hacia el que debe ser tendido ese “puente” es amputarlas, probablemente desarmarlas.
 
 >> Texto completo | PDF | 17 Págs.                                    Texte en Français | PHP >>