18/8/13

Karl Marx y la democracia

  • “El obrero deberá conquistar un día la supremacía política (…) Pero nosotros jamás hemos pretendido que para lograr este objetivo sea preciso emplear en todas partes medios idénticos.” | Marx, 1872
Luis Meléndez  |  Es frecuente asignar al pensador alemán Karl Marx (1818 - 1883) el argumento de que la única vía para que el proletariado ocupe el poder del Estado, y lo derroque posteriormente, es a través de la revolución, en tanto es considerado un acto violento. Esta declaración no es gratuita, pues efectivamente encontramos en Marx afirmaciones que apuntan en esa dirección. Así, en su texto de 1848, en el Manifiesto comunista, Marx y Engels dirán que “el proletariado cimienta su hegemonía mediante el derrocamiento violento de la burguesía” (Marx & Engels, 1998[1848]: 54).


Sin embargo, para nuestro “desconcierto”, casi un cuarto de siglo después, en 1872, Marx procede a afirmar una idea aparentemente opuesta. En un mitin celebrado en Ámsterdam, el autor dirá que “nosotros no negamos que existan países como América, Inglaterra y, si yo conociera mejor vuestras instituciones, agregaría Holanda, en los que los trabajadores pueden llegar a su objetivo por medios pacíficos” (Marx, 1872). ¿A qué se debe esta aparente contradicción?

Las premisas formuladas por Marx tienen raras veces la pretensión de ser conocimientos universales o absolutos, válidas para todas las circunstancias. Por el contrario, los argumentos marxistas no pueden ser entendidos más que en los contextos particulares en los que se enuncian y/o a los que hacen referencia. Esta idea dialéctica del conocimiento tan impregnada en los clásicos del marxismo, ha sido desatendida por algunos movimientos “marxistas” ortodoxos, que han tratado de aplicar ciertos preceptos marxistas sin tener en cuenta la distancia temporal y espacial en los que fueron referidos. Pero también por una academia que acusando –con toda razón– a estos últimos de dogmáticos, irónicamente también desconfigura el pensamiento de Marx al juzgar algunas de sus tesis fuera de contexto: parafraseando a Marx, van del “cielo” a la “tierra”, y no de la “tierra” al “cielo”.

En este sentido, para entender las diferentes argumentaciones de Marx sobre los medios viables para la toma del poder por parte del proletariado, no se pueden perder de vista las especificidades históricas a las que se remiten. Con esta intención, el presente artículo explora las particularidades nacionales en los que el autor alemán admite la posibilidad de una transición al socialismo por medios pacíficos y democráticos.

1. Crítica a la “democracia burguesa” y la Comuna de París

Para entender el significado que para Marx, en coyunturas puntuales, tienes los instrumentos democráticos como medios que permite la conquista proletaria del poder político, es necesario examinar primero las limitaciones y –sobre todo– los avances que el propio autor asigna a la “democracia capitalista”. Solo así comprenderemos a cabalidad su visión optimista sobre el papel que juegan las elecciones en los países más industrializados, y su importancia y logros para la transición pacífica al socialismo.

La crítica de Marx a la democracia capitalista o “democracia burguesa” –como también la denomina– tiene como fundamento que las libertades y derechos que garantiza se hallan condicionadas “por su carácter de clase y su inseparabilidad de la institución de la propiedad privada” (Sánchez, 1983: 38). Según este argumento, la democracia burguesa no es sino el velo que legitima la dominación en el capitalismo. Así, en La ideología alemana –uno de sus primeros manuscritos–, Marx y Engels reconocen que todas las luchas ejercidas dentro de la democracia en el Estado capitalista no son más que “formas ilusorias” que esconden las verdaderas luchas entre las clases sociales; es decir, entre la burguesía y el proletariado (Marx & Engels: 1968 [1932]). Las reivindicaciones por el derecho al sufragio o a la representación, no serían más que algunas de esas “formas ilusorias” que ocultan las contradicciones de clase y que, por ende, permiten la conservación del carácter burgués del sistema.

Sin embargo, el posterior análisis de la Comuna de París –movimiento insurreccional que duró entre marzo y mayo de 1871– que realiza en La guerra civil en Francia, proporciona al pensador alemán nuevos e importantes recursos para dilucidar el papel de los instrumentos democráticos en el proceso de eliminación del Estado capitalista. Para Marx, la Comuna era un gobierno de la clase proletaria que no solo se proponía acabar con la dominación monárquica, sino con la misma dominación de clase sustentada por el Estado. Marx anotará que “la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores.” (Marx, 1871: 67).

Precisamente uno de los grandes valores que la Comuna encarnaba para Marx era que expresaba un “gobierno del pueblo por el pueblo”, donde el sufragio universal y el derecho a revocatoria sobre las autoridades públicas ocupaban un importante pedestal. La disolución del Estado, mediante el desmantelamiento del centralismo militar y político, era su principal objetivo. Así, Marx menciona que todos los cargos a disposición dentro de la Comuna fueron cubiertos mediante sufragio universal, dando en todo momento a los electores la facultad de revocatoria. Además, la fijación de un mismo salario para todos los funcionarios se imponía como un mecanismo que evitaba el “arribismo” y la obtención de cargos con fines meramente personales (Marx, 1871).

Se puede decir que la actitud crítica hacia la democracia burguesa que se aprecia con más firmeza en los primeros escritos de Marx –esbozado líneas arriba– no le impide apreciar y reconocer, posteriormente, sus componentes más “progresistas” (como el sufragio universal y el principio de representatividad). Esto, siempre y cuando estén orientados a la toma de poder por parte del proletariado y a la posterior abolición del aparato estatal.

2. ¿Una transición pacífica al socialismo?
  • “Si han cambiado las condiciones de la guerra entre naciones, no menos han cambiado las de la lucha de clases.” | Engels, en Marx 2007[1850]: 26)
Marx apuesta por una sociedad comunista; es decir, una sociedad sin clases y sin Estado, en tanto éste es entendido siempre como un instrumento por el cual se preserva y ejerce la dominación de una clase sobre otra. “El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y contradicciones de clases, será ocupado por una asociación en la cual el libre desarrollo de cada cual será la condición para el libre desarrollo de todos” (Marx & Engels, 1968 [1932]: 67). Sin embargo, nuestro autor admite que para llegar al comunismo se requiere de un periodo de transición al que denomina “dictadura del proletariado”, también conocido como “socialismo”. Esta fase socialista tendría el propósito de traspasar el poder político a los proletarios e iniciar el proceso de transformación de las estructuras económicas y el desmantelamiento del Estado. Pero, ¿cuáles son los medios prácticos para alcanzar esta fase de transición socialista? ¿Es acaso la revolución, como acto violento, el único medio posible?

Como hemos anotado en el capítulo anterior, Marx es consciente de las restricciones propias de la “democracia burguesa” y de sus “formas ilusorias”. Sin embargo, también es optimista de sus componentes más “progresistas”, debido a los logros socialistas alcanzados bajo esta forma de gobierno. Por ejemplo, Marx resaltará los avances del proletariado obtenidos en el sufragio universal de 1848 y 1849 en Francia. Esto le hace creer que este instrumento democrático puede atentar contra las propias bases de la sociedad burguesa ya que “otorga la posesión del poder político a las clases cuya esclavitud social debe eternizar: al proletariado, a los campesinos, a los pequeños burgueses” (Marx, 2007[1850]: 94].

Engels también se suma con similares apreciaciones. En la introducción de Las luchas de clases en Francia, hace referencia a los logros socialistas alcanzados gracias a la elección universal, al que califica como “método de lucha completamente nuevo”. Para 1985 mencionará que en países como Alemania, las Cámaras ya están conformadas por 50 diputados socialistas; que en Bélgica, los obreros han salido airosos “en una cuarta parte de los distritos electorales”; y que en Suiza, Italia, Dinamarca, Bulgaria e incluso Rumania, los socialistas ya han obtenido una importante representación en el parlamento. Es por ello que, según Engels, las clases dominantes tienen más pavor a “los éxitos electorales que [a] los éxitos insurrecciones” de la clase obrera (Engels, en Marx 2007[1850]: 21).

Estos márgenes de acción que proporciona la “democracia burguesa” en beneficio de los socialistas, le permitieron argumentar a Marx la posibilidad de una transición no violenta al socialismo. Este postulado se hace más explícito en sus últimos escritos, lo cual se debería al cambio de las condiciones históricas de lucha en algunos países. Debido a su claridad, permítasenos hacer una larga referencia a un discurso de Marx efectuado en el marco del Congreso de La Haya en Ámsterdam, en setiembre de 1872:
“El obrero deberá conquistar un día la supremacía política para asentar la nueva organización del trabajo; deberá dar al traste con la vieja política que sostienen las viejas instituciones, so pena, como los antiguos cristianos —que despreciaron y rechazaron la política—, de no ver jamás su reino de este mundo.
Pero nosotros jamás hemos pretendido que para lograr este objetivo sea preciso emplear en todas partes medios idénticos.
Sabemos que hay que tener en cuenta las instituciones, las costumbres y las tradiciones de los diferentes países; y nosotros no negamos que existan países como América, Inglaterra y, si yo conociera mejor vuestras instituciones, agregaría Holanda, en los que los trabajadores pueden llegar a su objetivo por medios pacíficos” (Marx, 1872).
En esta cita, Marx reconoce que las formas prácticas para que el proletariado alcance la “supremacía política” van a depender de las características de cada país, que inclusive pueden ser culturales. Pero lo más importante es que reconoce que estas formas pueden tener un carácter pacífico; es decir, ajeno a todo acto violento. Evidentemente, estas afirmaciones no contradicen las tesis de Marx en favor de la revolución, si es que entendemos los contextos específicos a los que hacen referencia estos enunciados. Así, para Marx la transición pacífica al socialismo, a través de procesos democráticos, solo se hace posible en países altamente industrializados, como es el caso de la Inglaterra de fines de siglo XIX. Pero, ¿cuáles son los rasgos específicos de este país, aparte de la industrialización, que motivaron a Marx a brindar tales argumentos?

Lenin, quien también reconoce que es admisible que la clase proletaria tome el poder de modo pacífico –aunque esto no sea normal sino excepcional–, nos da algunas pistas para profundizar en las circunstancias en que Marx admite esta alternativa de transición para Inglaterra. El primer aspecto importante es que este país –alrededor de 1870– contaba con una mayoría electoral afín a la causa socialista. La elevada industrialización permitía que el proletariado se convierta en la clase predominante en ese entonces, pasando en gran número a los campesinos. Además, los obreros mantenían una compleja organización basada en sindicatos que les permitía tener una mejor maniobra de los instrumentos democráticos implantados por la burguesía. La segunda condición recaía en la subordinación de la burocracia estatal ante las autoridades electas. Como sabemos, uno de los objetivos máximos de los socialistas era destruir la maquinaria del Estado; este propósito era aún más factible en Inglaterra debido a que, para ese periodo, no contaba con una sólida burocracia política y militar que resista los cambios estructurales promovidos por las autoridades socialistas electas. Finalmente, en Inglaterra era posible una nacionalización pacífica de su sistema económico. En este país era muy probable que los capitalistas acepten una indemnización o “rescate” con la condición de que se sometan de modo pasivo a los nuevos cambios estructurales promovidos por los socialistas (Lenin, 1998[1966]).

Sin embargo, estas tres condiciones nunca fueron consideradas como determinantes. Veinte años después del periodo estudiado por Marx, Inglaterra entró a una fase más avanzada del capitalismo –a su fase imperialista, diría Lenin (1989 [1945]). Si bien el reformismo de esta época preparó el escenario para una transición pacífica al socialismo, las condiciones de 1870 descritas por Marx ya habían cambiado, imposibilitando con ello el proceso socialista (Moore, 1979[1957]: 88).

Stanley Moore profundiza más en el tema y hace una diferenciación entre “transferencia pacífica del poder político” y “transferencia pacífica de la estructura económica” en Marx. Si bien las tres condiciones mencionadas permiten argumentar a nuestro autor la transición democrática y pacífica al socialismo –como creyó factible en Inglaterra–, Moore señala que para Marx la “transferencia pacífica del poder político” solo requiere los dos primeros componentes: una mayoría electoral socialista y la subordinación de la burocracia. Estas dos condiciones aseguran al proletariado la toma del Estado por mecanismos no violentos; sin embargo, solo con la tercera condición se hace posible también una “transferencia pacífica de la estructura económica”. Sin la aceptación de los capitalistas a ser expropiados, las transformaciones económicas que los socialistas planifiquen desde el Estado, solo podrían realizarse aplicando la fuerza, debido a la resistencia de los propietarios burgueses (Moore 1979[1957]). Según Marx, si “la clase obrera ganara una mayoría en el Parlamento o en el Congreso, podría legalmente poner un fin a las leyes e instituciones que se interponen en el camino de su desarrollo, en la medida en que dichas leyes e instituciones han sido establecidas por los desarrollos anteriores de la sociedad. Sin embargo, este movimiento ‘pacífico’ podría transformarse en violento a causa de la rebelión de aquellos cuyos intereses eran inseparables del viejo orden” (Marx, en Moore 1979[1957]: 87). Es decir, se puede hablar en Marx de un proceso pacífico de toma del poder político, que no necesariamente supone una reestructuración pasiva del sistema económico capitalista.

Engels, gran amigo y colaborador de Marx, también es consciente de las formas democráticas y pacíficas como puentes al socialismo. Incluso para él, desde 1848, las condiciones para las insurrecciones se han hecho escasas debido –entre otros asuntos– al fortalecimiento del armamento enemigo. Es por ello que los actos insurreccionales son percibidos como contraproducentes en estas circunstancias, sobre todo cuando los avances socialistas por vía democrática tienen una mejor proyección. Engels señala que en Alemania de fines del siglo XIX, los electores proletarios –y sectores afines– suman más de la cuarta parte del total de votos emitidos, tendencia que se muestra imparable y que auguraría la conversión del proletariado en la principal fuerza política del país. Así, el sufragio universal se convierte de “medio de engaño” en “instrumento de emancipación”. “La ironía de la historia universal lo pone todo patas arriba. Nosotros, los ‘revolucionarios’, los ‘elementos subversivos’, prosperamos mucho más con los medios legales que con los ilegales y la subversión” (Engels, en Marx 2007[1850]: 28).

Por lo tanto, se puede concluir que en Marx la revolución no se presenta como la única alternativa posible para la toma del poder político, sino que en algunas circunstancias nacionales como en Inglaterra –en donde había una subordinación de la burocracia, mayoría electoral socialista y posibilidad de expropiar a los capitalistas–, también es posible una conversión pacífica al socialismo a través de mecanismos democráticos. Como bien precisa Moore, “admitir la posibilidad de la transición pacífica no es reformismo sino marxismo”; reformismo es más bien “proclamar esta posibilidad abstrayéndola de las condiciones concretas, económicas y políticas, que la determinan” (Moore, 1979[1957]: 85).

3. Una defensa de Marx en contra de sus defensores

Estemos o no de acuerdo con la viabilidad y contenido analítico de la propuesta general de Marx (en distintos aspectos, yo no lo estoy), es necesario remitirnos a sus propias formulaciones teóricas para dar cuenta del simplismo y facilismo retórico en los que caen muchos de sus más entusiastas “defensores” (y claro, también varios de sus más acérrimos críticos). Así, como anotamos líneas arriba, es común que al abordar el problema de la transición al socialismo se asigne a Marx una postura absoluta, válida para todas las circunstancias, que es la de concebir a la revolución como el único medio posible para alcanzarlo. Como hemos argumentado, esto es producto de una descontextualización de las premisas de Marx, para quien en algunas realidades particulares también es posible llegar al socialismo por medios diferentes a la insurrección. Solo entendiendo a Marx de modo dialéctico, es decir, concibiendo sus argumentos como parte de un proceso histórico específico, es que podremos comprender a cabalidad el contenido real de sus premisas. Salvo lo demás, todo es ilusión.

* El presente artículo es una versión resumida del trabajo final presentado en el curso Pensamiento Político (octubre - diciembre de 2012), dictado por Santiago Basabe, en la Maestría de Ciencia Política de la FLACSO-Ecuador.

Bibliografía

Lenin, Vladimir. El imperialismo, fase superior del capitalismo. Moscú: Progreso, 1989 [1945].
Lenin, Vladimir. La revolución proletaria y el renegado de Kautsky. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1998 [1964].
Lenin, Vladimir. El Estado y la revolución. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1998 [1966].
Lukács, Georg. El hombre y la democracia. Editorial Contrapunto, 1985.
Marx, Karl; Engels, Friedrich. Manifiesto comunista. Barcelona: Crítica, 1998 [1848].
Marx, Karl. Las luchas de clases en Francia. Buenos Aires: Claridad, 2007 [1850].
Marx, Karl. La guerra civil en Francia. Sevilla, 1871. Edición virtual.
Marx, Karl. Crítica al Programa de Gotha. Ediciones elaleph.com, 2000 [1875].
Marx, Karl; Engels, Friedrich. La ideología alemana. Montevideo: 1968 [1932].
Marx, Karl. “Discurso pronunciado en 8 de setiembre de 1872 en el Congreso de La Haya”. Edición virtual.
Engels, Friedrich. Anti-Dühring. México: Grijalbo, 1968 [1878].
Moore, Stanley. Crítica de la democracia capitalista. Una introducción a la teoría del Estado en Marx, Engels y Lenin. México: Siglo XXI Editores, 1979 [1957].
Sánchez, Adolfo. “Marx y la democracia”. En: Cuadernos políticos, número 36, México, pp. 31-39.
Vargas, Gabriel. “Democracia y transformación revolucionaria en Marx”. Ponencia en la sesión plenaria de la II Conferencia Internacional La obra de Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI. La Habana, Cuba, mayo de 2004. Edición virtual.

Notas

1. La cursiva es nuestra.
2. Opiniones similares tendrá Lenin y Georg Lukács. Para este último “La democracia de hoy (…) es la democracia de un imperialismo manipulados en cuyo dominio se reina mediante la manipulación” (1985:46).
3. La ideología alemana fue escrito entre 1845 y 1846, y publicado póstumamente en 1932.
4. La cursiva es nuestra.
5. Son justamente estas apreciaciones “reformistas” de Marx y Engels las que fueron empleadas por Karl Kautsky para manifestarse en contra de la revolución rusa y apostar por una democracia parlamentaria (Vargas, 2004), las mismas que le valieron los calificativos de “renegado” y “oportunista” por parte de Lenin (1998 [1972]).