24/8/13

Historia, Historiografía y Estudios Subalternos

Ishita Banerjee  |  El presente ensayo es una invitación a un diálogo, a una conversación comenzada desde hace tiempo por historiadores y que trata sobre los modos y métodos de la historia. Para lograr que abarque diferentes continentes intento bosquejar una breve introducción al nacimiento de los Estudios Subalternos en el Sur de Asia: una corriente crítica dentro de la disciplina histórica en general y de la historiografía del Sur de Asia en particular. En el transcurso de la última década los trabajos del colectivo Estudios Subalternos han adquirido una creciente relevancia en América Latina gracias a sus innovaciones epistémicas; su afán de romper con el paradigma ilustrado, colonial, permite nuevas y mayores concepciones de lo político y cuestiona de manera crítica tanto el nacionalismo como la modernidad, proveyendo de una nueva agenda a las historias post coloniales y haciéndolas de un especial atractivo para académicos latinoamericanos.


La historia como disciplina es un proceso constante de autoreflexión. Esto porque habita en una tensión constitutiva –aquella entre el evento y su narración, en otros términos, entre el “qué ocurrió” y el “qué se dice ocurrió”–. En voz de Michel Rolph Trouillot: “En términos vernáculos, la historia significa tanto los hechos ocurridos como la narrativa de esos hechos... El primer significado poniendo mayor énfasis en el proceso sociohistórico, y el segundo en nuestro conocimiento de ese proceso o en la historia (story) de ese proceso” (Trouillot, 1995: 2). Esta tensión se encuentra articulada en las tradiciones principales de la historiografía occidental, vigente desde el siglo XVIII, la analítica (científica) y la hermenéutica (interpretativa) (Kelley, 1998: 262).

El siglo XX fue testigo de la creciente popularidad de la tradición interpretativa entre aquellos que practican la disciplina. En palabras de un celebrado historiador estadounidense, la historia “nunca es, en todo sentido de la palabra, la cruda inmediatez de lo ‘ocurrido’, sino la complejidad más detallada de lo que desentrañamos ocurrió, así como todo aquello que conectamos con los mismo”. Esto hace que los historiadores operen en “ciclos de interpretaciones históricas” que tienen como producto final una interpretación más sofisticada del pasado (Henry James citado en Levine, 1993: 4).

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