23/7/13

Sindicalismo y la nueva hegemonía en Venezuela

Heriberto Rivera  |  La organización de los trabajadores siempre fue y sigue siendo un tema de larga data de discusión en toda sociedad, independientemente de su orientación político ideológica se han realizado aportes en función de los diversos intereses de clase de los factores surgidos al calor de la historia de la humanidad, es decir el enfrentamiento histórico entre capital y trabajo, fortaleciendo en la mayoría de los casos lo que se conoce como la división social del trabajo apuntalado con las ideas del taylorismo y el fordismo.

 La historia de las luchas por la organización de los trabajadores esta colmada por protagonistas de gran valía, hombres que fueron capaces de realizar sendas elaboraciones teóricas en las condiciones más denigrantes y degradantes vividas por ser humano alguno, con la finalidad de allanar el camino para la redención social de los trabajadores y el hombre en general.


Sin duda que entre estos hombres se incluye el gran político, educador en sentido lato, Antonio Gramsci (1891-1937), el hombre de la isla de Cerdeña, que se convirtió en un apasionado forjador de las ideas de la construcción de la nueva hegemonía, es tal vez el personaje que ha realizado el más completo análisis que se haya hecho jamás sobre el nexo entre política y educación; fue el que se planteo la idea del intelectual orgánico al cual definía como aquel con función técnica y política, donde no había la separación para el trabajo físico y el trabajo intelectual planteando sin ambages que “en todo trabajo físico, incluso el más degradante y mecánico, existe un mínimo de actividad intelectual, no es posible separar el homo faber del hombre sapiens”.

 Gramsci fue un cuestionador del intelectual tradicional, que solo hace galantería de su sabiduría y de su gran capacidad de oratoria, de sus finos modales pero que alejados de toda practica social, del hacer de la praxis del pregonar con el ejemplo se llegan a convertir en pesados dardos para la trasformación social, es decir del papel que algunos asumen de teóricos de la revolución sin la debida consustanciación de la realidad que define las acciones y el camino a transitar planteando que “el modo de ser del nuevo intelectual no puede seguir consistiendo en la elocuencia, sino en la participación activa en la vida practica como constructor, organizador y , y no solo un simple orador”, entendiendo que es imprescindible la formación y educar el pensamiento pero haciendo posible el carácter vinculante de esa acción con los problemas de la sociedad.

 El estudio sistemático fue una constante y persistente en Gramsci, era un intelectual revolucionario por encima de lo académico, pues prefería estar lejos de la academia enclaustrada y buscaba el contacto permanente con los trabajadores de su época, que buscaban con anhelos legítimos caminos para la organización social y la lucha que más que por sus derechos fuese conseguir la construcción de un nuevo bloque popular o la nueva hegemonía; en esa búsqueda , hubo de enfrentar diferentes situaciones desde el marxismo mediocre (los marxólogos), el ultraizquierdismo y la verborrea falaz revolucionaria para germinar y abrir los horizontes con su esplendida idea del sindicalismo revolucionario como expresión innata de la organización de los trabajadores.

 En ese sentido, en sus escritos de los Cuadernos de la Cárcel, decía que el sindicalismo y su organización no se plantean como un instrumento de reclutamiento de trabajadores para ser dirigidos por especialistas, por el contrario el sindicalismo revolucionario es “la organización a través de la cual la clase trabajadora pone en pie su propia emancipación, siendo la cuestión central, de manera incuestionable e irrefutable la transición al socialismo, a la nueva forma de poder, de Estado, y particularmente de nueva sociedad, con sus cambios técnicos económico y culturales: la formación de del nuevo bloque histórico”; de tal manera que el pensamiento de Gramsci es coherente con su accionar y se antepone a lo que viene ocurriendo hoy en pleno siglo XXI a lo que él llamo el sindicalismo autofágico, el cual se fundamenta en el economicismo mecanicista, privilegiando los aspectos meramente reivindicativos o demandas de carácter económico, es decir un sindicalismo que entretiene al trabajador en los incrementos salariales sin poder plantearse la trasformación de la sociedad y la superación de condiciones de explotación.

http://www.aporrea.org
De tal manera que ese sindicalismo devenido del pensamiento de Gramsci, vigente y contextualizado con los cambios planteados en Venezuela, debe ser base indispensable para que los trabajadores organizados sindicalmente trasciendan el ghetto sindical, romper los claustros medievales del sindicalismo autofágico y ser los constructores de la nueva hegemonía, instrumento de control y de toma de decisiones, allanar el tránsito de una simple conciencia de grupo económico a la conciencia de clase económica lo cual seguramente nos colocara en la senda para surgir como clase política en la Revolución Bolivariana.