16/7/13

Hegemonía y consenso | Lecciones para la lucha del proletariado de Antonio Gramsci

Alfredo Elizondo  |  Sin duda, Antonio Gramsci es una figura clave del marxismo europeo de la primera mitad del siglo XX. Sus aportes más significativos se centran en el análisis de la ideología y del control por medio de ésta por parte de la burguesía. Sin embargo, no sólo en ese terreno Gramsci realizó grandes aportes, entre los que podemos destacar se encuentran sus aportes a la teoría marxista del partido político y el papel de los intelectuales en el desarrollo y consolidación de la organización revolucionaria del proletariado.

El presente artículo mostrará, en primera instancia,el análisis del teórico italiano en torno a los conceptos de consenso y hegemonía, piezas centrales de su aporte teórico en torno al control ideológico. En un segundo momento se presentarán los aportes más relevantes de la teoría gramsciana del Partido Político y los intelectuales, para finalizar con una reflexión en torno a la actualidad Gramsci en el escenario de la lucha de clases del proletariado.

Consenso y hegemonía

Dentro de sus reflexiones teóricas Gramsci se pregunta por la forma en la que se desarrolla el proceso de dominación del proletariado en la sociedad capitalista. Partiendo de la formulación establecida por Marx en el Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política sobre la constitución de las sociedades a partir de una base que se compone de las relaciones de producción y una superestructura jurídica y política enlazada por la ideología de la clase dominante, el teórico italiano interpreta que esa formulación, lejos de ser una estructura rígida, es más bien un principio de interacción dialéctica donde ambas “partes” se determinan a partir de la dinámica de lucha de clases existente. No desaparece la primacía de la base económica que ordena el conjunto de relaciones sociales, sino que en realidad existe una dinámica de interacción donde la propia base se ve influida por las disputas en el terreno ideológico.

Para Gramsci, que el capitalismo siga en pie tiene que ver en parte con la posibilidad de que la burguesía sea capaz de imponer su voluntad no sólo en el terreno económico, sino en el conjunto de la estructura social a partir de que sus concepciones, valores y creencias sean las aceptadas socialmente y tengan la capacidad de regular el comportamiento social en su conjunto, esa capacidad de una clase de dirigir los destinos de la sociedad a partir de su supremacía ideológica es la hegemonía[1].

Sin embargo, la hegemonía no es algo ni totalmente puro ni tampoco inmutable. En realidad, las clases dominantes a lo largo de la historia están en un constante proceso de lucha con otras ideologías de otros grupos opuestos a éstas, es así que la aceptación de la ideología dominante debe ser reiterativamente reforzada para evitar que ésta pierda su efectividad.A la aceptación de las clases dominadas (aceptación no por cierto total ni completamente pasiva) de las formas ideológicas de la clase que las domina se le conoce como consenso.

En contrapartida a la hegemonía burguesa Gramsci identifica la necesidad de que el proletariado establezca su propia hegemonía suprimiendo la de la burguesía. Sin embargo, dicha empresa no es de carácter meramente especulativo ni “cultural” (como una infinidad de “intérpretes” de Gramsci han querido achacar al marxista italiano, partiendo de la idea de que la tarea más importante es la generación de formas culturales contrarias a las burguesas), sino que se forma tanto en el terreno del combate ideológico como en el terreno político de la acción de la clase proletaria (de ahí su decidido apoyo a los consejos obreros Turineses, que representaban embriones iniciales de la organización de la clase trabajadora italiana). Es en Lenin donde Gramsci encuentra al máximo exponente de la generación de la hegemonía proletaria hasta ese momento.[2]

El moderno príncipe y los intelectuales

Si la hegemonía proletaria y terminar con el consenso social sobre la validez de la ideología burguesa resultan ser medios para que el proletariado pueda avanzar hacia la derrota de la burguesía, ellos no pueden conseguirse de forma inmediata ni desorganizada. Gramsci, contemporáneo de la revolución rusa y del fermento revolucionario producido por el triunfo de ésta,reconoce perfectamente que, ante la organización de la clase burguesa, el proletariado no puede sino organizarse a sí mismo y el instrumento que tiene a su disposición para ello es el Partido Político.

Gramsci tuvo una participación tanto como periodista y redactor en diversos medios obreros como también dentro de los partidos políticos de la izquierda italiana: el Partido Socialista Italiano y el Partido Comunista Italiano. A partir de su experiencia, pero también influido fuertemente por los escritos de Nicolás Maquiavelo, es que Gramsci fundamenta su concepción del Moderno Príncipe. Tomando en consideración el tortuoso camino de la unificación italiana, Gramsci observa la misma preocupación en Maquiavelo, quien en “El Príncipe” redacta una serie de postulados sobre la forma de gobernar por parte del monarca, sin embargo, intuye Gramsci, detrás de eso se esconde una preocupación por la formación del Estado Italiano.

Gramsci, preocupado por el proceso en que el proletariado había sido derrotado por el fascismo, desde la cárcel reflexiona sobre el carácter de un nuevo príncipe, pero desde su óptica éste no puede ser un individuo en concreto, sino una organización (en éste caso la vanguardia del proletariado) capaz de unificar a la clase hacia su objetivo final, de ahí el surgimiento de Moderno Príncipe. Para llevar a cabo su tarea el Partido debe conjuntar a lo mejor de la clase social, en éste caso a los mejores elementos del proletariado. En la tarea de dotar de dirección y unicidad a la clase trabajadora, Gramsci ubica a los intelectuales como el sector del proletariado que puede llevar a cabo dicha tarea.

Es necesario aclarar que para Gramsci existen a grandes rasgos dos tipos de intelectuales[3], los intelectuales tradicionales, que se caracterizan por ser un grupo dentro de una clase social específica dedicados a tareas de investigación, creación literaria, filosofía y tareas contemplativas en general y los intelectuales orgánicos, es decir, aquél grupo dentro de una clase social que cumple funciones de organización y homogeneización al actuar de dicha clase social en los campos económico, político, jurídico, ideológico, etc. Puede notarse de inmediato que para Gramsci la concepción del intelectual no es aquella de la burguesía, sino que dota a la categoría de un valor funcional, es decir, integra a los intelectuales dentro del mecanismo de funcionamiento del aparato social.

En cuanto al proletariado, Gramsci explica la necesidad de la generación de intelectuales y sus labores. En primer lugar, intelectual no se refiere a un individuo dedicado a la reflexión teórica contemplativa (académica o de otro tipo), sino ante todo, para el proletariado sus intelectuales orgánicos serán aquellos individuos con fuertes bases teóricas de comprensión de la realidad, pero también sujetos dedicados a fomentar la organización de la clase y coadyuvar la elevación de su nivel político e ideológico, es decir, son los cuadros revolucionarios.

La lucha por el socialismo es total

Como hemos visto, lejos de ser una especie de “revolucionario cultural”, Antonio Gramsci es más bien un revolucionario total. Es claro que para él la lucha contra la burguesía no puede reducirse a un determinado terreno de la vida social sino que, de la misma forma que la burguesía establece su control a través de los diferentes aparatos, el proletariado debe organizarse y luchar en cada terreno contra la ideología y dominación burguesa.

De lo anterior se establece la siguiente interrogante para el presente: ¿Es el proletariado en este momento una clase que busca establecer su hegemonía a través de una lucha política contra la burguesía? Desafortunadamente la respuesta es negativa y es que a partir de la caída del stalinismo en realidad lo que se ha observado es un proceso de disgregación y atomización de las fuerzas proletarias, su inclinación ha sido hacia corrientes reformistas y burguesas que han llenado ese vacío dejado por las organizaciones combativas de los trabajadores.

Ante tal escenario es igualmente complicado hablar de la existencia del Moderno Príncipe del proletariado en la actualidad, más bien lo que podemos observar es la decadencia y surgimiento de diferentes organizaciones que, aunque con programas diversos, se caracterizan por no establecer una clara identidad de clase además de una confusión general en sus concepciones y programa que les impide generar propuestas políticas y programáticas más allá de los límites capitalistas.

Finalmente, a pesar de existir un número importante de compañeras y compañeros con características organizativas y teóricas importantes, esto no ha significado que se genere un proceso de unificación (crítica y democrática) de dichos elementos en la lucha contra el capital y por el socialismo.

Las tareas inmediatas se encuentran, en primera instancia, en la lucha contra la ideología burguesa pero también contra las concepciones pre-marxistas que atan a la clase trabajadora a viejas cadenas imposibles de romper sin la teoría y acción revolucionaria decidida. En ese mismo sentido la batalla no puede reducirse al debate ideológico, ante todo, la acción política debe acompañarla, ya que la actual crisis capitalista no permite que el proletariado sea pasivo ante sus embates, la generación de una nueva organización que sea capaz de organizar, proporcionar herramientas teóricas y un programa de lucha al proletariado es una tarea en el orden del día que exige al mismo tiempo la lucha contra el orden burgués que quiere cargar en los hombros de las y los trabajadores el peso de la crisis del sistema capitalista.

Notas

[1] Gramsci, A.,El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Buenos Aires, Nueva Visión: 1971. Disponible en: http://goo.gl/AHurZ
[2] Gramsci, A., Cuadernos de la cárcel, Tomo I: Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el estado moderno.México, Era: 1981. Disponible en: http://goo.gl/Kyks2
[3] Gramsci, A. La formación de los intelectuales, México, Grijalbo: 1967. Disponible en: http://goo.gl/cun6d