10/7/13

El discurso intelectual de Edward P. Thompson

E.P. Thompson
Paulo C. León  |  El artículo presenta un análisis exploratorio de las estrategias narrativas en el trabajo de E. P. Thompson, especialmente en obras como The Making of the English Working Class y Miseria de la teoría. Esto es desarrollado en el marco de una historiografía contemporánea acerca del análisis del discurso histórico (especialmente de la propuesta de Hyden White) y la sociología de Pierre Bourdieu. En este sentido, el discurso de Thompson es tomado como el producto de un proceso ontogenético y una estructura de relaciones familiares, políticas y académicas (en el contexto de la izquierda inglesa y la historiografía marxista, entre los años 50 y los 70) que permiten comprender la forma del relato.

1. Introducción | La desnaturalización del discurso histórico

El ejercicio de esbozar un socioanálisis de la obra histórica de Edward Palmer Thompson posee un generoso marco analítico, tanto en la historiografía contemporánea como en la sociología.


Según Miguel Ángel Cabrera, en la historiografía moderna el historicismo concebía el lenguaje como un medio de transmisión ideológica, la historia social como un medio de uso racional y creativo, la historia marxista como un medio de expresión de las estructuras sociales en la conciencia, y la historia sociocultural, como un sistema de conceptos, pero no como una forma generativa de significados. Finalmente, continúa Cabrera, la “posthistoria social” va más allá de decir que la significación de un objeto varía en el tiempo y el espacio… y afirma que su propia naturaleza como objeto “deja de ser social y pasa a ser discursiva”.

Tenemos aquí una muestra de lo que podríamos llamar la desnaturalización del discurso histórico en la historiografía contemporánea: una paulatina desconfianza que conduce a un examen del carácter arbitrario y construido de la historiografía. En el caso de Cabrera, se llega a la idea de que el “hecho histórico” no es un acontecimiento, sino un episodio, que es naturalizado como realidad objetiva por una matriz categorial heredada; paralelamente, su relato parece sugerir que esto sería el resultado de un proceso historiográfico.

Podemos mencionar otros casos. Bermejo plantea que habría que entender el conocimiento como un acontecimiento percibiente que entra en contacto con otro acontecimiento, el acontecimiento observado.5 Por otro lado, Nancy Partner afirma que el discurso histórico, recurriendo a un “realismo literario”, fabrica o reproduce una “ficción”, pero también sus mecanismos de “autenticación”, credibilidad o, en su defecto, “probabilidad circunstancial”; todo lo cual supone cierto deseo de ser convencido por parte del lector.

En la obra de Hyden White7 podemos encontrar uno de los antecedentes más notables de la crítica al carácter familiar de la escritura historiográfica. White propone una serie de distinciones (como relato, modo de tramar, modo de argumentar y modo de implicación ideológica, entre otras)8 para analizar la formación narrativa del discurso histórico moderno.

Se alcanza a percibir que este fenómeno de desnaturalización supone una interacción autoobservante9 de la historia con otras disciplinas (literatura, filosofía analítica, sociología, etc.), y con otros fenómenos científicos (como el “giro lingüístico”, el “posmodernismo”, etc.). Este marco es apropiado para introducir el esquema de Pierre Bourdieu sobre el discurso (que por sí solo parecería extraño al relato histórico). Este esquema consiste en dos aspectos de las “estructuras del mercado lingüístico”: el “interés expresivo”, o propensión subjetiva a crear discursos de acuerdo con sus condiciones de producción, y el mercado lingüístico, entendido como “un sistema de sanciones y censuras específicas” que pesan sobre el discurso y modelan su consumo.10

El interés expresivo en historia, tomando términos de White, se da a través de estilos historiográficos: el historiador constituye una estrategia discursiva, tanto con elementos voluntariamente elegidos, como con elementos inconscientes que “prefiguran” el discurso, y son anteriores a la experiencia del objeto que enuncia él mismo. La estrategia historiográfica es expresión y portadora de varios procesos (historia de vida, contexto, etc.), pero su sentido práctico no es otro que el de construir, de acuerdo a una intuición de las condiciones específicas, la legitimidad del productor y sus productos. Esto implica una lucha por imponer o ratificar, como de alguna manera señala Partner, unos criterios de credibilidad, veracidad, etc., es decir, unos códigos de valor que posicionen la obra histórica. Así pues, la obra es producto de las relaciones del productor con otros productores, o lo que es lo mismo, de la posición ocupada en el campo historiográfico por el historiador, y no representa otra cosa diferente a la necesidad de clasificar la obra en la jerarquía de los estilos historiográficos, o en su defecto, de modificarla; en tal sentido, la obra no constituye otra cosa que la pretensión de mejorar la posición de la que su autor ha partido.

Hay que mencionar otra afinidad entre la teoría de los metarrelatos y la teoría sociológica de Bourdieu, a saber la relación entre las nociones de acto poético y hábitus. Según White, antes de aplicar el aparato conceptual a los datos, el historiador “tiene que prefigurar el campo, es decir, constituirlo como objeto de percepción mental”. Este acto lingüístico es indistinguible del “acto poético” de prefigurar.12 Bourdieu ha desarrollado el concepto de hábitus, planteándolo como las estructuras mentales prerreflexivas que estructuran las prácticas (entre ellas el discurso), y que son un producto relativamente dinámico de la experiencia histórica del agente. Los dos autores parecen coincidir en la existencia de una matriz simbólica, anterior al discurso, que estructura cotidianamente los actos de habla.

Ahora bien, para Bourdieu, esta condición es inconsciente y formada a través de la experiencia histórica del agente en sociedad (por ejemplo en cuanto a capital cultural, capital económico, antigüedad en su grupo social, trayectoria de vida, etc.) y su posición social actual. En este marco analítico, se puede afirmar que la obra de E. P. Thompson no es sólo un discurso histórico, sino que es también un discurso intelectual, un producto narrativo de procesos académicos, políticos y sociológicos, que produce una tomas de posición igual de diversas, en un todo discursivo. Por su peso historiográfico, este discurso intelectual reviste un importante valor como objeto, no sólo para la comprensión del pensamiento y el discurso del propio Thompson, sino del discurso histórico moderno.

Dados los elementos de esta introducción, propongo unas líneas de acción para el análisis de este discurso intelectual. Primero, el discurso de Thompson es una narración que muestra unos modos de explicación sobre “la formación de la clase obrera en Inglaterra”; el centro estará aquí en identificar y delimitar tales modos, y documentar su construcción discursiva como estrategia historiográfica.

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Segundo, el discurso de Thompson es el objeto de unos mercados simbólicos, y una ontogénesis, que podemos identificar y valorar exploratoriamente. En suma, relacionamos tres dimensiones: la obra, el productor y su público.
 
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