10/7/13

El concepto de clase en Edward P. Thompson

Foto: Edward P. Thompson
“[...] Tanto si se trata de la Escuela de Frankfurt como de Althusser, están marcados por el mismo fuerte énfasis en el peso ineluctable de los modos ideológicos de dominación: una dominación que destruye cada espacio para la iniciativa o la creatividad de la masa del pueblo; una dominación de la que solamente la minoría ilustrada de los intelectuales puede liberarse [...] es ésta una triste premisa con la cual debería emprender la teoría socialista (todos los hombres y mujeres, a excepción de nosotros, son originalmente estúpidos) y que conduce naturalmente a conclusiones pesimistas o autoritarias.”  |  E. P. Thompson, Miseria de la teoría

Ellen Meiksins Wood | E. P. Thompson ha partido siempre, en sus trabajos, de la premisa de que la teoría tiene implicaciones para la práctica. La definición de clase con que inicia su innovador estudio, La formación histórica de la clase obrera, con su énfasis en la clase como proceso activo y como relación histórica, sin duda fue formulada para reivindicar a la clase frente a los científicos sociales e historiadores que niegan su existencia.

Pero también pretendía contrarrestar tanto las tradiciones intelectuales como las prácticas políticas que suprimen la actuación humana y en particular niegan la autoactividad de la clase trabajadora en la construcción de la historia. Al situar la lucha de clases en el centro de la teoría y la práctica, Thompson pretendía rescatar la "historia desde abajo" no sólo como empresa intelectual sino como proyecto político, tanto contra las opresiones de la dominación de clase cuanto contra el programa de "socialismo desde arriba", en sus diversas encarnaciones desde el fabianismo hasta el stalinismo.

Sus recientes ataques contra el marxismo althusseriano se dirigían igualmente contra lo que él ve como sus deformaciones teóricas y contra la práctica política que haya inscrita en ellas. Los críticos de Thompson han pagado con la misma moneda. En su concepto de clase, y el proyecto histórico basado en el mismo, han hallado a menudo una unidad de teoría y práctica en la que un "socialismo populista" romántico se basa en un fundamento teórico ―o más bien, a-teórico― de "empiricismo indiscriminado", "subjetivismo" y "voluntarismo". Lo que sigue es un intento por evaluar estas afirmaciones explorando la teoría de la clase de Thompson, identificando los objetivos a los que tiende y, finalmente, interpretando el mensaje político que contiene. El objetivo es decir algo acerca de Thompson en particular, pero también, en el proceso, plantear algunas cuestiones más generales sobre los debates actuales en la teoría marxista y acerca de las opciones políticas implícitas en ellas.

El caso en contra de la concepción de la clase de Thompson ha sido expresado recientemente de forma más especialmente efectiva por Stuart Hall:
Si la conciencia de clase es en sí misma un proceso histórico, y no puede derivar simplemente de la posición económica de los agentes de clase (un marxismo realmente no-reductivo), entonces todo el problema de la política marxista queda atrapado en las conexiones, relacionadas pero no necesariamente correspondientes, entre la clase-en-sí- misma y la clase-para-sí-misma. El fundir a ambas en la categoría global de "experiencia" equivale a implicar ―no obstante todas las complejidades de cualquier análisis particular― que "la clase" está siempre realmente en su sitio, a la mano, y que puede ser convocada "para el socialismo". Algo muy parecido a esto es lo que se encuentra, por ejemplo, en la noción de "historia del pueblo" del History Workshop; como si simplemente el relatar la historia de las opresiones y luchas pasadas fuese suficiente para hallar la promesa del socialismo ya presente, plenamente constituida, nada más aguardando a "pronunciarse". A menudo, se implica también en las elocuentes invocaciones de Thompson a las tradiciones de los "ingleses nacidos libres" y del "pueblo común", que viven en la tradición popular con sólo que puedan librarse de sus constituyentes burgueses. Pero todo el historial del socialismo, incluso y especialmente en el momento presente, va contra este "populismo" excesivamente simple. Una teoría marxista no reductiva debe significar el hacer frente a todo lo que se implica al decir que el socialismo tiene que ser construido mediante una práctica política real, no simplemente "redescubierto" en una reflexión histórica recuperativa.
Aquí, en una declaración concisa y relativamente comprensiva, se resumen las críticas más importantes (aunque no, como ya veremos, necesariamente consecuentes entre sí) que a menudo se hacen a Thompson. Es especialmente importante plantear el argumento en la forma aquí elaborada por Stuart Hall porque éste ataca el problema precisamente en el punto crucial: las consecuencias prácticas y políticas inmediatas de la posición teórica de Thompson.

Thompson ha sido acusado frecuentemente de sumergir los determinantes objetivos o las condiciones estructurales de la clase en una noción esencialmente subjetiva e históricamente contingente de "experiencia". Se dice que define la clase en términos de conciencia de clase y cultura en vez de reconocer el principio materialista fundamental de que "las clases están constituidas por modos de producción" que objetivamente distribuyen a la gente en clases.

Por consiguiente, niega que las clases puedan definirse estructuralmente con alguna precisión "con referencia a las relaciones de producción". Algunos críticos sugieren que, como consecuencia, para Thompson no hay clase donde no hay conciencia de clase. Stuart Hall, sin embargo, adopta en apariencia otro punto de vista acerca de lo que se deriva de la concepción de Thompson de la experiencia de clase; y cualesquiera que sean las fallas de la interpretación de Hall, es al menos más consecuente con la práctica histórica de Thompson. La idea es que absorbiendo o elevando las condiciones estructurales de la clase "al nivel de 'la experiencia' " ―es decir, absorbiendo los determinantes objetivos en experiencias subjetivas, conciencia y cultura― en efecto Thompson descubre, a la clase en todas partes, completa y "pronta" en todas las manifestaciones de cultura popular. Según este argumento, en la medida en que Thompson trata efectivamente todas las experiencias vividas por las clases subordinadas en igual forma y sin distinción como experiencias de dase, y más particularmente, todas sus protestas y resistencias igualmente como luchas de dase, sucumbe a una especie de "populismo demasiado simple", una fe revolucionaria en el potencial revolucionario de la cultura popular, y subestima la necesidad de una práctica política organizada y ardua para construir la lucha por el socialismo.

Sin embargo, hay otro aspecto en esta cuestión. Después de todo, no es Thompson ―en verdad, Thompson menos que nadie― quien ve la formación de clases como algo carente de problemas, un reflejo mecánico de las estructuras objetivas. Decir que "la conciencia de clase es en sí misma un proceso histórico, y no puede derivar simplemente de la posición económica de los agentes de clase" es precisamente negar que " 'la clase' está siempre realmente en su sitio". La conclusión de que la clase siempre está ahí, pronta, puede decirse que se adapta mucho mejor a la premisa de que las clases son dadas directamente por las relaciones objetivas de producción que al principio en que verdaderamente se basa el trabajo histórico de Thompson: que las clases deben ser hechas o formadas, y que son hechas y formadas en el proceso de conflicto y lucha. En realidad, es precisamente este principio, y la insistencia de Thompson en explorar los procesos históricos de formación de clases, lo que ha dado pie a los cargos de subjetivismo y empirismo o la acusación de que confunde la clase con la conciencia de clase. A este respecto, lo que Stuart Hall toma aparentemente como subordinación de Thompson a las condiciones estructurales de la experiencia histórica procede exactamente de su negativa a dar por descontado que la clase siempre está en el lugar justo y en estado de alerta.

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Existen historiadores, como sugiere Stuart Hall, que tratan la "historia de los pueblos" y la evocación romántica de las tradiciones artesanales como si fuesen sustitutos de la lucha política y la construcción del socialismo. Y estos historiadores pueden haber hallado en el concepto de "experiencia" una especie de garantía teórica para su proyecto. La imprecisión conceptual y política que describe Hall puede incluso haber sido alentada por Edward Thompson, especialmente en la medida en que trata de ocultar la agudeza teórica de su propio trabajo en un esfuerzo por disociarse del "teoricismo" de sus adversarios. En conjunto, sin embargo, en estas cuestiones Thompson ha recibido tan flacos servicios de sus más fieles amigos como de sus más duros críticos
 
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