29/6/13

Subjetividad social y objetividad científica / Apuntes sobre la Epistemología Política de Antonio Gramsci

Antonio Gramsci ✆ Stefania Morgante
Miguel Candioti

La “filosofía de la praxis” de Antonio Gramsci se caracteriza, por un lado, por sus críticas a lo que él denomina el “materialismo metafísico” propio del positivismo y del sentido común (tradicionalmente influido por la religión), y por otro, por una concepción no dogmática de la ciencia y sus condiciones de posibilidad en el terreno de las superestructuras de una sociedad desgarrada en grupos con intereses antagónicos.

En su ataque contra el “materialismo metafísico” Gramsci confunde el objetivismo de las posturas deterministas con el “materialismo” sin más, lo cual trae como consecuencia que su justo antiobjetivismo acaba por volverse un subjetivismo histórico, esto es, en una forma de idealismo. Sin embargo, esta perspectiva lo lleva a pensar la objetividad científica desde un punto de vista no arbitrario, al considerarla como el resultado de la construcción histórica de una subjetividad universal. Así, pues, la objetividad científica es sobre todo una conquista político-cultural.

Antonio Gramsci se ocupa de examinar con cierto detenimiento la idea moderna de “ciencia” en el onceavo de sus Cuadernos de la cárcel(1975: 1363-1509; 1986: 235-350), en el contexto particular de sus objeciones al “Ensayo popular” redactado por Bujarin, y dentro del marco general de sus críticas dirigidas tanto contra el cientificismo y el mecanicismo positivistas como –en un sentido más amplio aún– contra el “materialismo metafísico” del que también participan la Iglesia y el sentido común tradicional. Gramsci está convencido de que la teoría de Marx, generalmente conocida como “concepción materialista de la historia” o “materialismo histórico”, no constituye una prolongación perfeccionada del materialismo filosófico, sino una concepción del mundo radicalmente nueva, unitaria, coherente y autónoma. Es por tal motivo –más que en aras de burlar la censura carcelaria fascista– que el comunista sardo, a la hora de referirse a las ideas de Marx, prefiere evitar el término “materialismo” –sinónimo, para él, de determinismo y pasividad contemplativa– y se decide por recrear la fórmula “filosofía de la praxis” que había sido acuñada e introducida en el debate italiano por Antonio Labriola (1968: 207-208) a finales del siglo XIX, y utilizada luego –con sentidos diversos– por autores como Giovanni Gentile (1959) y Rodolfo Mondolfo (1968).

Para Gramsci, pues, la “filosofía de la praxis” debe diferenciarse de todo materialismo, al que él considera sin más como equivalente de objetivismo, de esencialismo, de quietismo. Es por eso que nuestro autor sostendrá que el así llamado “materialismo histórico” no es un materialismo, sino más bien un “historicismo” absoluto, un “humanismo absoluto de la historia”, esto es, una teoría capaz de disolver todo residuo “metafísico” en el devenir histórico de la praxis humana:
Se ha olvidado, en una expresión muy común, que había que poner el acento en el segundo término “histórico” y no en el primero de origen metafísico. La filosofía de la praxis es el “historicismo” absoluto, la mundanización y terrenalidad absoluta del pensamiento, un humanismo absoluto de la historia. En esta línea hay que excavar el filón de la nueva concepción del mundo (1986: 293; cfr. 1975: 1437).
Ahora bien, es preciso advertir aquí que el rechazo gramsciano de todo materialismo como “metafísico” tiene como contracara las reducciones del mundo a mero mundo humano,de la historia a pura historia humanay, por tanto, de la naturaleza a simple ser en y para los humanos. Es por eso que se trata literalmente de un humanismo absoluto de la historia, o bien, de un subjetivismo histórico, para el que la única terrenalidad, la única inmanencia admisible es la de la praxis (histórica humana). No se deja aquí lugar a la existencia de una objetividadque no encuentre su fundamento último en la subjetividadhistórica humana. En efecto, Gramsci parte del ataque a la creencia en la “realidad (objetiva) del mundo externo” u “objetividad real del mundo externo”, y la consiguiente defensa de un subjetivismo historicista:
¿Parece que pueda existir una objetividad extrahistórica y extrahumana? ¿Pero quién juzgará sobre tal objetividad? ¿Quién podrá ponerse en esta especie de “punto de vista del cosmos en sí” y qué significará semejante punto de vista? Puede perfectamente sostenerse que se trata de un residuo del concepto de dios, precisamente en su concepción mística de un dios ignoto. La formulación de Engels de que “la unidad del mundo consiste en su materialidad demostrada... por el largo y laborioso desarrollo de la filosofía y las ciencias naturales” contiene precisamente el germen de la concepción justa, porque se recurre a la historia y al hombre para demostrar la realidad objetiva. Objetivo significa siempre “humanamente objetivo”, lo que puede corresponder exactamente a “históricamente subjetivo”, o sea que objetivo significaría “universal subjetivo”. (1986: 276; cfr. 1975: 1415-6)
Miguel Candioti
http://www.upf.edu/
Miguel Candioti es Licenciado en Filosofía (mejor promedio 2001), Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Master in Politiche, competenze e strategie socio-educative dell'interculturalità, Università degli Studi di Bologna, Italia, 2003-2005. Doctorando en el Institut Universitari de Cultura de la UPF. Master en Estudis Comparatius de Literatura, Art i Pensament, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, España, 2006-2009. Doctorat en Humanitats de la Universitat Pompeu Fabra, con una tesis sobre la historia de la “filosofía de la praxis”.
 
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