22/6/13

Revisando Gramsci / Las tácticas concretas deben ajustarse a las relaciones de fuerzas en cada país y momento

Luisa Franz

La estrategia revolucionaria clásica del siglo XX dio lugar a una suerte de cosificación del pensamiento por la cual las leyes objetivas determinan la acción de los hombres, y las clases sociales, por fuera de sus voluntades. Pensando históricamente, ello se formó con la consolidación de los movimientos obreros (socialista y comunista), los cuales tomaron parte de la ideología científica oficial, desplazando los elementos dialécticos de la acción revolucionaria a un segundo lugar. Este tipo de mecanicismo puede sostenerse en base a la relación entre marxismo y ciencia burguesa oficial, pero deja de lado la relación entre pensamiento y revolución. Es necesario decir que la concepción determinista no es originaria de Marx sino de la sociología no marxista (Comte, Durkheim). Nuestra lectura de Marx, necesaria para los acontecimientos actuales, se enfrenta al mecanicismo mostrando que el principio de contradicción es más adecuado para la tesis revolucionaria que el principio de legalidad objetiva necesaria. Ambos principios sostienen diversas maneras de ver la totalidad, una de manera inherentemente contradictoria, la otra de manera cosificada, reproductiva y funcional. Solo la primera es inherentemente “crítica y revolucionaria”.

El texto metodológico de Gramsci, Análisis de situación. Relaciones de fuerzas [publicado en Gramscimanía] contiene diversas partes muy ricas y fundamentales. Esquemáticamente, el análisis objetivo de la relaciones de fuerzas sucede a la iniciativa política, la cual mediante aquel “mide el grado de realidad de su estrategia” (subjetiva, por tanto). Ahora bien, en un aspecto la misma estrategia expresa el movimiento objetivo ya que la estrategia es la aparición de un grupo que surge de relaciones objetivas “que se pueden medir como en las ciencias naturales”. Si bien Gramsci en toda su obra escapa al determinismo objetivista de la hegemonía proletaria (la misma no se puede basar solo en la aplicación de principios científicos abstractos sino que expresa una cultura nacional popular, de sentido común, de los sectores populares) para medir el grado de realidad de la estrategia revolucionaria se remite a los “dos cánones de metodología histórica” de la teoría de la revolución esbozada por Marx en el Prefacio a la Crítica de la Economía Política, de 1859.

Pero estos principios son el canon del mecanicismo histórico! Su ley dice: el capitalismo morirá porque expresa una ley histórica, más allá de la voluntad de los hombres. Luego se combina con otras proposiciones. El partido científico es la conciencia de esta situación, y los trabajadores se convierten en sujeto histórico al apropiarse de los resultados de la ciencia. La estrategia del partido, en rigor está determinada por esta conciencia científica objetiva, mientras que las tácticas concretas deben ajustarse a las relaciones de fuerzas en cada país y momento, en cada situación mundial (cuyos ejes pertenecen al campo de las leyes objetivas históricas). De este modo pueden leerse las relaciones entre los documentos de la Internacional Comunista y los análisis de coyuntura que sostiene las orientaciones de los partidos comunistas nacionales.

El mecanicismo, fundamento de la arbitrariedad burocrática, es la epistemología de esta relación entre lo general y lo particular, entre la teoría y la práctica. De hecho la teoría leninista-kautskysta del partido programa (partido científico como hemos denominado) se fundamenta no en Marx sino en Comte y Saint Simón. Estos, y no aquel, fundaron la ciencia social (“sociología”) como el instrumento de planificación de la sociedad basado en el conocimiento de las leyes objetivas. La ciencia se convierte en el principio de planificación social (el pasaje a la sociedad industrial o positiva-científica) y los sujetos activos de esta planificación son los científicos (ingenieros y sociólogos). Como tales estos pertenecen a un grupo especial (como intelectuales) diferente de las restantes clases y grupos. Este grupo surge de la misma ciencia, del conocimiento acumulado. Los dirigentes del partido comunista científico surgen, de la misma manera, de aquellas categorías sociales acomodadas pero se definen fundamentalmente por su apropiación y uso del conocimiento científico. Esta tesis positivista está en la base de lo que Marx critica del materialismo mecanicista, cuando afirma que no puede ver la relación recíproca entre educador y educado, entre hombre y circunstancias, entre idea y materia. Al no ver las relaciones, los mecanicistas ven a la sociedad dividida en dos grupos, uno de los cuales enseña a otro. Se trata de la sustancia ideológica de una relación de dominación practicada luego por la planificación estatal partidaria. La legitimidad de la dominación burocrática en el modelo de la URSS radicó en el poder que le confería el análisis científico. (Una suerte de fetichismo de la ciencia es sugerida aquí. La posesión del instrumento le confiere a su poseedor el poder de modificar las circunstancias.)

En este texto, la remisión de Gramsci al canon metodológico para analizar la situación mundial replica cierto fetichismo científico, que está en la base de la ingenuidad de ciertos “análisis objetivos”. La teoría y los instrumentos adecuados permitirán localizar las tendencias objetivas y las relaciones de fuerzas objetivas, con cuyo conocimiento se podrá elaborar la política correcta. Sin embargo, como hemos tratado de sugerir, Gramsci enuncia una contradicción y una manera de resolverla, entre objetividad histórica y subjetividad política, a saber. Si bien considerar empíricamente la situación es necesario para medir el realismo de la política, con lo que se sugiere que la política contiene un grado de indeterminación subjetiva, la mensuración situacional pertenece al orden táctico, mientras que lo estratégico se deriva científicamente mediante una teoría general que permita formular las leyes. La lucha actúa secundariamente sobre estas leyes.

Título original: “Revisando Gramsci”