2/6/13

Gramsci, América Latina y la Argentina / Reflexiones

Las reflexiones de Antonio Gramsci cruzaron todo el marco social, filosófico y político de su tiempo. Entre sus notas de cárcel sobre Maquiavelo y el Estado Moderno, se encuentra un apunte sobre América Latina. Es interesante entender el momento histórico en donde Gramsci escribe estos artículos. Gramsci interroga:

“¿Es latina la América central y meridional?”

En relación a la pregunta sobre la latinidad está la pregunta que interroga sobre la identidad. ¿Qué es Latinoamérica? ¿El Quebec es parte de Latinoamérica? ¿Y Haití? Si Latinoamérica se considera como la región colonizada por países de raíz latina en territorio americano, es obvio que los países colonizados por España, Portugal, Francia e Italia son parte de ese conglomerado llamado “Latinoamérica”. Como sostiene Gramsci, según el país nominado se designará “Hispanoamérica”, “Ibero América” y “Latinoamérica”. 


Dice Gramsci:

“América central y meridional se caracterizan:
1) por un número considerable de Pieles Rojas que aunque sea pasivamente ejercen una influencia sobre el Estado: sería útil poseer informaciones sobre la posición social de estos Pieles Rojas, sobre su importancia económica, su participación en la propiedad de las tierras y en la producción industrial:
2) las razas blancas que dominan en América central y meridional no pueden reintegrarse a patrias europeas que tengan una gran función económica e histórica (Portugal, España, Italia) parangonable a la de los Estados Unidos.”

Lo interesante de estos conceptos, no sólo la preocupación de Gramsci sobre las Pieles Rojas y su participación en la propiedad de la tierra y la economía, sino que establece la relación dominador-dominados. Dentro de esta relación de poder, Gramsci hace una distinción para el caso argentino:

“Dichas razas representan en muchos Estados una fase semifeudal y jesuítica, por lo que se puede decir que todos los Estados de la América central y meridional (exceptuada Argentina, quizás) deben atravesar la fase del Kulturkampf y el advenimiento del moderno Estado laico (la lucha de México contra el clericalismo es un ejemplo de esta fase).”

En términos de Weber, la mayoría de la dirigencia de los países latinoamericanos pertenece al ámbito de las sociedades tradicionales, excepto Argentina. Gramsci ve en la Argentina los efectos de la modernización y el carácter positivista del Estado Moderno.

La filosofía es hija de la historia, y Gramsci como intelectual pertenece a la primera mitad del siglo XX. Para Gramsci, Argentina es “el país más europeo y latino de América”.

Dice Nino citando a un "argentino al cien por cien":

“El director de un periódico literario ultra-nacionalista de la Argentina (el país más europeo y latino de América) ha afirmado que el hombre argentino "fijará su tipo latino-anglosajón predominante". El mismo escritor, que se autodefine "argentino al cien por cien", dijo todavía más explícitamente: "En cuanto a los norteamericanos, cuyo país nos ha dado la base constitucional y escolar, es bueno decirlo de una buena vez: nosotros nos sentimos más próximos a ellos por educación, gustos, manera de vivir, que a los Europeos y a los Españoles afro-europeos, como aman calificarse estos últimos; y no hemos temido jamás el látigo de los Estados Unidos.”

Gramsci recibe la voz de los únicos que disponen de los medios para expresar la palabra. Como dice Rancière:

“Así, pues, la simple oposición de los animales lógicos [Se refiere Rancière al zôon politikón aristotélico] y los animales fónicos no es en modo alguno el dato sobre el cual se fundaría la política. Esta, al contrario es una apuesta del litigio que la instituye.” (El desacuerdo)

Los animales fónicos, los ruidosos, los guarangos, la chusma, el calibanismo salvaje, todavía no irrumpía en la arena política argentina. En gran parte de Latinoamérica existían procesos políticos nacionales en la década del 30. México esperaba la llegada de Lázaro Cárdenas para consolidar la Revolución Mexicana; Brasil esperaba la llegada del Estado Novo de Getulio Vargas, Haya de la Torre en Perú y en el país más europeo de Sudamérica, reinaba el fraude patriótico y se hambreaba al pueblo para exportar vacas baratas a Inglaterra. Argentina no fue vanguardia.